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Homenaje y subversión

Leandro Allochis exhibe en Elsi del Río retratos que evocan la iconografía tradicional rusa del siglo XIX
Julio Sánchez
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13 de febrero de 2015  

¿Por qué rusos? Quizá por asociación con los inviernos crudos y paisajes áridos de Perito Moreno, el pueblo santacruceño que vio nacer a Leandro Allochis. El artista sostiene que se sintió atraído por la Rusia de los últimos Romanov, cuando todavía se pintaban retratos al óleo y a la vez comenzaba la novedosa tecnología del daguerrotipo. Al fotógrafo le interesa el retrato oficial, al que los historiadores llaman "retrato de aparato", especialmente destinado a reyes europeos que necesitaban refulgir con toda su majestad echando mano de los atributos y símbolos de poder disponible. En el caso de los rusos primaba el uniforme militar, condecoraciones, cetros, coronas, capas, charreteras y cordones dorados, dispuestos con la sobriedad masculina que requería el cargo. De este repertorio se nutre Allochis para crear su serie Capa rusa que abre la temporada 2015 de la galería Elsi del Río.

Allochis no refleja sino que construye la identidad de cada uno de sus retratados. Sobre un fondo neutro, casi todos los personajes están de frente rotundo (algunos de perfil y otros menos de tres cuartos), a la manera de los documentos que siguen el modelo antropométrico del policía francés Alphonse Bertrillon para identificar criminales (retomado por Andy Warhol en su serie Most Wanted Men). Los modelos fueron elegidos con rigor: son hombres jóvenes, de ojos claros y pelirrojos, algunos barbados o con bigotes para que no queden dudas de su hombría, y enfundados en uniformes militares de gala. Hay una tensión entre la voluntad de unificar y diversificar, dentro de este patrón de representación se acentúan plenamente los rasgos personales.

Gráficos sobreimpresos de mayor o menor densidad parecen corresponder a la personalidad de cada uno, y a la vez exacerban el carácter digital de la obra.

Los guiños a la historia del arte son constantes; la pose hierática recuerda la tradición de los íconos rusos, y la forma de disponer ciertos elementos que acompañan a estos militares tiene algo de la iconografía del Renacimiento italiano; el rústico de pelo revuelto y manos sucias que sostiene un plato con una papa evoca sin querer (o adrede) a los Comedores de patatas de Vincent van Gogh, que era tan pelirrojo como el retratado. No cuesta mucho asociar al soldado con hemangioma en la cara y un plato con dos remolachas sangrantes con la iconografía de santa Lucía que sostiene una bandeja con sus ojos, o con santa Águeda, también con una bandeja con sus senos cortados.

La ficción del retrato no siempre es tal. En el doble de los gemelos barbados se observan audífonos anticuados, otoscopios y una corneta auditiva; los muchachos retratados son hipoacúsicos.

En esta serie, Allochis recurre a la iconografía tradicional del retrato del siglo XIX como homenaje y subversión. La pureza visual de otrora es ahora alterada con diferentes grados de incertidumbre, y los elementos antiguos en rostros contemporáneos aluden a una humanidad trascendente más allá de Rusia, más allá del derrumbe de tantos imperios.

Ficha. Capa rusa en Elsi del Río (Humboldt 1510), hasta el 12 de marzo.

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