Una peculiar experiencia que da la vuelta al mundo

Teatro SOLO, obras de un actor para un espectador, se ha constituido en una atracción de diversos festivales internacionales
Carlos Pacheco
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28 de marzo de 2015  

En marzo de 2013 el director Matías Umpierrez quebró la cotidianidad de la ciudad de Graus, ubicada en los Pirineos de España, con una experiencia singular denominada Teatro SOLO. En un espacio determinado, un intérprete representó para un único espectador. Ese mismo año se presentó en Buenos Aires, en el teatro San Martín y luego en el Malba. En 2014 hizo funciones en Nueva York, Estados Unidos, y en San Pablo, Brasil. Acaba de concluir un nuevo periplo, ahora en San Sebastián, País Vasco, dentro de la Feria de Artes Escénicas de Donostia (dFeria).

"En pleno momento donde pareciera que todo el arte debería ser masivo para progresar, me interesa teatro SOLO como una táctica de resistencia -cuenta Umpierrez. Este proyecto siempre va a existir mientras haya un actor que quiera recrear una ficción y un espectador que quiera creer en ella. Dentro de esta convención Teatro SOLO no necesita de grandes artilugios para que suceda. La posibilidad de trabajar en distintas locaciones para una sola persona, me da la posibilidad de investigar ciertos detalles desde la actuación y aspectos formales de la puesta."

En San Sebastián, el proyecto se desarrolló en cinco sitios específicos de la ciudad y la intención siempre es que en cada espacio se expongan conflictos emergentes de la comunidad. Las pequeñas piezas se denominaron: Éxodo, Palabra, Tiempo, Amnesia y Testigo. Las locaciones seleccionadas fueron: el magnífico teatro Victoria Eugenia, un colegio, la Plaza de la Constitución, un departamento y la terminal de trenes Euskotren-Topo.

Antes de trasladarse a cada país, Matías Umpierrez realiza una exhaustiva investigación sobre las cuestiones que pueden generar interés en la población. "Los conflictos y las obras van variando por ciudad -reconoce el director. En todos los casos son ejes que parten de temas políticos, económicos, sociales o que hacen a la práctica del arte." Así escribe cinco obras teatrales-ficcionales, no documentales, que se desarrollan en otros tantos espacios reales de la ciudad.

"Esos temas-conflictos de lo que parte cada pieza han ido variando explica. He trabajado desde problemáticas ligadas al silencio que se guarda masivamente frente a la deforestación en el norte argentino para generar monocultivo, al tabú que existe en Nueva York frente a las personas musulmanas, o el conflicto inmigratorio rumano en España o el submundo oculto de esclavos que trabajan en talleres de costura en San Pablo. En todos los casos el espectador tiene un rol activo en la trama. No es que el espectador tenga que actuar, simplemente tiene la voz para elaborar dichos conflictos desde su propia humanidad."

Teatro SOLO se ha constituido como un proyecto globalizado que va mutando de ciudad en ciudad. Como dice su creador, es "un concepto que viaja y cambia de idioma, de locaciones, de intérpretes, de ciudades, de espectadores y de conflictos.

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