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Ideas de alto impacto: son argentinos, tienen menos de 45 años y un sueño en común, conquistar el mercado global

Ignacio Juárez (Sentive), Federico Seineldin (Njambre), Sally Buberman (Wormhole) y Santiago Siri (Democracys OS) son sólo algunos de los que buscan crear valor y empleo con bajo capital
Carlos Manzoni
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6 de abril de 2015  

Hay algo que los distingue del resto. En medio de una coyuntura económica compleja no se quedan de brazos cruzados, sino que detectan antes que nadie una oportunidad, van en su búsqueda y finalmente logran cazar la ola antes que nadie. Se trata de la liga de los emprendedores de alto impacto.

"Tienen la visión de formar una gran compañía y transformar algo del mundo que los rodea y que para la mayoría pasa inadvertido", describe Guibert Englebienne, presidente de Endeavor y uno de los fundadores de Globant.

La democratización del espacio mediante nanosatélites, la creación de una turbina eólica que alivia la demanda de energía y una aplicación para teléfonos móviles que mejora la calidad de vida de pacientes hipoacúsicos son sólo algunos de los negocios que los convierte en una minoría dentro del 14,4% de la población activa adulta que, según el Centro de Entrepreneurship del IAE, está involucrado en una actividad emprendedora en etapa temprana.

El caso de Emiliano Kargieman está en línea con ello. Un día vislumbró que había una constelación de oportunidades en el mundo espacial y decidió fabricar nanosatélites para fotografiar y filmar ciertas regiones de la Tierra. Así fundó Satellogic, una empresa que desarrolla tecnología espacial, y que puso en el espacio el primer nanosatélite de la historia argentina. Luego vendrían dos más, pero ese primero, llamado Capitán Beto, fue el puntapié inicial de un proyecto que pretende poner en órbita decenas de estos aparatos, para obtener información que luego sea útil para la producción de alimentos en el mundo.

Ignacio Juárez es otro ejemplo de alto impacto: apostó a la energía renovable. Fue así como creó Nemoi, una pequeña turbina eólica que genera energía y permite disminuir la dependencia de las grandes centrales eléctricas. "Con nuestros equipos podemos hacer que se reduzca la demanda actual. Ambientalmente es más eficiente y desde el punto de vista económico no requiere una gran infraestructura", explica el fundador de Sentive.

El propio Juárez cuenta cómo fue el proceso, que terminó por poner sus turbinas en el mercado y a las puertas de la exportación. "Vimos que estaba la posibilidad y estudiamos qué actores había en el mercado, para saber contra quién podíamos competir y cómo hacerlo. A nivel global hay muy pocos jugadores, ya que tenemos competidores en China y Estados Unidos, pero no en la región", dice.

"Ellos son capaces de crear valor con poco capital desde cualquier lugar del mundo. Generan más y mejores puestos de trabajo y riqueza que las compañías tradicionales, al tiempo que diseñan nuevos modelos escalables y novedosas combinaciones entre producto y mercado", afirma Silvia Torres Carbonell, directora del Centro de Entrepreneurship del IAE.

Sally Buberman estaba muy bien posicionada en una multinacional de renombre. Pero en 2008 renunció a su puesto y se propuso igualar las posibilidades de educación de toda la población, cualquiera que fuera su ubicación en el mapa. Fue así como creó Wormhole, que significa "atajo entre el tiempo y el espacio".

Las empresas tenían oficinas en distintos lugares y evidenciaban necesidades de capacitación que eran difíciles de satisfacer en todos los sitios por igual. "Para el que estaba en casa central era más fácil obtener una formación, pero el que se encontraba en el campo o en una localidad alejada no tenía esa posibilidad, a menos que viajara a la casa matriz, algo que no todos podían hacer", explica Buberman.

¿Qué hizo, entonces? Ideó una aplicación que está en la Nube, mediante la que se les da a las empresas la posibilidad de crear su campus virtual, con foco en la clase en vivo por Internet. "Es lo más parecido posible a la experiencia presencial, permite verse, compartir, discutir y llevar casos de la teoría a la práctica", señala.

Empezó con ventas sólo en la Argentina, pero de a poco puso un pie en otros países de la región. Hoy trabaja para 200 empresas en 10 países, y hay más de 400.000 personas que estudian gracias al uso de su aplicación.

La idea de dar ese salto al exterior es otra seña particular que diferencia a este grupo del resto. "Para nosotros Latinoamérica es como el patio de casa", cuenta Federico Seineldin, fundador de Njambre, firma que tiene oficinas en Buenos Aires, Rosario y Medellín (Colombia). "Trabajar en Rosario es lo mismo que hacerlo en cualquier otra comuna de la región -explica-. Entonces cuando encontramos socios estratégicos locales, nos mudamos donde ellos están."

