Madonna en la tapa de RS: vivir para contarlo

Tras 30 años de provocación, la cantante explica por qué no está ni cerca de haber terminado de empujar los límites
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13 de abril de 2015  • 11:09

"Ahí viene", dice un coreógrafo por micrófono, y suena tenso. "Todo el mundo póngase la máscara y los cuernos." Un par de noches antes de los Grammy, 22 bailarines en cueros, impecablemente musculosos, cada uno armado con una máscara enjoyada y unos cuernos de toro negros que parecen peligrosos, forman fila en un escenario en el predio de Sony Pictures en Culver City, esperando a ser inspeccionados. Madonna sale pomposa de su camarín, del otro lado del estudio, vestida con un traje de torera, sin pantalones. Escoltada por un peluquero y un maquillador, pasa al menos 30 segundos observando a cada bailarín, rastreando mínimas imperfecciones en sus trajes de cuero y en sus máscaras. "No quiero que tengan aceite en el cuerpo", señala. "Tuve el mismo problema en el video. Que usen humectante corporal."

Veintiocho cantantes de coro –en su mayoría, especímenes menos finamente esculpidos– se reúnen en unas gradas. Madonna les presta una atención aun más individualizada. En sus trajes rojos tienen el logo de su nuevo disco, Rebel Heart; es un detalle que ni siquiera las cámaras HD podrían registrar. Les pide a los que tienen anteojos que se los saquen; sugiere peinados, y ocasionalmente cortes ("Lo bueno del pelo es que crece de nuevo"); critica barbas y patillas; y en el caso de una mujer, se acerca y empieza a hacerle trenzas ella misma.

Todo este trabajo es para cinco minutos en la televisión, el primer show de su nuevo single con aires de deep house, "Living for Love". En consonancia con la letra, que dice "el amor me levantará", el show termina con Madonna elevándose cinco metros boca abajo sostenida por un arnés. Es una imagen muy bonita, aunque hoy, mientras sube, rompe un poco el hechizo cuando pregunta: "¿Se me salen las tetas del vestido?".

Entre dos ensayos, dos niños suben al escenario. Ambos tienen 9 años: el varón, David, está vestido de blanco; la niña, Mercy, lleva suéter azul y pollera, y un moño en el cabello. "Hola, mamá", dicen al unísono, y Madonna sonríe, ofreciéndoles a sus hijos más chicos una mano para que se la besen.

A medida que el descanso se estira, Madonna empieza a perder la paciencia. "¿Vamos a hacer una pausa ahora?", pregunta Madonna por el micrófono. "¿O podemos seguir? Tengo cosas que hacer."

Cuatro días después, Madonna está de vuelta en su casa del Upper East Side, en Manhattan. Hay un montón de obras de arte impactantes tan solo en el living del segundo piso, entre ellas un Léger sobre la chimenea, y "Mi nacimiento" de Frida Kahlo descansando informalmente sobre una pila de libros. En una mesa cubierta de vidrio hay fotos familiares que se remontan a la infancia de Madonna; sobre el piano hay partituras de las clases de piano de Mercy. En los estantes hay una colección altamente ecléctica de libros: tomos de arte; Last Exit to Brooklyn, de Hubert Selby Jr.; una biografía de los últimos años de John F. Kennedy Jr., de quien se dijo que era amante de Madonna.

Hay más libros prolijamente apilados sobre la mesa ratona color café que hace juego con el sofá: Gay New York; Low Life, de Luc Sante; la novela Sisterland, de Curtis Sittenfeld. Junto a ellos hay una carpeta negra con fotos: referencias para una película que planea dirigir, basada en la novela de 2013 The Impossible Lives of Greta Wells.

También sobre la mesa ratona están mis grabadores digitales gemelos. Madonna se agacha y los arregla para que estén más prolijos. "Soy obsesiva", dice con alegría. Me pregunta de qué signo soy. La respuesta –Tauro– le parece aceptable. "Gente con fuerza de voluntad", dice. "No les gustan los cambios. Pero son muy leales."

