Leonardo Greco: "Amo este país, aunque hay que arreglarle algunas cosas"

El ex hombre Disney y los altibajos de la fama
El ex hombre Disney y los altibajos de la fama Crédito: Gerardo Viercovich
El conductor dialogó con Personajes.tv acerca del brutal ataque que sufrió en diciembre, su posición política, su desembarco en Radio 10 y los vaivenes de la fama
Martín Artigas
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5 de marzo de 2015  • 10:07

A mediados de diciembre, una piedra arrojada contra el parabrisas del vehículo que conducía por la Panamericana lo convirtió en la cara visible de una realidad generalmente anónima. Leonardo Greco , el conductor que fue insignia de Telefé en los años 90, daba ahora testimonio de su bronca, de lo cerca que estuvo de protagonizar una tragedia por culpa de ese violento método de intento de robo que lo encontró como víctima. "Tuve suerte de no morir con semejante adoquín, que me tiraron desde arriba de un puente", contaba por entonces. El ataque le dejó como saldo 30 puntos en la cara, dos piezas dentales perdidas, dos vértebras cervicales corridas, contusiones varias y miedo, mucho miedo. Sin embargo, hoy puede tomar el asunto con cierto humor. "Soy Scarface", dice entre risas, habano en mano, sentado en un bar de Palermo. La excusa de la nota es hablar sobre su arribo a Radio 10, la emisora en la que trabaja desde hace varias semanas como conductor de la segunda mañana.

-Hace tiempo que no se sabía mucho de vos... ¿Cómo te llegó esta propuesta?

-De una manera muy curiosa. La pasada primavera, Beto Casella hizo al aire una pregunta sobre el programa Telecómicos, cuya respuesta conocía. Los oyentes no acertaban, así que decidí llamar, diciendo quién era, y eso generó una charla muy linda al aire, algo así como una entrevista espontánea. A los pocos días, nos encontramos de casualidad, nos pusimos a charlar y me invitó a tomar un café.

- ¿Se conocían?

-No, sólo de vista. Pero todo esto se le ocurrió a él, me miró fijo y me dijo: "Me parece que sos la persona que la radio está buscando". Yo no sabía de qué me hablaba... Me preguntó si lo autorizaba a hablar de mí en esta radio, y le dije que sí.

-¿Estabas sin trabajo?

- No, estaba haciendo cable, pero hacía tres meses que no estaba en radio. Tenía abstinencia, porque hace 35 años que hago radio con continuidad. Así fue que me vi un par de veces con los directivos, que me propusieron reemplazar a Beto en sus vacaciones. Y después surgió la idea de dividirnos la mañana, que él se quedara con la franja de 6 a 9 y que después tomara yo la posta.

-Me imagino que contestaste enseguida...

-¡Claro! Cómo iba a decir que no, si me estaban confiando un equipo de Fórmula 1. Me daban lo mejor, era imposible fracasar. Igual, cuando me lo ofrecieron... ¡miré para todos lados para ver si descubría las cámaras de Marcelo Tinelli!

"Mi pensamiento político no va de acuerdo a lo que a mí me convenga, sino que pienso en el colectivo, en el país".

-¿Pudiste definir el tipo de programa que querías hacer?

-Sea cual fuere el programa entiendo que tengo una identidad bastante "blanca" para la gente, algo que se terminó de sellar con la conducción de El Mundo de Disney durante los 90. No me he metido en problemas, soy un tipo políticamente definido, que trata siempre de ver el vaso medio lleno. Soy un optimista por naturaleza y eso se trasunta en el programa: muchas buenas noticias, siempre sabiendo que hay cosas que arreglar, con los pies en la tierra. Parado en ese punto, es medio raro que alguien te mire torcido porque nadie va a renunciar al país, lo queremos muchísimo y todos vamos a querer lo mejor para el país.

-¿No te sentís cómodo en la crítica?

-No. Sé que hay muchas radios que hacen de lo negativo su audiencia, de la mala onda, del martirio en el que escucha, de mostrar un país espantoso y destruido... Ellos hacen su negocio ahí, y yo me sitúo en el otro lado, en ese terreno enorme que hay para mostrar que es la Argentina de los policías buenos, de los jueces maravillosos, de los cocineros estupendos, de los periodistas no vendidos. Me ubico de ese lado, en el lugar de la mayoría. Hay algunos pesimistas que optan por esas radios que los amargan; yo sigo viviendo en este país que eligen todos para venir a estudiar, para curarse, para acostarse tarde. Amo este país, aunque hay que arreglarle algunas cosas.

