Eddie Fitte. "Siempre fui un tipo muy inseguro"

Con 27 años es uno de los jóvenes que refrescó la imagen de los noticieros; está por publicar un libro y es la nueva cara de Bolivia
Lila Bendersky
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18 de abril de 2015  

A Eddie Fitte le sonó el celular un domingo a las 7 de la mañana. Atendió, pero le cortaban cada un minuto. Fueron tres llamadas y en la última le decían que si quería información del gobierno argentino tenía que viajar el martes a Brasil. Intuía que se trataba de alguien del entorno de Edward Snowden, el ex agente de inteligencia que filtró programas gubernamentales de espionaje masivo de los EE.UU, y a quien estaba tratando de contactar hacía seis meses para una entrevista. No se equivocó. Viajó y el equipo del ex agente de la CIA le mostró información que revelaba que el gobierno de Gran Bretaña espió entre 2006 y 2011 a funcionarios argentinos. Y, así, se desató un escándalo internacional que lo tiene como uno de los protagonistas aun "sin saber bien por qué me eligieron para difundirlo", confiesa más tarde.

Con una imagen descontracturada y un lenguaje más coloquial, Fitte logró un lugar en el noticiero de El Trece, Telenoche y En síntesis, como cronista y especialista en redes sociales. Esta suerte de periodista rocker lo llevó a convertirse en la cara de la marca de ropa Bolivia. Con informes que oscilan entre un hombre que vive con leones en África hasta cubrir el movimiento de los indignados en España, su carrera es tan vertiginosa como los temas que elige abordar. Ahora, el "chico de los tatuajes del noticiero" como lo reconocen en la calle se prepara para un nuevo desafío: en mayo presenta su primer libro Un culo en mi ventana, editado por Planeta, en la 41a. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires .

-Hiciste informes de todo tipo, ¿con cuál te quedás?

-Mi laburo preferido sigue siendo la cobertura en 2011 de las revoluciones estudiantiles en Chile y los indignados en Roma y Madrid. Fue un momento de gran ebullición política. En España, estuve dentro del hotel Madrid porque los pibes que estaban ahí me dejaron entrar, a diferencia de otros medios, porque yo había empatizado con ellos por una cuestión generacional. Lo de Snowden va a ser de los trabajos más grandes que hice o que vaya a hacer en mi vida. Básicamente, porque no me dedico al periodismo de investigación y no quiero dedicarme. Quiero seguir haciendo siempre lo mismo. Seguiré comunicando los temas que me interesan a mí.

-Formás parte de una camada de jóvenes Sub 30 que dan cuenta de un tipo de periodismo más descontracturado. ¿Qué creés que les aportaron a los noticieros?

-Les aportamos dos cosas: otro tipo de estética y lenguaje. Ahora, ves un noticiero y te encontrás con tatuajes, menos formalismos, más risas al aire, palabras tipo "chabón" o "boludo". Ese lenguaje tampoco me parece tan nuevo. Es un lenguaje que manejó Lanata en los diferentes trabajos que fue haciendo. Ahora, hay muchas caras nuevas manejando los temas de otra manera como Diego Leuco, Jonathan Viale, Nicolás Wiñazki.

-¿Siempre fuiste un poco rebelde?

-Tuve una rebeldía muy comprada sin saber contra qué. Una rebeldía imitativa, de repetir cosas que veía tanto de mis referentes musicales como literarios, de imitar lo que me llamaba la atención de personajes que me atraían mucho. Nunca me tomo nada muy en serio, casi te diría como un sistema de autodefensa: si me río de todo lo que hago va a ser muy difícil que me duela algún tiro. Igual, todo me duele por igual. A pesar de todo, era un pibe reaplicado en el colegio, terminé con promedio 9,40.

-¿Le das mucha importancia a la imagen?

-Me ubican como el chico tatuado de los noticieros. Si bien yo ya era así, me interesa ver qué es lo que le llama la atención a la gente de mí para no cambiarlo. De repente, veía que si en algún lugar me tocó aparecer con camisa en redes sociales ponían: "Che, te vendiste". Me preocupa no venderme, no dejar de ser quién soy. Creo que no me va a pasar. Aplica a la ropa, como a la forma de hablar o los tatuajes. La mirada del otro tiene mucho peso en mí. Siempre fui un tipo muy inseguro y lo sigo siendo. Ahora, al estar tan expuesto, la mirada del otro me da miedo, me determina. Abro Twitter para ver qué dicen y me da pánico, pero no puedo no hacerlo porque siempre necesite la mirada del otro.

-¿Y los tatuajes qué significan?

-Siempre me tatúo ante grandes hechos: buenos o malos. Festejo o catarsis. El tatuaje más grande que tengo es el de la espalda y me lo hice cuando se murió mi viejo. El dolor es muy catártico. Mi viejo era mi gran compañero, me metió en la escritura, me aconsejaba qué hacer. Terminé de consolidar el luto después de un año de estar tatuándome, matándome la espalda entre sangre y lágrimas.

-Tenés tatuado a Ignatius J. Reilly, el protagonista del libro La conjura de los necios. ¿Hay un poco de su mirada cínica en tu manera de ser?

-Muchísimo. A pesar de no serlo, siempre quise sentirme incomprendido. Si bien Ignatius J. Reilly es la exacerbación total del incomprendido, loco, maníaco. Me encantaría ser así. Sé que no es así y que no soy un personaje tan andrógino como me gustaría serlo. Creo que es esa mirada la que me dio laburo, la que me permitió escribir en el blog El desagradable hasta llegar a Snowden. Es una mirada de no tomarse en serio nada.

-¿Qué vamos a encontrar en tu primer libro, Un culo en mi ventana?

-Está basado en historias reales de mi pasado de chico country. Viví hasta los 18 años en Pilar, fui a un colegio privado y siempre formé parte de la burbuja superpudiente de la Argentina. Ahí, conocí muchas historias que siempre me llamaron la atención. Cuando salí de la burbuja y nos vinimos a vivir a Capital empecé a escribir sobre esas historias. Son nueve cuentos con nombres cambiados que dan cuenta de lo peor de la high society con un poco de hiperrealismo sucio de los escritores que más me gustan como John Fante, Charles Bukowski y William Burroughs. Este libro lo terminé en 2010. Lo presento en la Feria del Libro con Diego Parés, el dibujante de Barcelona, que me hizo las ilustraciones, y Zambayonny, quien hizo el prólogo.

-Libro, televisión y modelo de la marca Bolivia, ¿qué sigue?

-Mi objetivo es que la gente busque escuchar mi voz en torno a distintos temas, en cualquier plataforma: sea un blog, sea en mi Twitter, sea en la televisión. No tanto para formar opiniones, sino que quieran o les divierta otro tipo de mirada y que esa voz sea conocida. No me interesa ser masivo. Me encantaría hacer radio y seguir siendo yo sin traicionarme.

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