Maximiliano Guerra: "Todo es posible si uno lo desea"

El nuevo director artístico del Ballet Estable del Teatro Colón y sus planes para darle vuelo internacional a la compañía
Constanza Bertolini
(0)
14 de marzo de 2015  

El Ballet Estable cumplía 80 años ese septiembre de 2005. Entre bambalinas, su mujer, Patricia, apenas se podía mover con su panzota: Zoe estaba por nacer. Él -como Julio Bocca o Paloma Herrera- salía a homenajear a la compañía del Colón. Ésa fue la última vez que Maximiliano Guerra bailó para el elenco que hoy dirige. El primer día que volvió "a su casa" estrenando cargo, hace tres semanas, vio gestos de susto y preocupación; el segundo, las mismas caras estaban relajadas, sonrientes. Ese cambio casi instantáneo que él advierte marca la senda de su primer objetivo: "Hacer que la compañía esté feliz".

Al que esta meta le parezca naíf le falta información. El prestigioso Ballet Estable del Colón -que hasta que Guerra ingresó como director trabajaba dos horas diarias como medida de fuerza por un conflicto que lleva meses- es tanto un elenco de magníficos talentos como un cuerpo lastimado, con heridas que duelen: los mejores artistas de la danza del país ganan poco, bailan menos, integran un plantel envejecido, y en más de un sentido impedido de superarse. Ante estos ejes ya casi históricos, y frente a una temporada legada de la gestión anterior, la pregunta se impone: ¿por qué Maximiliano Guerra le dijo sí al nuevo director general del teatro, Darío Lopérfido "Hay un aire nuevo desde su designación, un punto de viraje que simboliza un nuevo comienzo. Como decís, la temporada está armada, y no es mala. Por otro lado, mi corazón está acá. Me dicen que el Ballet necesita una mano, y obvio que estoy para darle lo mejor de mí, que te puede gustar más o menos, pero es lo mejor de mí y se lo voy a dar."

-¿No te asusta la gestión pública?

-Más que la gestión pública, lo que significa el Colón. Ediliciamente es uno de los cinco mejores del mundo y artísticamente está entre los veinte primeros. Eso es lo que más asusta: ¿estaré a la altura de él?

-¿Cómo encontraste a la compañía?

-Fue una buena recepción, con ganas de trabajar. Decimos compañía y encerramos a todos en una palabra, cuando son seres humanos que durante toda la vida han estado intentando perfeccionarse y quizás en algunos casos han sido golpeados, no les ha ido tan bien como pensaban, y todo eso va generando un poco de amargura. Creo que la mejor mano que le podemos dar es hacerlos sentir bien. Para que te puedan hacer disfrutar a vos que estás sentada en una platea, tienen que tener esta alegría de hacer lo que les gusta.

-Cuando fue el turno de Lidia Segni, llegaba una maestra famosa por la rigurosidad y la disciplina. ¿Cuál es tu impronta?

-La rigurosidad y la disciplina es el sello que me llevó a hacer la carrera que hice. La exigencia y la autoexigencia me permitieron viajar por el mundo, tener éxito, trabajar con grandes coreógrafos. Eso es lo que voy a buscar. Intentar tener un pie internacional más fuerte. No quiere decir que no va a ser rigurosa ni exigente. Si bien como docente no tengo tanta experiencia, he dirigido una compañía por 15 años [el Ballet del Mercosur] y sigo bailando. La experiencia de haber hecho montajes en Stuttgart, en La Scala o en La Plata me fue forjando. Eso refleja mi carrera.

-Decías que la temporada que comienza mañana es una buena.

-No es mala, dije.

-¿La calificás por sus títulos?

-Sí. Aunque hay títulos que tienen versiones más nuevas, más desafiantes. Por ejemplo, Sylvia, de Ashton, que es hermosa, pero Sylvia, de Neumeier, te haría dar vuelta la compañía.

-¿Y cuál te conforma más?

O negin. Lo traje yo por primera vez en la Argentina, en 1994; lo he bailado mucho. Me parece una obra literaria maravillosa y Cranko la puso en el ballet excelentemente. Es su obra maestra, la más sublime. Leés a Pushkin y vas viendo el ballet. Está a la altura de la literatura. Bienvenida sea Paloma a despedirse del Colón con esta obra, que hará ella por primera vez, lo que le pone una adrenalina especial.

-¿Cómo puede jugarle tu popularidad al Ballet del Colón?

-Creo que va a ser importante. Lo decía Darío el otro día: de repente en el mundo se volvió a hablar del Ballet del Teatro Colón.

-¿Con tu sola designación, decís?

