Música para el alma

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19 de abril de 2015  

Encomiable es la labor que desarrolla una orquesta que se identifica mediante una leyenda inscripta en las remeras de sus integrantes: "Música para el alma". Se trata de un conjunto sinfónico y un coro que, a partir de 2011, comenzó a ofrecer conciertos para personas que padecen de severos problemas de salud, internadas en hospitales y sanatorios. El mismo conjunto ha llevado también su habilidad artística a quienes están en hogares, establecimientos de educación especial, geriátricos y cárceles. Lo que procuran los componentes de este grupo musical es trasmitir el mensaje de bellas partituras que ayuden a mitigar dolores, elevando el ánimo de los pacientes. El mérito que se revela en una conducta tan solidaria y desinteresada merece, sin dudas, el mayor reconocimiento.

El punto de partida de esta expresión de buena voluntad al servicio de personas que sufren lo ha organizado Jorge Bergero, músico de la Orquesta Estable del Teatro Colón, cuya compañera, María Eugenia Rubio, integrante a su vez de la Orquesta Nacional de Música Juan de Dios Filiberto, se encontraba muy enferma. Según relató Bergero, cuando su pareja se hallaba en el último tramo de su vida, pudo organizar un grupo de músicos que dio el primer concierto solidario en la Fundación Salud, donde María Eugenia se hallaba internada. En esas circunstancias, pudieron apreciar los ejecutantes y el auditorio el positivo efecto de las partituras elegidas en el ánimo de los pacientes.

El éxito de la iniciativa alentó su continuidad. La enferma que motivó la labor solidaria de los músicos no podía acompañarlos como flautista, que era su especialidad, pero todavía podía cantar, pues la música la ayudaba a vencer el dolor. Al producirse el deceso de María Eugenia, Bergero siguió adelante con la tarea iniciada. Los miembros de la orquesta, que sienten su labor como misión de transmitir "la música para el alma" a quienes sufren, vienen realizando presentaciones formales desde agosto de 2012. En ocasiones su actuación ha tenido verdadera magnitud, como ocurrió a fines de 2014 en el hospital Garrahan, donde se reunieron 130 ejecutantes. El impulso que ha movido esta actividad ha logrado establecer una red de conciertos solidarios que tuvieron lugar en distintas ciudades y en países limítrofes. Los pedidos se multiplican y se solicitan, también, conciertos de música popular, como tango y folklore.

El crecimiento de esta iniciativa reclama algo más: contar con transporte propio, a fin de poder ampliar el radio de presentación de esta orquesta que comunica "energía sanadora". Es un llamado a la solidaridad del país.

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