Me río un poco, y luego me encuentro a mí mismo asegurándole a Madonna que no me estoy burlando de la astrología. "Ah, OK, bien", dice. "No podés ser humano y reírte de la astrología. Porque es una ciencia, en serio. O sea, obviamente está llena de chantas. En general y en particular."

Debido a un vuelo nocturno, por no mencionar décadas de insomnio, Madonna está agotada. "Más temprano estuve haciendo yoga", dice, acomodándose en el sofá. Tiene puesta una blusa de Dolce & Gabbana negra de cuello alto y una pollera también negra, y botas de Prada. Tiene una pequeña cruz alrededor del cuello, un grill dorado en los dientes, y un reloj de pulsera de Jacob the Jeweler. "Y me quedé dormida en la pose savasana. Pero, viste, el yoga es una preparación para la muerte. Los yoguis llegan a un punto en el que pueden desacelerar sus corazones en serio. Y luego, cuando envejecen, se van al bosque y se sientan en sus taparrabos o lo que sea que tengan, y eligen detener su corazón. De cualquier modo, el yoga es eso. No se trata de enrollarte como un pretzel, sino de una preparación para la muerte. Desapegarse del deseo. ¡Qué buena manera de empezar una entrevista!"

Las mujeres de mi edad aceptan que no pueden comportarse de determinada manera. Yo nunca seguí las reglas, no voy a empezar ahora.

Me impresionó el nivel de atención que les prestás a los detalles: revisás a cada cantante, a cada bailarín. ¿De qué se trata para vos?

Siempre fui así, y luego fue creciendo a lo largo de los años, a medida que hice otras cosas, especialmente dirigir películas. Quiero ver todo en serio. Si está alrededor de mí, y es parte de mi show, tengo que ser parte de todo. Desde la creación de la música hasta la superficie del piso, pasando por los peinados de todo el mundo, los detalles con los botones y los moños y los broches y los cierres. ¡Todas esas cosas! No sé dónde empezó, pero creo que sólo se puso peor [risas].

O mejor.

O mejor, sí. Porque sí creo que esos detalles importan.

Cuando hacés un nuevo disco, ¿cómo lidiás con la presión de estar a la altura de tus trabajos anteriores?

No pienso en las cosas viejas. Yo voy para adelante. O sea, es gracioso, porque cuando trabajo con gente, siempre se refieren a otras cosas. Diplo todo el tiempo quería tocar la base de "Vogue" o algo de "La isla bonita" una y otra vez. Yo soy más de "ok, vamos para adelante". Me olvido de las cosas. No creo que tenga que estar a la altura de nada. Sólo pienso en lo que quiero escribir.

Al mismo tiempo, la canción nueva "Veni Vidi Vici" es muy autorreferencial, e incluso vas soltando títulos de temas viejos.

Sí, es que cada tanto está bueno mirar atrás y contar la historia de cómo una chica de Detroit llegó a Nueva York.

Bueno, es una historia increíble. ¿Todavía podés reconocerla?

[Suavemente.] Es loco lo que me pasó en la vida, y lo que tuve que pasar. Si pienso en eso, la verdad es que tuve una vida maravillosa. Y conocí tanta gente fantástica. Vi a Nile Rodgers [productor de Like a Virgin] en los Grammy, y le di un abrazo largo y enorme. Siento que he sobrevivido mucho, y pasé por muchas cosas. Y a veces extraño la inocencia de esa época. La vida era diferente. Nueva York era diferente. La industria de la música era diferente. Extraño la simpleza de otras épocas, la ingenuidad de todos los que me rodeaban.

Mucha gente está muy pendiente de "¿quién es la Reina del Pop?". ¿Te interesa esa corona?

Bueno, yo me pienso como una reina, pero no creo que sea la única. Hay lugar para otras reinas. Reinamos en diferentes reinados.

Lady Gaga le dijo a Howard Stern que había una idea generalizada de que ella quería arrebatarte la corona. "No quiero su trono", dijo.

