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Serenata de la tierra de uno

Con cuatro meses de gira por Europa con funciones a sala llena, la obra Vida-El sonido de mi tierra revela el interés por nuestras danzas folklóricas
Sebastián Ramos
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18 de marzo de 2015  

HANNOVER y HAMBURGO (Alemania).- "Acá, un poco, estamos haciendo patria", dice en perfecto "argentino", pero con acento alemán, esta bailarina nacida en Düsseldorf que acaba de bajarse del escenario de un pituco teatro en Hannover, luego de otra exitosa función de Vida - El sonido de mi tierra, un espectáculo de tango y danzas folklóricas argentinas.

Habrá sido el frío del invierno alemán, el prejuicio "nacional y popular" o el cansancio de un extenuante viaje Buenos Aires-París-Hannover, pero lo cierto es que eso de "hacer patria", en referencia a la Argentina y en boca de Nicole Nau me sonó aquella noche en la que la conocí por lo menos un tanto confuso.

Para comprender la honestidad de su verdad tuvieron que pasar cuatro días y toda una serie de postales vividas junto a esta compañía de bailarines que lleva cuatro meses de gira por Europa sin respiro, con aproximadamente 70 funciones a sala llena. A saber: una joven pareja de alemanes que revolea una bandera argentina en plena actuación y que se confiesan "fan de lo argentino"; diez minutos de entrevista para la televisión de Hamburgo en la que Nicole pronuncia la palabra Argentina más de una docena de veces; las palmas enrojecidas de tanto aplaudir de una alemana de más de 70 años que, media hora antes del final, se había emocionado casi hasta las lágrimas con el cuadro de "Vidala para mi sombra", del salteño Julio Espinoza. Creer o reventar, la patria cultural argentina también se hace aquí, en esta gira de la compañía de Nicole Nau y Luis Pereyra, el bailarín y coreógrafo santiagueño que comanda esta expedición europea.

Pero esta aventura que funde el tango, la milonga y el folklore no comenzó esta semana en Hannover, sino hace quince años, en Buenos Aires. "La primera versión del espectáculo la hicimos junto a Luis Borda. Primero éramos tres, después seis y actualmente somos ocho", recuerda este eximio bailarín que se hizo conocido mundialmente como parte del elenco de Tango Argentino (aquel espectáculo que reimpulsó el fenómeno tanguero en Europa en los años 80) y que llegó a los periódicos británicos luego de enseñarle a bailar tango a Lady Di, pero que siempre soñó con difundir el folklore argentino y sus danzas tradicionales.

"Yo empecé con el tango por hambre, es así, lisa y llanamente. Pero el afán siempre fue también incorporar la música del interior", dice Pereyra al día siguiente de la función sold out en el coqueto teatro Am Aegi, de Hannover, ya en el hotel de Hamburgo, preparándose para el doblete de presentaciones en la sala Kampnagel. "Nos gusta este formato y la idea es pulirlo de aquí en más, pero mantenerlo así".

El formato al que hace referencia Pereyra es un espectáculo dividido en dos actos, de quince cuadros cada uno: el primero con eje en el tango y la milonga y el segundo con un recorrido por el huayno, la chacarera, la zamba, el gato, la vidala y el malambo.

"Nos costó mucho atraer al público alemán a esta propuesta. Porque como Tango argentino tuvo tanto éxito, después vinieron un montón de espectáculos sin entender el porqué, sin ningún tipo de concepto propio, sino sólo haciendo la copia. Todo era la mina, el macho, la desnudez, la acrobacia y siempre un cuchillo en mano, la violencia. Y la gente aquí se cansó. Por eso nos costó mucho explicar que este espectáculo era otra cosa y estaba hecho desde otro punto de vista y con otra raíz", continúa Nicole, que viajó por primera vez a la Argentina a aprender a bailar tango en 1988, fascinada por los movimientos de uno de los bailarines de Tango Argentino, durante una de sus giras alemanas. El bailarín resultó ser Pereyra, con quien al poco tiempo de conocerlo en la Argentina se casó e inició una historia de amor de novela que aún continúa.