-Sólo con mi designación. Recibí mensajes desde acá nomás, de Brasil, Uruguay, Chile, hasta de Corea, Japón, Turquía, China, Alemania, España. Para Italia, ya hice cuatro notas para diarios. De repente, volvió a aparecer el nombre del Ballet del Colón en todo el mundo. También quiero hacer una campaña para que la gente venga al teatro, para eso puede servir mi popularidad. Y para agarrar de la mano a los primeros bailarines y que los conozcan. Son grandes, son nuestros, son argentinos.

-Se me ocurre en tu caso otra entrada para la popularidad. Hiciste un ballet con "La argentinidad al palo". ¿Le cabe al Colón?

-Por supuesto. Le cabe en determinadas ocasiones, no es algo en lo que tendremos que basar una temporada. Le cabe porque es una protesta, y todos podemos protestar. Le cabe también Gloria a morir, de Oscar Araiz, que fue de lo primero que se hizo con rock nacional, con el himno de Charly. "Nos van a matar", me decía Araiz. "Bueno, que nos maten."

-¿Y para el Guerra coreógrafo?

-También, cuando vea que hay que ir por ese lugar, que ahí falte un eslabón. No es mi prioridad. Estoy pensando en redireccionar la compañía..

-¿Qué te preocupa más: el problema de la jubilación, los salarios, los contratos o la falta de concursos para cargos?

-Esas cuatro cosas son tremendamente complicadas. Los cargos por concurso: necesitamos reabrir los puestos estables de solistas y primeros bailarines. Los salarios: con la medida de fuerza, el Ballet no estaba trabajando más de dos horas por día y no llegábamos al estreno de mañana. Se resolvió el pago de horas extra para recuperar la jornada y mientras tanto puse el tema sobre la mesa? Me dijeron que no iba a tardar menos de uno o dos meses en resolverse.

- ¿Creés que un bailarín a los 60/65 años, como se jubilan ahora, puede bailar en el Colón?

-Baryshnikov puede, pero es uno en mil. No, no es así. Hay que reabrir la caja municipal, para cobrar el 82% del último sueldo, con la ley 20/40 [con 20 años de aportes, los bailarines se podían jubilar a los 40 años]. Podemos negociar hasta 25/45.

-¿Los contratos de los más jóvenes?

-Esa situación se conjuga con la otra, la de los concursos. Los puestos estables están congelados. Y este tema destraba el resto. Hay que resolverlo.

-¿Y la cantidad de funciones? El American Ballet hace 30 en un mes solamente en Nueva York y acá esa cantidad es para un año.

-En la casa porque después estaremos de gira. Ahora vamos a una función a Rosario. Tendremos una gira con Paloma de ocho a diez funciones [en el segundo semestre, con Giselle], varias galas. Y estoy tratando de sacar a la compañía a lugares más internacionales. Hay que hacer una programación más equitativa con la ópera y con las orquestas, porque hay un solo escenario, no estamos en París, que el ballet tiene el teatro Garnier y el de La Bastille. Nunca vamos a poder hacer 100 funciones, como en La Scala de Milán. Lo que sí podemos es tener 35, 40 hasta 50 funciones en la casa y a partir de ahí con las giras llegar a las 100.

-¿Es un objetivo?

-Sí, si quiero revalorizar a la compañía, la tengo que tener arriba del escenario.

-Con Bocca en el Sodre de Montevideo y vos acá, ¿se puede pensar en un polo rioplatense de ballet?

-Estamos en comunicación. Él mandará una pareja de bailarines para la gala internacional [no la del 24 de mayo, que era imposible hacer; ese día haremos El lago de los cisnes], y para los 80 años del Sodre mandaremos una nosotros. Con esto empezamos.. Vamos a ver qué sale.

-Marzo de 2016, ¿qué ves?

-Quiero recuperar el Romeo y Julieta, de McMillan, traer algún Balanchine y coreógrafos nuevos, pero no los voy a decir hasta que no se confirmen.

-¿Posibilidades o deseos?

-Todo es posible si uno lo desea.

El programa de largada

Maximiliano Guerra "recoge el guante" que dejó Lidia Segni para esta temporada del Ballet Estable que comenzará mañana, a las 17, con una Trilogía neoclásica: por cuarta vez la fórmula de tres coreógrafos, tres estrenos de un estilo, para el puntapié inicial. Virtuosismo y expresividad se conjugan en este mix: Sinfonía entrelazada, de Mauro Bigonzetti, sobre la Sinfonía 29, de Mozart; el Diamante, del belga Éric Frédéric (Concierto para piano N° 3, de Prokofiev), y una nueva creación de Mauricio Wainrot, Rapsodia sobre un tema de Paganini, con música de Rachmaninov. En suma, serán seis funciones; las siguientes, del martes al sábado próximos, a las 20.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.