Yo tampoco creo que quiera mi corona. Vivimos en un mundo en el que la gente quiere enfrentar a las mujeres entre sí. Y es por eso que me encanta la idea de apoyar a otras artistas mujeres que hacen lo mismo que yo. Apoyarnos es importante para nosotras. La única vez que critiqué a Lady Gaga fue cuando sentí que estaba plagiando una canción mía de manera descarada. Nada que ver con "quiere arrebatarme la corona" ni con "está invadiendo mi espacio". Ella tiene lo suyo. Pienso que es una cantante y compositora muy talentosa. Sólo fue ese tema. Y por supuesto todo el mundo se agarró de eso y lo transformaron en una pelea enorme, lo cual me parece, francamente, bastante aburrido. ¿Y sabés qué? Ya no me importa. Es así: algún día, todos se van a callar. ¡Vas a ver! Yo tengo un plan.

¿Tenés diarios íntimos? ¿Escribís poesía que nadie lee?

Sí, las dos cosas. De hecho, uno de mis asistentes acaba de encontrar un diario mío de 1991. Me quejaba de la misma manera por no poder dormir en el 91 que ahora. Algunas cosas no cambian. Así que leerlo fue, a su manera, reconfortante.

Lo mismo decías en los ochentas. ¿Cuándo empezó el insomnio?

Inconscientemente, quizá cuando se murió mi madre. Dormir nunca me resultó fácil.

¿Vivís con tres horas de sueño por noche?

Si logro dormir seis horas, puedo pasar bien el día. Pero dado que quiero tener una carrera y también ser una madre atenta, tiendo a tomarme muchas pausas, y lidiar con mis hijos, y después volver al trabajo. Cuando grabamos en el estudio, nunca termino antes de las 2 de la mañana, y al otro día tengo que levantarme a las 7 por mis hijos. Así que tengo mucha privación de sueño.

Quizá vos sos una propaganda de "no dormir nunca".

Te empezás a volver loca si no dormís. Pero realmente tampoco entiendo a la gente que duerme doce horas por día. Me parece de una indulgencia suprema: la gente que duerme hasta el mediodía, ¿cómo se atreven? Nunca hice eso cuando era adolescente...

Pero vos siempre tuviste objetivos. Tenías...

¿Un cohete en el culo? Sí, es cierto. No había tiempo que perder.

Mucha gente no tiene un propósito tan claro.

Puede ser. Bueno, yo no entiendo a esa gente.

¿Viste la película Whiplash?

Sí, me encantó. Me veo identificada. La vi con todos mis hijos, y ellos estaban fascinados, se quedaron medio sin palabras al final. Mi hijo David fue el que más habló, porque siempre es el que más habla de todos. No tiene una "agenda", no está atravesando ninguna adolescencia. Dijo: "Wow, quiero que me sangren las manos". Cuando el personaje dice: "Prefiero ser un genio de 34 años que hizo algo con su vida, muerto por una sobredosis de heroína, antes que vivir 93 años y no haber hecho nada". Yo estaba completamente como… "¡Sí!". Eso resonó mucho en mí. No, claro, la...

No la parte autodestructiva.

No, no. Pero creer en una misma y estar dispuesta a hacer todo, a caminar sobre el fuego, a hacer lo que sea que querés hacer. Salir de un accidente de auto cubierto de sangre para ir a tu concierto. O sea: ésa soy yo. Esa soy claramente yo.

Pero nunca tuviste un entrenador como el personaje de J. K. Simmons, me imagino.

Tuve profesores así, seguro.

Hubo un profesor de danza en la escuela secundaria, Christopher Flynn, que fue muy importante en tu vida. ¿Era más o menos así?

Sí. Era brutal. Era despiadado, y caminaba por la clase con un palo y nos pegaba. Decía cosas medio indignantes. "No podés venir a mi clase y pararte así. Salí de acá." No toleraba la vagancia ni las quejas. Hacía muchas cosas como el tipo de la película. Pero cuando hacías algo bien, sí, te tiraba un cumplido, cada tanto. Fue el que me dijo: "Tenés que irte de acá. Vos tenés un don. Andate a Nueva York".

Si nunca hubieras ido a esa clase, ¿tu camino habría sido completamente diferente?

