Las neurosis y sus destinos

Jazmín Carbonell
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22 de marzo de 2015  

Estás igual / Dirección: Gabriela Izcovich / Intérpretes: Fabián Arenillas, Gabriela Izcovich / Música original: Lucas Fridman / Escenografía: Alicia Leloutre, José Escobar / Diseño de iluminación: Ricardo Sica / Producción ejecutiva y asistencia de dirección: Marcos Riccobene / Sala: Teatro NoAvestruz (Humboldt 1857) / Funciones: Domingos, 19 hs / Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: buena.

Entre las muy variadas categorías teatrales, Estás igual forma parte de aquel grupo de obras que apuntan a la reflexión del espectador, a la empatía, a la búsqueda de la complicidad con la platea que sí o sí se siente interpelada. Un teatro intimista que indaga y profundiza los aspectos de la vida conyugal y que reúne elementos que todos sentirán propios, aunque sea algunos.

Un hombre, Camilo, y una mujer, Silvia, se encuentran después de diez años de haberse separado, de casualidad, y ella acepta ir a su casa. Silvia aduce que fue solo para recuperar el exprimidor de naranjas que tanto le gustaba. Claro, es solo una excusa que usarán ambos durante toda la pieza para ponerse al día, echarse en cara asuntos pendientes y tirarse odios y resentimientos mucho menos olvidados de lo que pensaban.

La obra pivoteará entre esta historia de reencuentro y la del presente de Silvia y Gerardo, una pareja mucho más "sana" -según las palabras de ella a quien veremos, también, en su sesión de análisis- pero evidentemente más aburrida. El argumento rondará en el hastío de las relaciones que se desencuentran porque los propios personajes se pierden de sí mismos a causa de la neurosis que se acrecienta con los años.

Un sillón en el medio del escenario, una mesa ratona y unas sillas alcanzarán para convertir la escena en un living, un comedor y un consultorio. El diseño lumínico ayudará muchísimo a la platea a viajar de una historia a la otra.

El humor es un elemento clave para adentrarse en las historias de estas personas y, con la risa, encontrar el modo de liberarnos de las propias miserias, de los propios recuerdos, casi como en un acto de catarsis.

Las actuaciones de los dos están muy bien, especialmente la de Gabriela Izcovich que parece perfecta para el personaje. Una mujer insatisfecha, intensa, que no para de hablar incluso hasta desoyendo al otro a pesar de que le reprocha su silencio. ¿Cómo hablar con una persona que habla por sí misma y por todos? Él en cambio, en todos los personajes que interpreta, prefiere el silencio antes que el diálogo, ver pasar la vida antes que vivirla. La obra es entretenida y saca risas que descomprimen, sin embargo es posible que se quede a mitad de camino en el plano argumental ya que fuera de ser un buen paneo de la "crisis de la mitad de la vida", no es concluyente al buscar un final feliz innecesario.

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