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Un nuevo circuito artístico desembarca en Villa Crespo

Con una impronta a pequeña escala, el barrio es un imán para diversas galerías emergentes
Lucila Rolón
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28 de febrero de 2015  

Villa Crespo no es Palermo, pero se le parece bastante. Sin embargo, aunque ambos comparten cierto encanto, este barrio ya despliega una personalidad propia con el eje puesto, de un tiempo a esta parte, en la movida del arte joven. Concretamente: pequeñas galerías emergentes que plantaron bandera en el escenario que Leopoldo Marechal eligió para que Adán Buenosayres se pierda y se encuentre.

Sobre la calle Velazco, justo después del edificio de La Caja Seguros, se erige la flamante galería Ruth Benzacar, que durante 30 años fue el corazón del arte contemporáneo local. Llegó como la piedra fundacional de un nuevo circuito que se completa con otras tres galerías afines, algunas que ya estaban y varios talleres de artistas que viven ahí. "Nos mudamos para recuperar la creación de mi abuela, que en 1983 abrió su espacio en el centro de la ciudad", cuenta Mora Bacal, nieta de Ruth Benzacar e hija de Orly, con quien comparte la dirección de la galería.

"Nos pusimos de acuerdo entre varios colegas para encontrar un lugar donde pudiéramos estar juntos y cerca de otros espacios con los que nos interesa convivir. Villa Crespo es perfecto para cumplir con nuestro deseo", detalla Mora.

La oferta edilicia y la accesibilidad desde cualquier punto de la ciudad dieron la estocada final para que iniciaran el traslado colectivo. Así, desde fines del año pasado, los artistas vienen ocupando galpones enormes que se fueron transformando según el deseo de cada uno de ellos.

De esta forma, llevaron a Villa Crespo frescura, colores y exposiciones originales, y el acento histórico del barrio se ocupó del resto.

Además de amigos, las galerías ganaron espacio y funcionalidad. Nora Fisch, por ejemplo, abrió su nueva versión en Córdoba al 5200. Junto a Benzacar, Gachi Pietro y La ira de Dios, fueron parte de la mudanza colectiva y deliberada que pensaron durante más de un año.

Con otra impronta

"Mi primera galería fue un proyecto experimental y tentativo. Mi espacio de exhibición era de 3 por 7 metros, un pasillito -recuerda Nora-. Estoy orgullosa, porque la galería creció mucho y eso confirma que el arte pasa por otro lado. Pero también es cierto que los artistas estaban limitados. Tenían que pensar las muestras en función del espacio, de manera muy específica. Lo mío funcionó como salita de proyectos, pero llega un momento en que los artistas quieren probar otras cosas. Ahora van a poder."

Mora Bacal comparte con ella la alegría que generan las movidas incipientes: "Una gran sorpresa que nos llevamos apenas empezamos a andar el barrio fue que está lleno de ferreterías, vidrierías y madereras con quienes trabajamos codo a codo. Nos dimos cuenta de que, ahora, hacer una base para muestra es mucho más fácil, porque el carpintero te la trae caminando, antes eran fletes y demasiada logística para todo".

El galpón, un depósito industrial de 1955, pasa desapercibido desde afuera. Su fachada blanca está escoltada por una textilera y una fábrica de artefactos de iluminación, con quienes, según explican los artistas, se llevan muy bien. En palabras de Mora: "La sala de Florida fue un lugar megacontemporáneo y muy actual. Pero ya empezaba a quedar moderno, casi obsoleto. Nuestro proyecto sigue en pie, creciendo, y necesitábamos un espacio que acompañe ese crecimiento. Buscamos darle aire fresco, y eso también queríamos transmitírselo al medio del arte".

En cuanto al barrio, concretamente, casi todos los artistas coinciden en que Villa Crespo, con su impronta a pequeña escala y los vecinos que se conocen entre sí, los ha recibido muy bien.

"Yo tengo un taller mecánico al lado, charlamos y tomamos mate casi todos los días. En el PH donde estoy viven artistas, y un médico a quien le encanta el arte", describe Nora Fisch, quien ahora tiene un espacio de doble altura, con entrepiso, y se dispone a trabajar en dos salas. El 14 de marzo inaugurará una muestra simultánea de fotografía y de una serie de obras del dueto Carlos Herrera-Claudia del Río.

Sobre Aguirre al 1000, antes de que la calle se convierta en la Honduras de Palermo a base de una cadena de outlets de primeras marcas de ropa, hay dos paradas más. Por un lado, La Ira de Dios, al 1029, en un galpón de 500 metros que fue una empresa de computadoras. Desde afuera, el azul metálico del portón no da ninguna pista de que allí adentro funcionan ocho talleres de artistas, salas de exhibición y un programa de residencia e intercambio. Al 1017, se abre Gachi Prieto, otra de las cuatro nuevas galerías que pergeñó la mudanza colectiva a Villa Crespo, y que desde 2007 es pilar fundamental de este universo de las artes plásticas.

Para trazar un círculo imaginario desde ahí está Slyzmud, en Bonpland al 700. Naty Sly y Larisa Zmud abrieron su espacio unos meses antes de que llegaran sus colegas, como hicieron Agatha Costure, en Gurruchaga al 300, y Document Art, en Castillo 243.

"A La Boca vas, por Villa Crespo pasás, nos dijeron, y acá estamos", dispara Larisa. Su espacio sí se ve desde afuera: la entrada es de la típica estructura antigua de puerta, persianas y marcos de hierro, con ventanales de vidrio. "El lugar se transforma muestra a muestra, y la posibilidad de verlo desde la vereda es genial -dice-. Los vecinos nos adoptaron desde el primer día. Gustavo, de acá enfrente, nos ayuda en todo: con tapas para arcillas o bancos de plaza para las muestras, lo que sea, y el señor del estacionamiento nos presta la escalera que es más alta que la nuestra". Larisa sabe que su llegada modificará de algún modo el barrio, como pasó en el Meetpacking District de Nueva York, pero no cree que pierda su esencia. En marzo, abren la Sala 2, en la misma cuadra.

Villa Crespo tiene una dinámica cultural propia. Hay estudios de actores, espacios de danza, centros culturales como el Villa Malcom o el Nuevo Matienzo. "Lo definiría como un barrio bohemio, con parrillitas y bares clásicos. Los vecinos son muy activos, ellos generan el clima amigable", concluye Marinhia Villalobos, actriz y editora de la revista Yo Amo a Villa Crespo. Todo indica que en este barrio, todavía, las cosas suceden a pequeña escala.

Un recorrido que vale la pena

Ruth Benzacar

Un emblema del arte contemporáneo. En Ramírez de Velazco 1287

Nora Fisch

Más activa que nunca, con dos salas para exhibiciones, charlas y proyecciones. En Córdoba 5222

Slyzmud

En marzo abren la Sala 2, en la misma cuadra. En Bonpland 721

Gachi Prieto

Acaba de lanzar su convocatoria PAC 2015 (Prácticas Artísticas Contemporáneas). En Aguirre 1017

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