-Más allá de que tenés una posición tomada y que establecés un código con tu oyente... ¿Te pasa que alguno te protesta?

-Me encanta la discusión política, pero no aparecen los que discuten sino los que defenestran, que son muy poquititos. También están los que creen que tengo este empleo por ideología. Jamás lo tuve. La vez que mejor me fue a mi en cuanto a popularidad y dinero fue en el menemato, aunque el país se estaba cayendo a pedazos; o sea que si yo me tengo que fijar en lo que a mi me convendría, tendría que estar en las antípodas de lo que pienso. Mi pensamiento político no va de acuerdo a lo que a mí me convenga, sino que pienso en el colectivo, en el país.

Greco, un hombre con convicciones políticas
Greco, un hombre con convicciones políticas Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Te reconocés kirchnerista?

-Me reconozco alfonsinista, y entonces aquellos que puedan llevar a la práctica lo que no pudo terminar Raúl Ricardo Alfonsín, cuentan con mis simpatías.

-¿Encontrás eso en este gobierno?

-Sí, en algunas cosas. Jamás voy a decir que no estoy contento de que Jorge Rafael Videla haya muerto en la cárcel; les estoy eternamente agradecido por eso. Que hayan quitado el cuadro, que las Madres de Plaza de Mayo puedan estar en los escenarios como están los edecanes o los ministros, que haya un cuadro del Che Guevara y de Manuel Dorrego en la Casa Rosada… Soy dorreguista, soy belgranista, soy alfonsinista. Entonces, todos los que reivindiquen a esas figuras, cuentan con mi apoyo.

-¿Qué cosas no te terminan de convencer del kirchnerismo?

-La comunicación que tiene este Gobierno a mí no me gusta. Yo sería mucho más amable, más inglés... Las cosas pueden entrar mucho mejor con vaselina. El tema de la comunicación es bastante "agreta", van mucho al choque.

-¿Qué otras cosas no te gustan?

-El tema de la ecología, la minería a cielo abierto… Son materias pendientes mal, no pueden estar 12 años sin hacer nada sobre esos temas. La minería a cielo abierto da asco.

-Volviendo a tu carrera, tuviste tu gran momento televisivo de la mano del público infantil., ¿qué recuerdos tenés de esa época?

-Distingo cinco hitos en mi carrera. El primero es la prehistoria mía, donde hay un Martín Fierro ganado por un programa que hacía en 1988, en radio Del Plata. Después viene la etapa junto a Flavia Palmiero en La ola está de fiesta; y o hacía la voz de Pelín y eso me permitió conocer al público infantil, hacer teatro y giras. Luego vino El mundo..., durante cinco años en el prime time de Telefe. En 1996, paso a VideoMatch haciendo "La ventana de América", y al tiempo ganamos con Juan Alberto Badía el premio Ondas, en España. Pero lo que más agradezco es estar en el corazón de la gente y eso sí me lo dio Disney. Hoy, esos chicos tienen 30, y por ahí me los cruzo en la calle y me reconocen; para la gente sigo siendo el muchacho de Disney.

-¿Es verdad que tuviste que, en aquél momento, sacarte la barba para respetar la imagen corporativa de Disney?

-Yo tenía contrato con Telefe y Disney no tenía autoridad sobre mí. Sí me hicieron saber que no se usaban pelos en la cara, ni aros… Pero eran sugerencias. Estuve un año y medio hasta hacerles caso porque era una decisión mía. En realidad, me saqué el bigote cuando me operé la nariz, entonces la gente no se dio cuenta del cambio estético y me decía: "¡Cómo te cambia no tener bigote!". (Risas).

-Fuiste uno de los últimos conductores hombres que tuvo el público infantil…

-Sí, éramos Julián Weich y yo. Me acuerdo que Yankelevich me decía: "No hables para chicos, hablá en general, porque los chicos van a estar igual porque está Mickey; lo que tenés que conseguir es que nos miren los adolescentes". Eso es un hombre que sabe de televisión. Pero bueno, a diferencia de las mujeres que conducen para chicos, yo no cantaba ni bailaba… Ellas sí, hablan con una flor, con un camello, pero a mí me quedaría medio raro. (Risas).

