Chapadmalal: los secretos del refugio olvidado que Cristina utilizó para resguardarse

Los portones de la quinta, mellizos a los de Olivos
Los portones de la quinta, mellizos a los de Olivos Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro
La quinta de veraneo es elegida por Florencia y Máximo Kirchner para descansar; cómo es por dentro el predio destinado a las vacaciones de los presidentes
Maia Jastreblansky
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20 de febrero de 2015  • 19:57

Quince bungalows totalmente equipados, salida directa al mar con muelle exclusivo de 200 metros, pileta moderna, canchas de tenis y de paddle, helipuerto y máxima seguridad las 24 horas. Lejos de ser un apart o un spa, las comodidades obedecen a la quinta de Chapadmalal, un complejo solventado con fondos públicos que está reservado para el veraneo de los presidentes, aunque durante el kirchnerismo permaneció casi sin uso.

Es sabido, "el lugar en el mundo" de Cristina Kirchner está en El Calafate, lejos de la playa bonaerense. Sus hijos, sin embargo, mostraron cierta predilección por estos chalets ubicados a unos 23 kilómetros de Mar del Plata, totalmente amparados de la mirada de los curiosos. Tal vez por eso, la Presidenta optó por resguardarse allí esta semana, mientras transcurría la marcha del silencio.

Según pudo conocer LA NACION, Florencia Kirchner pasó algunos días en la residencia veraniega a principios de enero, poco antes de que estallara el caso Nisman, con un operativo que garantizó su seguridad y su secreto. Vecinos del lugar la vieron acompañada por amigas. Pocas semanas después, Máximo Kirchner eligió a este enorme predio -ideado por Juan Domingo Perón en 1947- para celebrar su cumpleaños número 38. El hijo presidencial, en años anteriores, había asado un enorme costillar para agasajar a sus amigos. El pasado lunes 16 de febrero, hasta ahí viajó la Presidenta, en un traslado inesperado y sin anuncio oficial. El hijo presidencial logró que Cristina abandonara los aires del sur, a pesar de que la arena y el mar no son sus paisajes favoritos.

Máximo y Florencia Kirchner mostraron cierta predilección por estos chalets ubicados a unos 23 kilómetros de Mar del Plata

Fue una estadía intermitente: el miércoles temprano, la jefa de Estado se trasladó a Atucha II para encabezar un acto. Pasadas las 14, Cristina tomó el Tango 01 y volvió a resguardarse en Chapadmalal junto a sus hijos, lejos de la multitud que marchó a las inmediaciones de la Casa Rosada, y a la espera de su propio cumpleaños.

Recuerdos de las visitas oficiales

Cristina Kirchner casi no utilizó la quinta de Chapadmalal. "A ella no le gusta venir, a sus hijos sí", coinciden los locales. Las contadas visitas oficiales trastocan las apacibles horas de quienes viven todo el año en los alrededores de la quinta veraniega, en un estado de "letargo" y de "abandono", describen los propios vecinos.

Este verano, sin embargo, se registraron varios movimientos, después de años de quietud. La orden oficial para el personal de mantenimiento fue acondicionar el bungalow presidencial de manera exprés. Durante tres días, el personal trabajó doble turno en tareas de pintura y de acondicionamiento del parque. Luego, debieron retirarse para mantener el hermetismo.

Fue la quinta visita de Cristina Kirchner a Chapadmalal. Había estado en el chalet presidencial en enero de 2012, tras su operación de tiroides y anteriormente lo había hecho en tres oportunidades, siempre acompañada por Néstor Kirchner.

Este verano, el personal trabajó doble turno en tareas de pintura y de acondicionamiento del parque.

Como cada presidente que pisó Chapadmalal, Cristina dejó como legado anécdotas que todavía circulan por los pagos chicos del pueblo: cuando visitó el lugar por última vez con Néstor Kirchner encargó que le llevaran papel higiénico de una marca importada. El pueblo movió cielo y tierra para encontrarlo y los colaboradores presidenciales debieron viajar a Mar del Plata para satisfacer el mandado oficial. Otros vecinos, la recuerdan de outfit deportivo, haciendo caminatas.