Una historia de amor que tiene su propio libro, Bailar tango con la vida, escrito en primera persona por Nicole, quien cuenta el cuento de hadas de la veinteañera alemana que viaja a Buenos Aires a aprender a bailar el tango y se enamora de su maestro, pero en donde también traza todo un perfil del baile argentino que se convirtió en un pequeño fenómeno editorial en Alemania.

La combi ploteada con la que la compañía atraviesa Alemania de Norte a Sur y de Este a Oeste tiene tres particularidades: una es que está esponsoreada por Otto, un popular supermercado con los precios más bajos del país ("el dueño es fan nuestro"); otra es que debajo del asiento del conductor está ubicada una improvisada bodega con vinos argentinos ("ahora acá son difíciles de conseguir, los chilenos coparon el mercado"), y la tercera es que el chofer es el mismo Pereyra, que arriba del escenario no sólo baila, sino que también toca el bombo, se lleva los aplausos finales con su acto de boleadoras y hasta se anima en los bises con el recitado de "Me llamo tango", un poema de Héctor Gagliardi. "Siempre me dicen que tengo que exigir más cosas acá en Alemania, que no puedo actuar y a las dos horas manejar 200 kilómetros en ruta y de noche... ¿Pero cómo te creés que hace el Chaqueño Palavecino cuando sale de gira por la Argentina? Y eso que las rutas de allá no están en las condiciones de las de acá, ¿eh? Nosotros, en este espectáculo, ponemos todo y eso, quieras o no, termina notándose en el resultado final".

Pereyra nació en un patriótico 9 de julio de 1965, en Santiago del Estero, se mudó con su familia de clase obrera a Quilmes cuando tenía poco más de un año y a los 5 comenzó a bailar. A los 11 debutó profesionalmente en Caño 14, en el ballet argentino de Mario Machaco y Norma Re. Hoy, a punto de cumplir los 50, puede contar que pisó el escenario del Teatro Colón y el de varios teatros de Broadway, que fue nominado a un premio Tony y que fue aplaudido en la plaza Próspero Molina, que fue discípulo de Santiago "El Chúcaro" Ayala y que bailó para Astor Piazzolla, que gira por Europa desde hace treinta años y que sueña con montar su último espectáculo en el Luna Park.

Otra historia de amor

Ahora, lejos de la calle Corrientes, Pereyra camina el escenario de la sala Kampnagel, levantada en Hamburgo dentro de una ex fábrica. Su esposa, Nicole, lo observa a la distancia y en su mirada aún se nota la admiración, pero por sobre todas las cosas sus ojos parecen brillar de amor como el primer día. Minutos después, Nicole me cuenta que su próxima parada, en La Haya, ya tiene entradas agotadas y todavía con su imagen de eterna enamorada en las retinas, le pregunto acerca de los beneficios y los riesgos de trabajar con el amor de su vida. "No es sencillo, porque no puedo llegar a casa y decirle a mi marido que en la función de hoy el director me cansó... ja, ja. Por suerte tenemos los roles muy definidos en el trabajo y tratamos de no confundirlos. Nosotros primero formamos pareja y después trabajamos juntos. Y decidimos hacerlo porque si no, no nos veíamos nunca: cuando él estaba en Centroamérica, yo bailaba en Italia; yo iba a Buenos Aires y él actuaba en Japón. Para mí lo doloroso es cuando él no está cerca".

Luego, Pereyra dirá que sí, que hay mucho amor, pero también respeto y que ésa es una de las claves de su éxito, dentro y fuera del matrimonio. "Las connotaciones sociales son muy diferentes, pero creo en eso que se llama cultura, hay algo poderoso que llama desde ese lugar. No es fácil encontrar a una persona como Nicole, con tanto cariño y respeto por nuestra cultura".

Dos horas más tarde, otro telón se levanta y Nau y Pereyra vuelven a cruzar sus miradas con la misma intensidad de cada noche. Y entonces sí, comienzan a bailar la historia de su Vida.ß

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