Bueno, las cosas habrían sido muy diferentes si un montón de otras cosas no me hubieran pasado. Si mi madre no se hubiera muerto, y yo hubiera crecido con un sentido de completitud y una familia, probablemente me habría quedado en Michigan y me habría vuelto una maestra de escuela. Fue una bendición tener los profesores que tuve. Mi profesora de arte, mi profesor de literatura inglesa y mi profesor de historia de Rusia también fueron claves para guiar mi alma artística. Pasé por una etapa en la que quería ser Georgia O’Keeffe. Y un día mi profesora de arte se me acercó y me golpeó en la cabeza con un papel enrollado (¡Todos mis profesores me pegaban!) y me dijo: "¡Sos terrible! Nunca vas a ser artista. Sos una showgirl, salí de acá".

También eran como figuras maternas para mí. Christopher, mi profesor de ballet, fue el primer hombre gay que conocí. Bueno, el primero que supe que era gay. Una vez me sacó de clase y me llevó a un boliche gay, y me abrió los ojos a un mundo nuevo. No sólo a la cultura gay, sino también a la idea de que podés ser diferente.

El "corazón rebelde" sobre el que cantás, ese instinto tuyo, ¿de dónde creés que viene?

¿De ser una chica problemática? [Risas.] Haber crecido en un ambiente que yo consideraba que era provinciano, suburbano, con una mentalidad cerrada. Haber sentido que no encajaba, sentirme aislada. Así que si la gente no me aceptaba en la escuela, yo sólo iba a ir más lejos. Pensé: "Bueno, ya no les gusto. Así que váyanse a la mierda, yo voy ir más allá. ¿Qué te parecen estas axilas peludas?". Estaba en mi ADN. Y yo no tenía madre. Eso probablemente tenía mucho que ver, porque no era que mi mamá me decía: "No te portes así". Tenía un padre, hermanos más grandes. Tenía una madrina, pero no tenía ninguna relación con ella. Así que no tenía modelos a seguir.

También veías cómo tus hermanos gozaban de libertades que vos no tenías.

Sí. Mi padre era muy estricto conmigo, y yo veía una disparidad entre la libertad de mis hermanos y mi falta de libertad, o cómo yo tenía muchas responsabilidades y ellos ninguna. Y la iglesia católica, todas esas reglas… ¿Por qué yo tenía que usar un vestido cuando ellos podían usar pantalones? Yo le decía a mi papá: "¿Jesús me va a amar menos si uso pantalones? ¿Me voy a ir al infierno?". Yo quería saber por qué la gente seguía reglas ciegamente, o por qué las chicas tenían que actuar de un modo y los chicos no. ¿Por qué los chicos podían invitar a las chicas a salir y no las chicas a ellos? ¿Por qué las chicas tenían que afeitarse las piernas y los chicos no? ¿Por qué la sociedad establecía las cosas de determinada manera? Mi adolescencia entera estuvo plagada de por qués sin respuesta. Y puesto que nunca había respuestas, yo seguía incendiando todo… metafóricamente hablando.

Y después, apenas estuviste en el ojo público...

Bueno, seguí haciendo lo mismo. Porque entonces yo estaba en el escenario público del "¿por qué?". Y en esa época era onda: "Oh, te vestís como una zorra o una puta, así que seguro sos estúpida". O "estás promoviendo sexualidad y sos una puta, o estás haciendo esto para llamar la atención y no tenés talento". Otra vez, yo pensaba: "¿Por qué? ¿Por qué no puedo ser sexual e inteligente? ¿Por qué no puedo pavonearme en un escenario como Mick Jagger y que no me encasillen como una muñequita? ¿Por qué?". Otra vez.

O Prince, al mismo tiempo.

Exacto. Gracias, sí.

Respondías igual que en la secundaria: "¿No les gusta cómo me visto? Ahí tienen, ahí tienen un libro".

Lo mismo. Sí. Mi naturaleza es provocar, es verdad. No puedo evitarlo. Pero siempre es con buenas intenciones.

En tu documental de 2005, I’m Going to Tell You a Secret, llamabas a tu antiguo yo "una idiota", lo cual resulta muy duro.

Bueno, hay muchas cosas idiotas en mi antiguo yo y en mi yo actual. O sea, una siempre está siendo una idiota, admitámoslo.

