Andrea Chénier: belleza y emoción

Cecilia Scalisi
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13 de abril de 2015  

Andrea Chénier, ópera de Umberto Giordano, libreto de Luigi Illica / Dirección musical: Antonio María Russo / Dirección escénica: Ana D'Anna / Elenco: Darío Sayegh (Andrea Chénier); Juan Salvador Trupia y Rodríguez (Carlo Gérard); Sabrina Cirera (Maddalena de Coigny) y Coro y Orquesta de Juventus Lyrica / Organiza: Juventus Lyrica / Sala: Teatro Avenida / Próximas funciones: 16 y 18 de abril.

Nuestra Opinión: Muy Bueno

Juventus Lyrica levantó el telón de su 16» temporada con la puesta de Andrea Chénier, ópera verista con música de Umberto Giordano y libreto de Luigi Illica que, más allá de sus virtudes, resulta una pieza poco representada. La historia narra las vicisitudes del poeta como mártir de la Revolución Francesa, y de su amor a Maddalena (hija de la condesa de Coigny, quien acompaña al escritor hasta en la guillotina), un amor en el que interfieren los dilemas éticos del eterno enamorado de Maddalena, Carlo Gérard, sirviente de la condesa que renuncia a su puesto para enrolarse en las filas del levantamiento, en 1789.

La mise-en-scène, dirigida por Ana D'Anna, con realización escenográfica de Gonzalo Córdova, ubicó la acción en su fiel momento histórico, a fines del siglo XVIII. Es sabido que el Avenida presenta serios condicionamientos para el diseño de escenografía y que toda propuesta debe lidiar con la necesidad de sacar provecho, crear planos e inventar perspectivas dentro de las acotadas dimensiones. Hecha esta salvedad, el planteo de los decorados (un juego de escalinatas en diferentes direcciones con bastidores móviles que ilustraron interiores y exteriores según el requerimiento de cada cuadro) fue mejorando paulatinamente a medida que, en el transcurso de sus cuatro actos, se simplificó y despojó de una cantidad de elementos ornamentales hasta lograr una mejor síntesis visual. Naturalmente, cuanto mayor es el vacío espacial, mayor es el peso de concentración que recae sobre el cantante. Una ecuación en la cual el artista solvente siempre gana. El vestuario de Ana D'Anna y las caracterizaciones en las pelucas de Jorge Orlando se distinguieron dentro de la estética del tiempo retratado.

En el aspecto musical, la orquesta, con la dirección de Antonio María Russo, sonó compacta, creó climas y logró con naturalidad ese específico lirismo dramático, típicamente italiano, que requiere el estilo verista, sosteniendo el drama con eficaz convicción. Y en el plano vocal, el lucimiento de los tres protagonistas fue notable, comenzando por el propio Chénier, en la voz del tenor Darío Sayegh, que ocupó de último momento el puesto de Gustavo López Manzitti, con lo meritorio y prometedor que ese arrojo implica. Sayegh afrontó con capacidad el desafío de un rol que si bien es difícil ofrece enormes recompensas en la belleza de sus líneas. Ya desde su aparición en el grandioso "Improvviso (Un dì all'azzuro spazio)" fue caudaloso y seguro en todo el registro, aunque tanto la voz como la actuación tal vez puedan ganar soltura a lo largo de las funciones para contribuir a la imagen de inspiración y espontaneidad que demanda el poeta. Sabrina Cirera brindó una muy buena composición de Maddalena, con sus exigencias potenciadas en la famosa "Mamma morta" del tercer acto, donde la soprano mostró su porte emocional y vocal, manejando la dificultad creciente hasta el remate del aria (el pulso dramático del texto, la prolongación de las frases, la potencia y extensión del registro). Gran figura desempeñó el bajo-barítono Juan Salvador Trupia haciendo las veces de Carlo Gérard, sin dudas el personaje más rico en cuanto a ribetes psicológicos y contrastes. Sobresalió la proyección de su extraordinaria voz por encima del elenco, demostró prestancia actoral, excelente declamación (particularmente en el aria "Nemico della patria"), encarnó y transmitió con certeza los dilemas de Gérard en el nudo del drama lírico. Espectáculo ampliamente recomendable para todo aquel que se acerca a la ópera en busca de belleza y emoción.

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