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El yin y el yang, en confrontación

Moira Soto
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16 de abril de 2015  

Ficha técnica: Las mutaciones / Autora: Valeria Correa / Directora: Lorena Ballestrero / Intérpretes: Lorena Vega, Leonardo Murúa / Iluminación: Ricardo Sica / Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo / Música: Pablo Bronzini / Coreografía: Verónica Litvak / Sala: Teatro del Abasto / Funciones: los jueves, a las 21 / Duración: 50 minutos.

Nuestra opinión: muy buena.

Escribir un texto teatral inspirado en 12 de los 64 hexagramas del I Ching, milenario libro oracular chino, para referirse a las distintas estaciones del amor de una pareja treintañera contemporánea, ya supone una tarea asaz desafiante, muy apartada de caminos trillados. Y que ese texto se encuentre con una dirección que lo abra mediante un lenguaje escénico depurado y esclarecedor, donde todos los componentes de la puesta convergen y se potencian afortunadamente, resulta un acontecimiento digno de celebrar.

Vale destacar que aunque este espectáculo remite al citado Libro de las mutaciones (alrededor del 1200 a.C.), no hace falta estar al tanto de ese sistema de signos y símbolos para interesarse en las vicisitudes de la relación amorosa entre un hombre y una mujer, que ella repasa, observa desde el presente: los diálogos, los soliloquios, las situaciones resuenan familiares, reconocibles e, incluso, permiten circular un humor implícito que mitiga las tensiones de esta dupla en crisis. No por azar la figura de líneas plenas y fraccionadas que aparece en el programa de mano, diseñado por Antú Martín, es el hexagrama que representa el conflicto.

Se trata de la primera obra que Valeria Correa -integrante de Piel de Lava- escribe en solitario, en 2012, en el taller de la carrera de dramaturgia de la EMAD, a cargo de Luis Cano, quien se la acerca a Lorena Ballestrero. La directora aguardó el momento propicio para representar este texto cuyas escenas -aunque no se informa de este dato al espectador- llevan nombres de hexagramas (El progreso, Lo adherente, Lo receptivo, etcétera), y en el transcurrir de las situaciones se deslizan oportunamente citas del I Ching (en boca del hombre y la mujer, en la inscripción de una remera, en la lectura de un periódico...). Ciertamente, la sabiduría intemporal que destila este antiquísimo sistema adivinatorio permite que se lo siga consultando en la actualidad. En el espectáculo, el hombre y la mujer, el yin y el yang, se reúnen, se confrontan, divergen bajo la mirada irónica, un dejo desencantada de ella.

Ballestrero supo conducir con pulso sostenido y una libertad creativa que nunca desatiende la estricta síntesis, rodeándose de colaboradores que están a la altura de esta aventura tan fascinante como audaz. En la actuación se perfilan netamente Lorena Vega y Leonardo Murúa: ella levemente distanciada y un poco de vuelta desde el presente; él, convocado a este repaso de avatares del pasado, responde con sanguínea espontaneidad, como ignorando lo que el futuro le ha de deparar. El notable diseño escenográfico de Rodrigo González Garillo evoca el Revolving Vane (1968), de la gran artista minimalista Charlotte Posenenske: una estructura geométrica con puertas que giran sobre sí mismas, transformando alternadamente ese espacio en cuarto de hotel, ascensor. Pablo Bronzini aporta desde la música un tema principal que va variando según las circunstancias, con alguna sutil sonoridad oriental, a la vez que fluctúan intencionadamente las luces de Ricardo Sica. Verónica Litvak coreografió algunos pasos de tango para esta pareja en pugna que se abraza, intercambia roles en esos fragmentos de un pasado que los unió, los desunió.

http://guia.lanacion.com.ar/teatro/obra/las-mutaciones-ob20609

Por: Moira Soto

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