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Oscura y fascinante

Hernán Ferreiros
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18 de abril de 2015  

Marvel's daredevil / Creador: Drew Goddard / Elenco: Charlie Cox, Vincent D'Onofrio, Elden Henson, Deborah Ann Woll, Vondie Curtis-Hall / Disponible en netflix.

Nuestra Opinión: Muy Buena

Coproducida con Marvel y creada por Drew Goddard ( La cabaña del terror) y Steven S. DeKnight ( Espartaco), Daredevil, la nueva serie de Netflix, olvida la abismal película con Ben Affleck de 2003 (una pena que quienes la vieron no consigan hacer lo mismo) y vuelve a las fuentes. Tanto temática (el conflicto religioso, la ambigüedad moral de los villanos) como formalmente (el estilo noir, las composiciones en contraluz con el fondo de ventanales de colores), la serie remite a las historietas creadas por Frank Miller sobre el personaje con un grado de filiación que no se corresponde con el somero "agradecimiento" que este autor recibe, junto con todos los otros dibujantes del título, al final de cada episodio.

En 1981, Miller hizo por Daredevil (hasta entonces un Spiderman de segunda selección y sin el superpoder de conseguir lectores) lo mismo que tiempo después haría por Batman: tomó un personaje irrelevante y sin dirección, lo transportó a un contexto de realismo sucio similar al de la novela negra y lo colmó de problemas humanos. No estuvo de más que recargara la ilustración de dinamismo y vitalidad, ni que tuviera buen oído para el diálogo seco y lacerante en el tono del novelista Mickey Spillane. El resultado fue una de las primeras historietas de superhéroes considerada ya no una distracción colorida para niños y analfabetos, sino una forma de literatura popular. También fue el origen del superhéroe "oscuro", que dio un nuevo comienzo al maltratado rubro de los justicieros con calzas en los años 80.

Uno de los aportes de este autor fue una idea más realista del "poder" en los cómics, que ya no es tanto la habilidad de levantar cosas pesadas como el poder económico y político de una megacorporación, contra el que un buen jab de derecha no tiene demasiado efecto. La lucha metafórica entre estos dos poderes desiguales en la historieta tiene su correlato en la lucha desigual de los creadores del mundo real por retener la propiedad intelectual de lo que inventan, frente a la voracidad de los supervillanos como la compañía Marvel. Paradójicamente, el "agradecimiento" a Miller por usar despreocupadamente sus invenciones muestra que, mientras en esta ficción el héroe triunfa sobre el poder corporativo de los malos, fuera de ella pasa justo lo opuesto.

También hay que reconocer que esta serie no se agota en una buena traducción de las ideas del creador de Sin City. La puesta en escena es competente y rica: se luce especialmente en el segundo episodio durante una prolongada pelea del protagonista contra una patota que es una cita deliberada de la igualmente excesiva e inolvidable pelea de Oldboy (2003) de Park Chan-wook. La serie, sin embargo, no avanza al paso de una película de acción. Su andar es más lento porque Netflix no cree en la gratificación inmediata y reserva los mayores placeres (por ejemplo, ver al personaje vestido con su uniforme) hasta avanzados los capítulos, como para dificultar que abandonemos. Esta vez nos evita el juego histérico de coser los episodios con la promesa permanente de una revelación que nunca llega.

Hay cliffhangers, pero la serie se siente con la continuidad de un largometraje llevadero de trece horas, (si tal cosa fuera posible) en parte porque toda la temporada se ocupa de un solo arco argumental. De hecho, los creadores señalaron a The Wire, que hacía lo mismo, como una de sus inspiraciones. También tienen en común el verosímil naturalista, la locación áspera, el foco en la corrupción del procedimiento policial y los secundarios de más de una dimensión (que, como se dijo, es lo que incorporó Miller a la historieta). Esto no quiere decir que Daredevil sea tan compleja o sutil como la serie de David Simon. Es The Wire con un superhéroe, algo tan absurdo como fascinante.

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