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María Dueñas: "A la gente le gusta organizar el mundo en casillas"

Ni romántica ni femenina, la best seller española se saca el corset antes de su visita al país para presentar La templanza, su tercera novela
Laura Ventura
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30 de marzo de 2015  

MADRID.- Cae la tarde fría de un día feriado en el que España celebra el Día del Padre. Su departamento madrileño acaba de oficiar como anfitrión de un encuentro familiar y María Dueñas, ajena a toda pose intelectual sin ostentar erudición, convida masas finas en una bandeja mientras prepara café. Su especialidad no es imponer barreras, sino construir puentes. Sus tres novelas transcurren en tres continentes diferentes, en distintos momentos históricos donde dos -o más- culturas dialogan. La escritora más exitosa de las últimas décadas, la creadora de ese suceso que sigue hilvanándose, El tiempo entre costuras, se inspiró en el Marruecos del protectorado español donde vivió su progenitora, aquella heroína anónima, docente y madre de ocho hijos para aquel, su debut en el mundo de la ficción. Ese sitio cálido, de líneas y formas minimalistas, ubicado a pocos metros de la Almudena y del Palacio Real, es su búnker, donde se encierra durante años para que sus historias y sus criaturas cobren vida. Su carisma pudo forjar el cariño de sus lectores fieles, quienes el día anterior se agolpaban en una tienda del Corte Inglés para tener la firma de la autora. Dueñas logró un lugar en el ámbito académico y en el literario a fuerza de una virtud con la que bautizó su último trabajo, La templanza (Planeta), que transcurre entre Jerez, México y La Habana: "Tengo mi genio y lo saco cuando hace falta. Soy impulsiva en ocasiones, pero veo las cosas con la sobriedad suficiente para equilibrar las distintas facetas de mi vida. La templanza nos ayuda a funcionar mejor".

Es la primera vez que aparece un protagonista masculino en mis novelas. Fue muy gratificante. Hice un pequeño ensayo en Misión olvido con dos personajes, ambos profesores, cercanos a la protagonista absoluta, Blanca Perea. Sé que a los lectores les fascinó Daniel, uno de ellos, tan entrañable. Los hombres de El tiempo entre costuras tenían un perfil más bajo. Fue un reto para esta tercera novela meterme dentro de Mauro Larrea, pero él me lo ha puesto muy fácil. Hemos tenido una complicidad muy grande. Él es un hombre de otro siglo, de un mundo distinto al mío. Pero es muy parecido a los hombres del siglo XX, que tienen que ser proactivos y tener iniciativa.

Me gusta mucho la historia, pero más aún los detalles. Quiero conocer las cosas pequeñas, cómo se vestían las personas, cómo se alumbraban las habitaciones, qué comían, no sólo lo coyuntural y quiénes eran los líderes en un momento determinado. Para mis libros busqué en prensa de la época, imágenes, mapas y hasta en grabados antiguos. Esa información luego la sopesé, hice fichas y después pasaron por un colador. Creo que ésa es herencia de mi vida académica. Me documento mucho para mis novelas. Busco el rigor, la concreción, que todo lo que dices se pueda sostener, que nada de lo que escribes se quede en el aire. He trabajado 20 años en el mundo universitario, tanto en la docencia como en la investigación. Esas mismas herramientas, principios y maneras de trabajar las he pasado al trabajo de ficción.

El lector encuentra a mis protagonistas donde sus vidas se alteran. En las dos novelas anteriores eran crisis más bien personales, sentimentales. En La templanza, es una crisis financiera, una debacle que hace poner en marcha al personaje. Me gusta esa idea de alguien quien tiene una vida establecida, hasta que algo lo trastoca y lo obliga a reinventarse.

Tengo una capacidad enorme para aislarme de todo. Me construyo una burbuja y no me dejo influir por nada. Cuando escribía Misión olvido se emitía El tiempo entre costuras, daba entrevistas y acompañaba a la serie, pero cuando llegaba mi hora de trabajar dejaba todo aparte. No pienso en una fórmula del éxito y no sé si exista. La novela debe tener su alma. No hay nada más saludable para el libro y para mí que concentrarnos en lo que estamos haciendo y nada más.

No es cierto que huí de la vida académica porque no la soportara más. Estaba realizada profesionalmente y era una vida muy gustosa. Empecé a escribir sin saber qué destino iba a tener. Conseguí primero publicarlo, y después vino este viaje, que lleva ya seis años.

Planifico todo, pero hay personajes que cobran vida propia y no los freno. Quería que El tiempo entre costuras tuviese como protagonistas a personajes históricos, como a Rosalinda Fox y a José Luis Beigbeder, pero Sira Quiroga empezó a crecer. Lo mismo me pasó con Daniel, de Misión olvido, y en La templanza me pasó con Carola Gorostiza, a quien debí hacer cruzar el Océano para que siguiese actuando en Jerez.

No soy una persona romántica. No leo ni literatura romántica ni soy una gran aficionada a esas películas, pero al final los personajes te van pidiendo algo de aquello.

Intentan etiquetar mi trabajo como literatura femenina, pero no lo es. A la gente le gusta organizar el mundo en casillas. Sé que tengo muchísimas lectoras y es verdad que soy mujer y que doy mi visión femenina del mundo, pero no considero que sea literatura femenina. Es un concepto muy reduccionista y esos corsets no son saludables.

Soy muy variada en mis lecturas. En mi mesa de luz tengo Un árbol caído, de Rafael Reig. Me gusta leer cosas de autores nuevos, los clásicos y de gente de mi edad. Me interesan Antonio Orejudo o Milena Busquets, y los maestros, como Mario Vargas Llosa. Todo te hace crecer. Mi mirada no es la misma ahora que cuando era una mera lectora. Leo con otro criterio, despedazo las obras, es una lectura más crítica. Tengo un radar.

Puertollano, Ciudad Real, 1964

Doctora en Filología Inglesa, durante dos décadas se dedicó a enseñar en su país y en Estados Unidos. Escribió su primera novela mientras se desempeñaba como profesora titular, sin sospechar que las aventuras de la costurera Sira Quiroga se convertirían en el best seller El tiempo entre costuras (2009), que luego la TV adaptó a miniserie: cada lunes 6 millones de televidentes seguían de modo fiel la trama de espionaje y romance. Luego llegó Misión olvido (2012) y ahora La templanza (Planeta), que en abril presentará en la Feria del Libro de Buenos Aires

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