-¿Cómo recordás la televisión en ese momento?

-Era una tele que no tenía competencia de cable, que tenía tiempos de edición... Recordamos con mucho cariño La banda del Golden Rocket o Grande Pa!, pero los ves hoy y son programas lentos. Había hasta otro léxico. Era la televisión de transición, entre aquella de Alberto Olmedo y la que estamos viendo hoy de Marcelo Tinelli. Gustavo Yankelevich fue quien generó una televisión más moderna. A partir de ahí se empezó a viajar a Cannes y a Los Angeles a comprar formatos, y después empezamos a venderlos. Empezamos a tener programas de culto como Cha Cha Cha, o novedades como CQC.

-Después de esos hitos que mencionaste, ¿te encontraste buscando otro éxito alguna vez?

-No, buscando no. Siempre busqué trabajo pero nunca me "endulcé" con el éxito porque conocí de antemano lo que es la vida de este medio. Como dice mi amigo Roberto Antier, "este es un medio donde te morís de hambre o de empacho". Tuve altibajos en mi carrera y eso me ayudó a no ser un tipo soberbio. Después de Disney me encontré viajando en el Sarmiento para hacer mi programa de medianoche en Radio Ciudad, y a los dos años me volvía en un auto nuevo… Son los vaivenes de este negocio que amo.

Como dice mi amigo Roberto Antier, "este es un medio donde te morís de hambre o de empacho". Tuve altibajos en mi carrera y eso me ayudó a no ser un tipo soberbio.

-¿Te gustaría volver a la televisión abierta ahora?

-Sí. Ahora estoy en la señal Metro haciendo Trabajo Argentino, que es un programa hecho para los trabajadores y los sindicatos. Me encantaría volver a un canal de aire.

-¿Qué te gustaría hacer?

-Estoy capacitado para todo, aunque suene medio petulante. Veo que están muy en boga los programas de preguntas y respuestas y de lo que sí estoy seguro es que no necesitaría corroborar con producción si es correcta o incorrecta una respuesta. Tengo un enciclopedismo que me permite navegar temas variados, como casi todos los locutores de mi edad.

-¿Creés que las "cabezas" de los canales de televisión abierta tienen en claro lo que el público quiere ver?

-No, no. Como Salvador Dalí, como Mozart o como Buñuel, Yankelevich tiene un sello único. Sabía adelantarse y ahora se ve que sabe aconsejar. El tipo te ponía un número uno aunque no lo puedas creer, sabe armar una programación. Una vez me dijo: "No hago la televisión que yo miraría, sino la televisión que mirarían todos". Creo que hay muy pocos con esa visión, con el olfato para saber lo que va a venir; acá creo que es el único.

-Quería preguntarte por ese incidente que te tuvo como involuntario protagonista…

-Fue algo horrible que no se lo deseo a nadie. Quitar la vida por diversión o por sacarle 33 pesos a otro es una cosa tremenda. Zafé de pura suerte, quizás porque justo iba a buscar la plata para el peaje y semejante bollo no me dio de lleno, porque pude conducir 120 metros sin perder el conocimiento aún estando prácticamente ciego por la sangre que perdía y no me "hice torta", porque me bajé del auto en la Panamericana y no me pisó nadie y porque detrás de mi justo venía una ambulancia que me auxilió, estoy acá haciendo este reportaje.

-¿Qué le dirías a la persona que te arrojó la piedra?

-Si me lo ponés mano a mano al individuo, le quiero romper la cara, pero pensando en el colectivo entiendo que es el precio que se paga por muchísimos años de olvido y de desprecio a una clase social que hoy te paga de esta manera. Si lo pienso así, es normal que me haya pasado esto, y va a seguir pasando un tiempo más.

-Hace unas semanas se detuvieron a cuatro tirapiedras y a las pocas horas fueron liberados, ¿qué te genera eso?

-Ese es otro tema a tratar: la administración de la justicia. La policía labura bien, la prevención labura bien... Entonces, ¿por qué son largados estos pibes? Todos los días vemos gente con cartelitos reclamando por sus hijos muertos. En la Justicia nos falta un ajuste bien grande, que los jueces sean removibles, los privilegios se tienen que terminar.

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