¿Aceptaste un poco más a tu viejo yo desde entonces?

Sí, quizá. Ahora ni me acuerdo por qué me llamé a mí misma una idiota. Puedo ser muy duramente crítica conmigo misma. Depende de mi ánimo, y obviamente depende de dónde estoy en la vida. Sí, aceptarme… estoy trabajando en ello [risas].

¿No nos pasa a todos?

Nos pasa a todos. Exacto. Bueno, a alguna gente no. Sí. Hay gente que está medicándose todo el tiempo para no tener que aceptarse. Si no podés sentir, no podés aceptar.

¿Disfrutás todavía de la provocación? ¿Aún hoy?

Eh, sí [risas]. ¿Te gustaría que te provocara? O sea, no me preguntás eso porque no sabés la respuesta, ¿no?

Bueno, había una época en la que hablabas como si hubieras dejado eso atrás.

¿En serio? ¿Yo dije eso? Supongo que hubo una época en la que fui menos provocativa. Cuando estuve casada. Sí.

No había hecho esa conexión [risas].

Bueno, hacela [risas].

¿Qué había con ese matrimonio que te hacía sentir así?

Bueno, no creo que mi ex marido lo aprobara. O quizá no lo entendía. Creo que no entendía mi provocación. No era demasiado fan de que yo besara a Britney Spears en el escenario, por ejemplo. ¿Era provocativo eso? Creo que sí. O sea, ahora no lo sería.

Hubo una época en la que fui menos provocativa. Cuando estuve casada. Mi ex no era fan de que yo besara a Britney Spears sobre el escenario

En cierto nivel, él debía saber con quién se casaba.

Sí, pero creo que todos cometemos el error de pensar que vamos a cambiar a la gente cuando estamos con alguien. Pero no. La gente es como es. Y la gente cambia en su propio momento, ¿no?

Durante ese matrimonio, hubo una época en la que tomabas cerveza, lo cual es difícil de imaginar.

[Risas.] Sí, porque, es como dice el dicho: "Donde fueres, haz lo que vieres". Y cuando yo vivía en Inglaterra, intentaba acercarme a todo lo que fuera inglés, iba mucho a pubs. Si vas a un pub, mejor aprender a apreciar una ale.

Cómo hacés para balancear tu propia rebeldía con el hecho de ser una madre que tiene que hacer que sus hijos...

...hagan la tarea? Bueno, yo digo: "¿Querés cambiar el mundo? ¿Querés ser alguien?". Rocco admira a gente como Bob Marley. David admira a Michael Jackson. Y yo digo: "Tener educación es parte de ser un rebelde". Y también la disciplina, empezar un proyecto y terminarlo, es clave para hacer algo con tu vida.

Es un buen argumento. ¿Funciona?

Sí, funciona. Y después, por supuesto, la otra arma es: "Hay chicos en todo el mundo que se mueren de ganas de ir a una escuela, y no pueden, y vos estás acá quejándote. Callate y andá a la escuela". Ellos vienen conmigo a Africa y ven a chicos que van a una escuela que yo construí y ven lo agradecidos que están de poder caminar en una escuela descalzos y sentarse en un edificio de dos ambientes con sillas y mesas muy básicas. Y ven lo agradecidos que están de poder aprender, y eso les pone todo en su lugar.

Hace unos años, te preguntaron qué clase de mamá pensabas que serías, y vos dijiste: "Muy cariñosa, pero muy dominante".

¿Pero qué significa "dominante"? ¿Y qué madre no lo es? O sea, me involucro mucho en sus vidas, y opino un montón. Pero mi hija empezó la universidad, y eso es una lección para "dejarlos ser". Ya no puedo dominarla. Ella hace lo que quiere, y eso me ayudó a ser menos dominante.

Al revés de otra gente creativa, a vos parece faltarte ese impulso autodestructivo.

