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Qué le espera a Mariana González como autoridad en Vías Navegables

Emiliano Galli
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14 de abril de 2015  

El ministro de Economía Axel Kicillof se excusó con la Administración General de Puertos (AGP), respecto de la continuidad en el llamado a licitación de la terminal 5 del puerto de Buenos Aires, al decir que no podía, en los pocos meses que le quedaba de gestión, comprometer los próximos 30 años del principal puerto de contenedores del país, el único bajo jurisdicción federal. Así, su primera medida como jefe absoluto de un área que le es tan lejana a su cartera como el fútbol, y tan cercana como los museos, fue la suspensión de la licitación. Por las dudas.

En este contexto, suena curioso que se le dé crédito a la versión que el (todavía) subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el empresario naval Horacio Tettamanti, y su equipo dejaron trascender luego del encuentro con la secretaria de Coordinación Económica y Mejora de la Competitividad, Mariana González: la buena predisposición para avanzar en un plan de centralización de la administración del sistema logístico portuario, en buen romance, la nacionalización de los puertos.

Si Kicillof no quiso decir "siga, siga" con la licitación de la concesión en una terminal en cuya preparación no participó, difícilmente cobre falta, eche al jugador que hizo la infracción, patee el penal y lo ataje: no le queda tiempo para, después, aplaudirse también.

Si González realiza una auditoría a conciencia, lo primera que verá es que Tettamanti no sólo estaba al frente de los Puertos (en rigor, administrados por las provincias) sino de las Vías Navegables (área encargada de dragar "y mejorar la competitividad" de esos puertos).

Allí, el panorama es desolador.

Edgardo Arrieta, jefe del distrito Rosario del Sindicato de Dragado y Balizamiento es lapidario: "Esta fue la peor gestión (de Vías Navegables", dijo a La Nacion, y enumeró: el remolcador 298 B está "tirado" hace 11 años en Corrientes; la 332 se usó para "colaborar" con repuestos de la draga que está en Corrientes; el 279 no tiene baterías, y la lista continúa.

González deberá lidiar ahora con años de abandono del plantel de dragas y remolcadores estatales, faltos de gasoil, baterías, cabos de amarre y comida para el personal embarcado. "Los cascos de los barcos están destrozados y se hunden en las reparticiones, y si no se hunden es porque no hay profundidad por falta de dragado: están apoyados", ilustró.

Insulta la oratoria grandilocuente que pide más Estado cuando falló el Estado hasta en el envío de lamparitas para las dragas.

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