En Njambre se detectan problemas sociales o ambientales, se arman hipótesis de solución y se inicia el emprendimiento. Es una mezcla de laboratorio y holding empresario, donde echan a rodar proyectos, que van desde empresas de outsourcing tecnológico en los barrios hasta compañías de biotecnología que buscan remediar el ecosistema, limpiar aguas contaminadas y generar plástico biodegradable.

Ellos creen que el modelo tradicional de empresa no genera externalidades siempre positivas y que el de las ONG no es sostenible económicamente, porque siempre depende de una donación del Estado o del sector privado. Lo que aquí se propone es un modelo híbrido, que utiliza como medio los mecanismos privados para solucionar el fin, que es siempre una necesidad ambiental o social.

Una frase de Seineldin conduce directo a otro "sello" que distingue a estos diez emprendedores: "El amor, como el conocimiento, sólo tiene sentido cuando circula". Es decir, de nada sirve un genio encerrado en un laboratorio, sin que lleguen sus soluciones al mundo. "En lugar de centrarnos en la acumulación de patentes o de copyrights nos basamos más en la riqueza que genera la difusión del conocimiento", agrega el empresario.

El modelo open source (de código abierto) también es un punto en común. Es decir, publicar el invento para que otros lo copien y lo usen; porque es tan grande el espectro de la problemática a solucionar que sería imposible para una sola persona.

Se trata, como dice Englebienne, de emprendedores acostumbrados a contar su historia y animar a otros. Hay un impacto "inspiracional" que surge gracias a que el emprendedor se abre y cuenta su historia. "Antes, el empresario estaba mucho más solo y no tenía una audiencia que pudiera conocer lo que él hacía", subraya.

Adolfo Rouillón, creador de Congelados del Sur, remarca que tiene la visión y la mentalidad de que hoy los negocios no son exitosos por mantener una reserva de lo que se hace, sino por compartir y estar con distintas personas en diferentes ámbitos. Cree mucho, según expresa con un término inventado por él, en la "coopetición", más que en la competencia.

Su compañía se dedica a alimentos congelados, como milanesas de soja, nuggets de pollo, supremas de pollo, tortillas de vegetales y bombas de papas, entre otros. Son todos productos prácticos listos para consumir.

Este emprendedor, que hoy llega con su oferta a Uruguay, Chile, Paraguay y Perú, tuvo algo que también identifica a esta nueva casta de empresarios: no se resignó ni se victimizó ante los embates de un contexto económico adverso. " Si hubiéramos vivido en Estados Unidos, donde hay un mercado casi perfecto, habría sido muy difícil competir. En cambio, en países como los nuestros, ofreciendo buenos productos y haciendo las cosas bien, se puede superar a una competencia que se entretiene pensando en todas las trabas que le pone el Estado", grafica Rouillón.

Santiago Siri, que hoy vive en San Francisco y dirige la asociación Democracy OS, va más allá y dice que no sólo hay un gen que los hace inmunes a un mal contexto económico, sino que la nueva generación de empresarios sabe construir empresas de valor agregado sin pedir apoyo estatal. Democracy OS desarrolla un software de código abierto para poder votar online cuestiones públicas, se ha traducido a más de 15 idiomas, lo instrumentaron gobiernos federales y locales, y partidos políticos. "Es el esfuerzo más grande a nivel mundial para hacer un software abierto que permita votar online", afirma Siri.

Martín Churba, con su marca de ropa Tramando, arribó a Qatar con un local propio; Ezequiel Escobar, con su aplicación para hipoacúsicos, generó una solución de bajo costo; Matías Gainza Eurnekian, con la fabricación de microchips en Unitec Blue y un desembolso inicial de US$ 1200, logró exportar al mundo, y Santiago Spector, con Verifarma, su servicio de trazabilidad de medicamentos, llegó a 500 farmacias. Ellos completan la lista de una marea que sube, pero sobre todo de los que saben cuándo y cómo cazar la ola antes de que esta rompa.

Un lugar en el mundo

Algunos exponentes de la nueva camada empresarial

Adolfo Rouillón

Congelados del sur

Fundó una empresa con la que exporta alimentos congelados a Uruguay, Chile, Paraguay y Perú

Sally Buberman

Wormhole

Creó un sistema que está en la Nube y que permite estudiar a distancia como si se estuviera en un aula

Martín Churba

Churba

El diseñador llegó con su indumentaria Tramando a Japón, y abrió recientemente una tienda en Qatar

Emiliano Kargieman

Satellogic

Se propuso democratizar el espacio y ya puso en órbita tres satélites para fotografiar y filmar la Tierra

Matías Gainza Eurnekian

Unitec blue

Fabrica microchips y es un caso de emprendedorismo transgeneracional

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