Todo el mundo tiene una naturaleza autodestructiva. El tema es si la alentás o no. No necesitás ser una popstar para conectarte con la destrucción o la autodestrucción. Pero la autodestrucción es obsesión con una misma, y esto no es posible si estás comprometida con la crianza de tus hijos. Y si tenés una vida espiritual, estás constantemente obligada a verte como un fragmento pequeño en un cuadro mayor. También, la idea de servir a la humanidad, ponerte en el lugar de gente que tiene menos que vos, pone la vida en perspectiva.

En este disco hay temas que son espirituales, y otros que son básicamente sobre coger.

¡Dijiste una mala palabra! ¿Son sobre eso los temas? No sé. Quizá no tendrías que tomártelos al pie de la letra.

Es justo.

¿Podrías ser más específico?

Bueno, está el tema "S.E.X." por ejemplo, y "Holy Water", sobre el sexo oral.

Pero cada vez que yo escribo algo sobre el sexo, lo hago un poco a la ligera. Esa es una de las cosas que la gente malinterpreta más groseramente sobre mí. "Holy Water" está hecha obviamente en broma.

Y en el disco, tenés canciones introspectivas y otras sexuales, una al lado de la otra, lo cual es interesante.

Originalmente yo quería hacer dos discos: uno iba a tener toda mi música provocativa, problemática, transgresora. Y en el otro iba a estar mi costado más romántico, más vulnerable.

Estás mostrando que podés ser espiritualmente ascendente y también estar...

...¿Interesada en el sexo?

Sí, supongo. Pero también capaz de cantar sobre ello y ser...

¿Y por qué no? Pero, de nuevo: yo desafío la convención de que no podés ser las dos cosas, o de que tenés que tener un determinado rasgo de personalidad. No hay ninguna ley que diga que no podés ser una persona espiritual y sexual. De hecho, si tenés la conciencia adecuada, el sexo es como una plegaria. Puede ser una experiencia divina. Entonces, ¿por qué tienen que ser cosas disociadas?

Si hay un tema que vos y, otra vez, Prince tienen en común ese entrecruzamiento de...

Sexualidad y...

Espiritualidad, sí. Dijiste "Like a Prayer", como una plegaria: ¿Hiciste esa referencia de manera deliberada?

No, cuando lo dije pensé: "Oh, acabo de hacer una referencia a una de mis canciones, ¡qué perfecto!". Tenía un maestro con el que estudié Kabbalah durante años, y teníamos charlas sobre el sexo. También quería entender el Corán, y estudié el Islam con un académico islámico. Y en el Antiguo Testamento, en el Corán, el sexo no es algo malo. Hay ciertos grupos religiosos que lo volvieron un acto pecaminoso. Yo siempre intenté abrirle la mente a la gente a la idea de que el sexo no es algo de lo que haya que avergonzarse.

Recibiste muchas críticas por mover la cultura hacia donde está ahora, por cosas que ya no son shockeantes.

Bueno, acordate de lo locos que se pusieron todos cuando salió [el documental] Truth or Dare, y ahora todo el mundo tiene un reality show, y nadie lo piensa dos veces. Y también me hicieron tanto quilombo por el libro Sex, y nadie la molesta a Kim Kardashian. Es una locura. Así que creo que yo tenía que ser el chivo expiatorio.

¿Hasta qué punto te caracterizarías como judía? ¿Es una buena etiqueta para vos?

[Risas.] No, no estoy afiliada a ningún grupo religioso específico. Me conecto con diferentes aspectos rituales de diferentes sistemas de creencias, y veo el hilo conductor entre todas las creencias religiosas. No me convertí al judaísmo. Estudié la Kabbalah, como sabés, por muchos años, así que hay muchas cosas que yo hago y que uno podría asociar al judaísmo. Escucho la Torá todos los sábados. Respeto el Shabbat. Digo ciertas plegarias. Mi hijo tuvo su bar mitzvah. Así que parezco judía, pero estos rituales están conectados con lo que yo llamo la conciencia del Arbol de la Vida, y tienen más que ver con ser israelita, no judía. Las tribus de Israel existían desde antes del judaísmo, hay que repasar la historia... Entonces, ¿soy judía? O sea, alguna gente va a decir: "Hacés un montón de cosas que hacen los judíos", pero yo les diría que hago un montón de cosas que existían desde antes del judaísmo. Y creo que lo que practico tiene que ver con algo más profundo que la religión, que reúne a todas las religiones, incluyendo el judaísmo. Y el cristianismo. Y el Islam.

