Pico Mónaco: único habitante de su propio principado

Marcelo Gantman
Ilustración: Sebastián Domenech
Ilustración: Sebastián Domenech
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3 de abril de 2015  • 09:16

"Te lo dije en Australia..", decía del tuit de Andy Murray dirigido a Juan Mónaco con los dos activos en Miami. "Sos el jefe...", le contestó al escocés. Leer ese cruce fue como espiar una película por una cerradura. Con algo de imaginación se puede construír una escena en la que Murray le dice a Mónaco que los resultados ya llegarán. Mónaco quedó muy desarmado animicamente luego de su pronta eliminación en el Abierto de Australia. Había hecho una pretemporada de siete semanas y los resultados no se producían. Se cuestionaba el sentido de semejante esfuerzo cuando en ese instante podría estar despreocupado en la playa con sus amigos.

Fuente: AFP

Cuando un deportista profesional piensa así está al borde de caerse. Mónaco no se permitió eso. Volvió a Sudamérica y le cambió el viento. Su crecimiento (cuartos de final en Río y final en Buenos Aires) estuvo contaminado por la polémica sobre su ausencia en la Copa Davis. Lo cierto es que su andar en el circuito ya era otro. En la gira por Estados Unidos fue un jugador más consistente. La caída en cuartos de final frente a Tomas Berdych puso a Mónaco en su dimensión natural. Su historial con Berdych ahora es 0-7. El récord de Pico frente a top ten lo deja con casi un 28 por ciento de eficacia (19 ganados, 50 perdidos). Mónaco, con 31 años recién cumplidos, es un tenista que en el circuito y también en la Copa Davis no produjo grandes sorpresas. Esto es: perdió la mayoría de los partidos en una situación en la que no era favorito. Pero aún con sus altibajos consiguió un nivel de flotación reconocible: terminó 2014 fuera de los top 50 por primera vez desde 2006. Eso es para pocos.

El tandilense suele ser señalado por lo que podría haber sido. Hay quienes entienden que podría ser más jugador de lo que es y en el camino pierden de vista lo que realmente consiguió. Es un vicio que no discrimina roles en personajes vinculados al tenis. Imaginar al tenista deseado y no al que aparece frente a sus ojos. Mónaco es un jugador de 20 finales de ATP en su carrera. Llegó a ser diez del mundo. Ganó ocho títulos. ¿Podría haber ganado más? Probablemente. Podría haber ganado menos también. Son pocos los que no tienen límites precisos en este deporte.

Sucede que Pico Mónaco, a su modo, es un navegante solitario de la historia reciente del tenis argentino. Forma parte de una secuencia, pero no ostenta una membresía que lo defina. No integró la afamada Legión Argentina. Cuando jugó su primer ATP en Buenos Aires en 2004, la Legión ya era un concepto vigente. Inclusive llegó después de la explosiva aparición de David Nalbandian y Guillermo Coria . Hacia adelante, quedó desacoplado del enorme espacio que ocupó Juan Martín del Potro y del que todavia se espera más noticias de las importantes.

Mónaco anduvo siempre por las suyas. Sin el beneficio del elogio que da el volumen de los resultados conseguidos por toda una generación. Cuando se habla de la Legión, el éxito que se destaca fue grupal. Haber sido parte de una generación más o menos homogénea que se representó a sí misma. Desde ya que hay perfiles muy nítidos. No todos ganaron Roland Garros como Gastón Gaudio o consiguieron títulos de Masters 1000 como Guillermo Cañas . Pero si se pasa un peine fino surge claramente que Juan Mónaco ganó más títulos y disputó más finales que algunos miembros de esa Legión. Inclusive hasta tiene más logros que otros tenistas del pasado que guardan un buen recuerdo en la memoria popular.

Al margen de la alta confianza de este tramo de la temporada, Mónaco es uno de los tantos jugadores mayores de treinta que tuvo que reformular su estilo para sobrevivir. Pico fue intenso toda su vida. Ahora es más agresivo en su propuesta. Se anima a tirar ángulos cortos con su derecha cuando su frecuencia normal era jugar seguro por el centro de la red. Sale cada tanto con un revés paralelo y gana puntos. Sus buenas actuaciones van acompañadas de un servicio más aprovechado. En la derrota con Tomas Berdych no cometió dobles faltas, metió un 75 por ciento de primeros saques y ganó el 67 por ciento de los puntos.

Mónaco estará nuevamente dentro de los 40 mejores del mundo. Con lo que tiene, con lo que le falta y con lo que agregó a su repertorio, su año parece mejorar notablemente desde que Andy Murray lo vio cabizbajo en Australia. Ellos sabrán de qué estaban hablando.

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