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La emoción le gana a la razón

Mario Riorda
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2 de marzo de 2015  

Es de buen cristiano amar", dijo la Presidenta. Lo que no queda claro es que todos los argentinos amen lo mismo. A un extranjero le costaría entenderlo. Hace días una marcha épica en medio de la lluvia y las noticias internacionales que auguraban un fin de ciclo. Hace horas, una Presidenta exultante acompañada de una movilización y un ingreso de caracterización cinematográfica.

Así es la Argentina dependiendo de dónde uno se pare. Y ya lo dijo Ben Westen: el cerebro político es un cerebro emocional. La razón sirve, pero la emoción gana. Por eso el discurso estuvo lleno de arengas, de intimidades, de apostillas y de adversarialidad. El pasado refrescado a discreción. Pero fue la Justicia (concebida como "Partido Judicial") la nueva incorporación y ni hablar en la referencia a AMIA.

Pero también hubo racionalidades a través de la inventarialidad que la caracteriza, y para sustentar lo que vulgarmente se llama relato y que la academia define como "mito de gobierno". Sin embargo, la enunciación tuvo un aggiornamento. Un nacionalismo al palo con cierta neo-peronización discursiva. Porque el crecimiento económico estuvo reemplazado por la "independencia económica" del sistema financiero internacional y los holdouts.

Los actos de "justicia social" son logros argentinos, pero en perspectiva comparada, especialmente, con América latina. Movilidad jubilatoria, asignación universal por hijo, paritarias, leyes laborales, y los logros en educación y salud.

Y la "soberanía política" estuvo dada en su intento pedagógico de explicar la política internacional y su posicionamiento en un nuevo orden de poder, así como las implicancias locales de los movimientos en Medio Oriente. Los guiños al sindicalismo fueron fuertes, como a los usuarios de las empresas de gestión estatal. Aerolíneas Argentinas e YPF brillaron en su discurso como orgullo nacional. Y ni hablar de la recuperación de ferrocarriles y la nacionalización de los trenes.

Y ya se sabe que el "pueblo" es la puja retórica más significativa en la región. Un concepto tironeado porque les cabe a los extremos ideológicos, y tanto a mayorías como a minorías. Pero el pueblo preferido de Cristina Kirchner son los que menos tienen y aquellos que hoy tienen más oportunidades que ayer.

La idea del país "cómodo para la gente" es el simbolismo usado para insuflarle "pueblo" a la democracia. Y desde esa empatía, mitad racional, mitad emotiva, es que su discurso de casi cuatro horas duró casi 12 años y con una pretensión de extenderse modelando a cualquiera de sus sucesores. Desde la política, no desde la economía. Lo dejó muy en claro y esas palabras no suenan nada vacías para lo que viene.

El autor es especialista en comunicación política

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