Bueno, tenés una cruz.

Me gustan las cruces. Soy muy sentimental con el tema de Jesús en la cruz. Jesús era judío, y también creo que era un catalizador, y creo que ofendía a la gente porque su mensaje era amar al prójimo como a ti mismo; en otras palabras, nadie es mejor que nadie. Aceptaba a todas las personas, fuera un vagabundo o una prostituta, y advirtió a un grupo de judíos que no estaban respetando los principios de la Torá. Así que ponía nerviosos a muchos.

Un corazón rebelde, podrías decir.

Era claramente un corazón rebelde.

¿Qué te parece Kanye West, que co-produjo tres de tus canciones nuevas?

Es un loco brillante. No lo puede evitar. No tiene los mismos filtros que tiene la gente. El necesita tirar las cosas que tira: siempre dice cosas inapropiadas. Pero también tiene ideas brillantes en el estudio, si conseguís que preste atención el tiempo suficiente. El iba y venía. Me volvía loca, porque tiene mil cosas en su vida en este momento. Y ése parecía ser el tema de mi disco, trabajar con gente que no puede soltar su teléfono, que no para de tweetear, que no se puede concentrar y terminar una canción. Me volvió loca. Yo estaba dando vueltas con un cazamariposas. Pero creo que la industria de la música lo necesita, porque todo el mundo se ha vuelto tan políticamente correcto, tan seguro. No siempre estoy de acuerdo con las cosas que él dice o hace. Incluso no siempre me gusta su música. Pero él es un caos hermoso. Lo amo.

¿Te ves en él, o al menos una versión tuya de hace tiempo?

La verdad que no.

Nunca irrumpiste en escenarios.

Bueno, creo que él se toma las entregas de premios demasiado en serio. A mí nunca me importó quién gana o quién pierde, porque no creo que sea tan importante, honestamente. Así que no me puedo identificar con esa parte suya. O sea, ¿qué sentido tiene pelear por alguien onda "esta persona debería haberlo recibido"? ¡No vayas a buscar justicia en una entrega de premios!

Estuviste con Taylor Swift en los Grammy. Y se me ocurrió que al ser ella una especie de Madonna, quizás ella sí se parezca en realidad a vos. Tu ombligo era crucial en los ochentas, y para ella es crucial no haber mostrado el suyo.

¿A propósito? No me había dado cuenta. Ella tiene opiniones, y va contra la norma. Así que en ese sentido es igual a mí, sí. También, la gente está jodiéndola todo el tiempo porque piensan que es toda santurrona y perfectita, así que por supuesto que quiero apoyarla.

En cierta forma, cualquier popstar joven puede ser considerada un reflejo deformado de vos. ¿Cómo procesás eso en tu cabeza?

Hay una parte de mí que tiene celos, onda: "Oh, es tanto más fácil ser famosa ahora, es tanto más fácil decir cosas ahora". Pero, por otro lado, también es más difícil, porque no tenés la oportunidad de descubrir quién sos como intérprete sin una gran audiencia. En mi época de crecimiento, no había internet, no había redes sociales, nada. Era show tras show, y esperar que algún día alguien se fijara en vos. Todo ese tiempo que ponés te hace desarrollarte, y lo hacés de manera anónima. Y eso ayuda, no sólo en tu crecimiento como artista sino también en tu psique, tu confianza en vos misma. Que te juzgue y te elija el público cuando tenés 18 años... no envidio a esas chicas. Es demasiado.

Por otra parte, pareciera que uno de los pocos prejuicios aceptables en el pop, y en el mundo en general, es el de la edad.

Es la última gran barrera, ¿no? Peleamos con el movimiento de los derechos civiles, peleamos por los derechos de los gays. Hay tanta corrección política, que nadie pensaría en juzgar a alguien porque es gay o porque es negro o porque es musulmán o lo que sea. Pero hay una única área en la que todavía podés discriminar totalmente a alguien: la edad. Pero sólo a chicas. No hombres. Así que en ese sentido vivimos en una sociedad muy machista.

