Mad Men: cinco aspectos clave de la serie

¡Chau Mad Men!
¡Chau Mad Men!
Comienza en los Estados Unidos la temporada final de esta ficción, por eso es un buen momento de hacer un repaso por esta atrapante historia
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5 de abril de 2015  • 00:43

Si no te gusta tu identidad, ¡cambiala!

Don Draper, el protagonista de Mad Men , esconde un oscuro secreto: su verdadero nombre es Dick White y aprovechó su participación en la guerra de Corea para robarle la identidad al verdadero Donald Draper. Dick, agotado de su vida y su pasado, vuelve de la guerra convertido en Don, pero el revés de la trama, es que su nueva personalidad está muy alejada de la propia, lo que hace que cargue una pesada mochila y que nunca pueda ser quién realmente es (excepto con Anna Draper, único sostén emocional de Dick, e irónicamente, la viuda del Draper original).

Don es un personaje complejo, atractivo y lleno de matices, un antihéroe moderno que hace de la ambigüedad ética su sello distintivo y que como Walter White o Tony Soprano será por siempre uno de los íconos intocables en la historia de la televisión.

Las mujeres al poder

Mad Men transcurre en los sesenta, una década tumultuosa. La homofobia, el racismo y el machismo son tristes hijos de esa época y esta serie toca estos y otros tópicos, pero en donde hace especial foco es en la lucha de las mujeres por estar de igual a igual frente a los hombres. Cuando Peggy, siendo apenas una tímida secretaria le arroja a un veterano publicista la frase "un cesto de besos", comienza su lucha por convertirse en una profesional, llena de nuevas ideas y de una sensibilidad impensada para los viejos publicistas.

Megan Draper, segunda mujer de Don, es independiente y no duda en mudarse a Los Angeles para conseguir su sueño de convertirse en actriz. Pero el gran personaje femenino de esta historia - aunque duró poco-, fue Rachel Menken, jefa de una gran tienda de ropa que tuvo con Don un breve (pero intenso) amorío, y que claramente era la horma de su zapato.

El trabajo y el placer tienden a mezclarse

Los protagonistas de Mad Men son un grupo de publicitarios liderados, al menos ideológicamente, por el astuto Don Draper. En esos lujosos edificios de oficina situados en la avenida Madison, los hombres trabajan escoltados siempre por sus fieles (y muchas veces anónimas) secretarias. En esos enormes despachos, ellos beben, fuman y tienen amoríos con sus asistentes, y así continuamente hasta casi el infinito. Ese ocioso mundo laboral, que tiene más de club social que de oficina, es otra de las grandes fantasías que deja Mad Men y que enamoró a toda su audiencia: la idea del trabajo y el placer mezclados formando parte de un mismo universo.

Los tumultuosos sesenta...

El vestuario, el constante coqueteo y el romper los moldes de una sociedad que se estaba autodescubriendo, todo eso y mucho más significa la década de los sesenta, según el prisma de esta ficción. El gran atractivo de la serie, más allá de sus personajes, es la reconstrucción de un país a lo largo de una década de cambios constantes. La llegada del hipismo, la lucha del feminismo, una juventud alocada, el twist e incluso oscuros momentos históricos como la muerte de Kennedy y Martin Luther King, por ejemplo, todo eso y más aparece reflejado en la serie. Pero lo más interesante de Mad Men es que no intenta ser una precisa reconstrucción de los sesenta sino que es más bien una mirada de esa época bajo el filtro de la actualidad. Es un "cómo me imagino los sesenta desde el siglo XXI" y por ese motivo resulta imposible no sentir atracción por el retrato que realiza.

La gente compra lo que sepas venderle

La serie transcurre en un momento clave de los Estados Unidos, en donde las agencias de publicidad se presentaban como sitios modernos que podían reconvertir cualquier marca para los agitados deseos de los jóvenes consumidores. Bajo esa excusa, Matthew Weiner, creador de la ficción, construye una interesante mirada sobre los cambios en los gustos populares y cómo los publicistas intentaban vender como sofisticados, artículos nocivos o, simplemente, inútiles. El consumo de tabaco, uno de los sellos distintivos de la serie, se convierte en el primer gran eje sobre el cual trabajar. La trampa fue que la campaña de Lucky Strike en la que Draper trabaja (y que reza "el tabaco es tostado"), funcionó demasiado bien porque solo en 2012, esa marca de cigarrillos aumentó la venta de paquetes en 9.000.000 de unidades. De esa manera, Mad Men refleja el costado más perverso de la publicidad y cómo se pueden manipular y "disfrazar" los productos ofrecidos. Una moraleja que bien se extiende hasta nuestros días...

Y como se puede ver en este viejo comercial, el lema "it´s toasted" verdaderamente existió.

De yapa: una gran escena

En la 5° temporada, Roger Sterling prueba el LSD, lo que da pie a una de las grandes escenas de toda la serie (a la que acompañaron, con mucha puntería, con I Just Wasn´t Made For These Times, gran canción de los Beach Boys).

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