Presupuesto público

A pesar del poco uso que le dio la jefa de Estado, la quinta de Chapadmalal tiene mantenimiento constante. Hay personal los 365 días del año. La Policía Bonaerense custodia los alrededores de la quinta, mientras que adentro hay un pequeño destacamento con unos siete oficiales. Además, en los chalets trabajan personal de limpieza, y parqueros que emprolijan los jardines y realizan esporádicos arreglos en los bungalows.

Todo ello es solventado con dinero del Estado, con fondos del Ministerio de Turismo. El retiro presidencial integra el predio de la Unidad Turística Chapadmalal, un complejo con nueve unidades hoteleras destinadas al turismo social, aunque muchas de ellas están abandonadas o en marcado deterioro, aseguran sus trabajadores. Según el presupuesto nacional, la administración de la Unidad Turística cuenta con más de 95 millones de pesos para el 2015, mientras que las prestaciones turísticas en los hoteles (ofrecidas a jubilados y estudiantes), contemplan fondos por 77 millones para este año. LA NACION intentó comunicarse con los funcionarios que administran el predio para consultar cuánto de ese dinero se utiliza para acondicionar la quinta, pero no obtuvo respuesta.

La quinta de Chapadmalal se ubica a la altura del kilómetro 544 de la ruta 11. En sus laterales, la frondosa arboleda no deja ver hacia adentro. La fachada también es pura vegetación, sólo interrumpida por los portones, que son mellizos a los de la quinta de Olivos. Al fondo, el mar cierra el perímetro.

En el interior, la arquitectura sigue el estilo de los chalets del barrio Los Troncos de Mar del Plata, con sus clásicas paredes de piedra y techos de madera. Del total de los bungalows, uno está destinado al Presidente, mientras que otro corresponde al gobernador de turno. Del lugar hizo uso el año pasado Lorena Scioli, hija del bonaerense.

En los alrededores, sin agua ni gas

La quinta de Chapadmalal tiene salida exclusiva al mar
La quinta de Chapadmalal tiene salida exclusiva al mar Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro

Del otro lado de la ruta 11, se extiende una zona muy humilde de Chapadmalal. No hay agua corriente, ni gas. Un restaurante, un autoservicio, una estación de YPF abandonada y dos almacenes son los negocios que miran constantemente hacia el refugio presidencial.

Según los vecinos, durante los 80 y los 90 la zona tenía mucho más movimiento y por lo tanto, la economía local era más pujante. Funcionarios de distintos colores partidarios entraron y salieron de la quinta en autos custodiados o en helicóptero. Muros adentro se celebraron encuentros secretos, festines políticos y decisiones históricas. La caminaron presidentes, gobernadores, opositores de turno y primeras damas.

Desde el retorno de la democracia, Raúl Alfonsín la visitó en varias oportunidades. Quizás, el presidente que más la utilizó fue Carlos Menem: ordenó que se construyera un muelle para pescar, amplió y modernizó la pileta y mandó a construir una capilla en el medio del jardín. Fernando De la Rúa eligió el apacible lugar para posar para las revistas.

Muros adentro se celebraron encuentros secretos, festines políticos y decisiones históricas

Pero el recuerdo más convulsionado de los chapadmalenses es el de la última semana del 2001, la de los cinco presidentes. Con el país en llamas, el 30 de diciembre Adolfo Rodríguez Saá convocó a los gobernadores peronistas a una reunión en la quinta de Chapadmalal. De los 14 mandatarios sólo acudieron cinco. Solo y sin luz, el ex presidente se dio a la fuga cuando supo que acercaba una horda de caceroleros enfurecidos al refugio.

Tras la crisis del 2001, el lugar casi dejó de ser utilizado y toda la zona entró en un letargo. Mientras que muros adentro de la quinta se mantiene un lujo que muy pocos disfrutan, del otro lado de la ruta reina el abandono.

"Desde el 2001 que este pueblo quedó varado en el tiempo. Antes, vivíamos gracias al movimiento en la quinta y en los hoteles presidenciales. Ahora, sólo tenemos un trabajo temporario, durante el verano, pero el resto del año esto es el far west", describe uno de los vecinos nacido y criado en el lugar. "Acá, el que puede se va", dice otro de los vecinos. Desde hace casi 70 años, su suerte, está atada a los gustos del presidente de turno.

@maiajastre

mjastreblansky@lanacion.com.ar

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