La gente tiende a admirar los esfuerzos físicos de Jagger o Springsteen, pero con vos es diferente. Eso podría considerarse una doble moral descarada.

Sí, es extremadamente descarada.

¿Entonces vos lo ignorás? ¿Cómo lidiás con eso?

No lo ignoro. Lo noto. Pienso: "Qué interesante...". Nadie se animaría a decir algo degradante en Instagram sobre alguien por ser negro o gay, ¿pero sí por mi edad? Cualquiera puede decirme algo degradante. Y yo siempre pienso: "¿Qué diferencia hay entre eso y el racismo, o cualquier otro acto de discriminación? Me juzgan por mi edad. ¿Por qué es aceptable eso?". No lo entiendo. Le estoy dando vueltas al tema porque no lo entiendo. Las mujeres de mi edad, en general, aceptan que no pueden comportarse de determinada manera. Pero yo no sigo las reglas. Nunca lo hice. No voy a empezar ahora.

Así que, por ejemplo, cuando sale tu culo en la alfombra roja..., ¿estás deliberadamente ostentando la idea de que...

Sí, "así es el culo de una persona de 56 años, hijos de puta".

Bueno, o sea, así es el tuyo. Quizás no el promedio...

Bueno, ¿sabés qué? Podría ser el promedio algún día. Ahí está el tema. Cuando hice el libro Sex, no era el promedio. Cuando toqué "Like a Virgin" en los MTV Awards y se me levantó el vestido y se me vio el culo, fue considerado un escándalo total. Nunca era el promedio, y ahora lo es. Cuando hice Truth or Dare y las cámaras me seguían, no era el promedio. Así que si tengo que ser la persona que les abre las puertas a las mujeres que creen y entienden y se aferran a la idea de que pueden ser sexuales y verse bien y ser tan relevantes a los 50 años o a los 60 como lo eran a los 20, entonces genial, lo seré.

En la letra de "Joan of Arc" vos decís: "Cada vez que me sacan una foto pierdo una parte que no puedo recuperar", lo cual suena un poco como la vieja actitud de Sean Penn con la prensa.

Hay algunos sistemas de creencias místicos que consideran que sacar fotos es sacarle un aspecto al alma, pero también está la idea de que cada vez que te captura una foto, luego se hacen millones de presunciones sobre vos, y quedás para siempre congelada en ese momento, y te perciben como la encarnación de ese momento. Y eso, por supuesto, es una ilusión.

Y a veces ese momento te responde, como en "Birdman" supongo.

Sí [risas]. Exactamente. Es una paradoja. Me encanta que me saquen fotos, o mejor debería decir: me encanta el arte de la fotografía. El tema es que a veces la gente saca fotos de vos, las roba, y después presume o asume cosas a partir de una imagen. Las palabras nunca pueden recuperarse, las fotos nunca pueden recuperarse, nada se puede recuperar.

¿Pensás en la mortalidad?

En cierta forma, nunca me voy a morir. Porque el arte es inmortal. Lo que dejamos atrás, y lo que creamos: la energía que ponemos en el mundo es eterna. El cuerpo físico se arma como una silla o un edificio o una flor, pero las revoluciones que iniciamos, la gente a la que afectamos e inspiramos, eso es eterno. Así que en ese sentido alcanzamos la inmortalidad, y eso hace que tenga menos miedo.

¿Cómo querés que se vean los próximos cinco o diez años de tu vida?

Quiero seguir creciendo o viviendo la vida al máximo mientras esté en este plantea. No tengo un plan específico. Quiero ser una buena madre, quiero que mis hijos crezcan bien, quiero seguir creciendo como artista. Y espero tener siempre la capacidad de crear arte, y vivir en un mundo donde pueda expresarme libremente e inspirar a la gente. No sé qué forma puede tomar esto.

¿Estás abierta a enamorarte de nuevo?

Definitivamente. Sí.

Respondiste muy rápido.

Con el amor no dudo un segundo. Yo vivo para el amor, baby. ¡Vamos! ¡Fijate en mis canciones!

Por Brian Hiatt

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