Un adiós a la aureola de impermeabilidad

Nelson Fernández
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28 de febrero de 2015  

La banda presidencial es un símbolo que se usa solamente una vez, cuando se la recibe. Es una tela bordada que atraviesa el pecho del jefe de Estado, en el momento de recibir de su antecesor las riendas del país. Lleva las franjas del pabellón uruguayo, azul y blanco, y el escudo de armas del Estado, que contiene símbolos de igualdad y justicia, de fuerza, de libertad y de abundancia.

La banda presidencial fue una creación de Francisco Antonino Vidal, que presidió Uruguay de 1880 a 1882 y algunos meses de 1886.

Es una tela, con varios símbolos, bordada con esfuerzo y precisión. Pero nada más que eso. Y, en los hechos, pesa mucho.

Mañana al traspasarle el mando a Tabaré Vázquez, José "Pepe" Mujica le colocará la famosa banda.

Hay una por cada presidente. Mujica ya guardó la suya. Y a Vázquez le colocará una nueva.

Y a partir de ahí, los focos de las cámaras se dirigirán a Tabaré. La atención estará en los anuncios de medidas, en el armado de todo el aparato gubernamental, en sus señales políticas, en su mensaje sobre valores de la sociedad, en sus movimientos hacia la interna del oficialismo y también hacia la oposición.

Mujica pasará la banda y con eso perderá esa aureola que lo hacía impermeable a las críticas y le granjeaba expresiones de respeto, cariño y admiración. "Pepe" se va del gobierno con un balance económico favorable y con un nivel de aprobación de gestión envidiable para cualquier presidente de países de la región.

Pero sus asuntos pendientes son tantos y tan variados que los reproches ya comenzaron a escucharse con mayor insistencia, incluso dentro de la coalición de izquierda que gobierna Uruguay desde 2005.

Mujica confía en que será muy demandado por medios de prensa y por centros de estudios del exterior para dar entrevistas o charlas, y que de esa forma mantendrá un interés internacional inédito para un presidente uruguayo.

Pero también en los últimos días comenzó a aparecer alguna valoración más exigente del hombre político. La revista norteamericana New Republic publicó una nota titulada "Era demasiado bueno para ser verdad". Ahí recoge testimonios de politólogos, economistas y periodistas uruguayos que relativizan algunos logros y destacan las fallas de gestión y la agenda de asuntos postergados.

Y, dentro de las fronteras, un cambio de mirada hacia Mujica se insinúa desde hace algunos días, en algunas notas de prensa y en el ánimo de la interna del Frente Amplio.

Sucede que Mujica deja de ser el presidente de todos los uruguayos y pasa a ser un líder partidario, pero ni siquiera de todo el Frente, sino de una parte de la coalición. Ya anunció que comenzará una gira para acompañar a los candidatos a intendente de todo el país, por su Movimiento de Participación Popular (MPP), que competirán con blancos y colorados, pero también contra postulantes de otras listas de la izquierda.

En Montevideo habrá una competencia fuerte dentro de la coalición. Mujica, obviamente, apoya a su esposa, la senadora Lucía Topolansky. Pero su vicepresidente saliente, Danilo Astori, impulsa al otro candidato, el senador socialista Daniel Martínez. Y "Pepe" sabe que Vázquez no quiere que la veterana tupamara gane la intendencia y refuerce el poder de la corriente que va "por la liberación nacional y el socialismo".

Antes de ganar las elecciones de 2009, la corriente socialdemócrata del Frente Amplio advertía que Mujica no estaba preparado para gobernar, que era un político que le gustaba hablar, pero le costaba hacer. "Pepe" sufrió cuando Tabaré le dijo que no lo quería como presidente, que su candidato era Astori, y le dejó en claro que no lo veía con capacidad de atracción de votos de centro para ganar la elección.

Eso a Mujica le dio más fuerza para demostrar que se equivocaban. Y dejó en claro que era capaz de juntar los votos necesarios para que el Frente Amplio siguiera gobernando. Las críticas se acallaron.

Pero la mitad del Frente Amplio que pensaba así hoy mantiene la convicción de que Mujica es más parlamentario que ejecutivo. Y a él le disgusta que lo critiquen y que no lo tengan como referente.

Mujica ya no tendrá todos los botones del despacho presidencial, ni el envoltorio institucional que le da cierto blindaje a la crítica fácil. "Pepe" confía en que superará eso con su alta popularidad.

Pero Mujica pondrá la banda presidencial a Tabaré y asomará en un nuevo tiempo.

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