Debate presidencial, asignatura pendiente

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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19 de abril de 2015  

Lo más jugado que se recuerda en materia de debates en la Argentina fue cuando se enfrentaron Dante Caputo y Vicente Saadi, en 1984, antes del plebiscito para definir el diferendo limítrofe por el canal de Beagle, con Chile. El cara a cara entre Antonio Cafiero y Juan Manuel Casella cuando, en 1987, peleaban por la gobernación bonaerense (que terminó ganando el primero), también tuvo lo suyo.

Pero nunca hubo en toda la historia argentina un debate presidencial. Jamás.

En las antípodas están los Estados Unidos, que, sin necesidad de ley alguna, desde que un malhumorado y algo desaliñado Richard Nixon perdió frente al más fresco y carilindo John Kennedy, en 1960, a nadie se le ocurre esquivar los debates presidenciales (¡ni siquiera en House of Cards!).

A nivel local, TN, el canal de noticias del Grupo Clarín, intenta erigirse como la tribuna habitual para estos encuentros, ya que viene aplicando, desde hace años, ese tipo de formato, aunque en instancias inferiores a la presidencial. De hecho, el miércoles último tuvo lugar el descafeinado debate entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. La semana anterior había tenido lugar el aún más calmo intercambio entre los candidatos de ECO, Martín Lousteau, Gabriela Ocaña y Andrés Borthagaray.

Intratables se burló al contrastar las excesivas amabilidades entre los contrincantes locales y las rispideces de los debates en otras latitudes. Para el miércoles próximo la producción de A dos voces tenía previsto hacer el debate con los precandidatos para jefe de gobierno porteño del Frente para la Victoria, pero las negociaciones se empantanaron.

Igual TN apunta todavía más alto y por eso ya en octubre del año pasado les hizo firmar en cámara a los principales precandidatos presidenciales un compromiso para debatir en esa señal. El único que no lo hizo fue Daniel Scioli, un pequeño acto de rebeldía que impresionó por el contraste con su acostumbrada mansedumbre, aunque en esa ocasión se apuró a aclarar verbalmente que no tendría problemas, llegado el momento, de intercambiar opiniones frente a sus eventuales competidores en la carrera hacia la Casa Rosada.

Las 1200 personas que participamos el lunes último de la cena aniversario por los 15 años del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) brindamos un aplauso sostenido a la iniciativa de la entidad para que se lleve a cabo, por fin, el primer debate presidencial de la historia argentina. En tal sentido, Fernando Straface, director ejecutivo de Cippec, anunció durante el evento que ya están trabajando en un acuerdo de cooperación con todos los canales de TV abierta para hacer realidad este grave faltante de la democracia recuperada en 1983.

Lo más cercano que estuvimos de esa posibilidad fue cuando Carlos Menem y Eduardo Angeloz iban a confrontar en Tiempo Nuevo, el programa de Bernardo Neustadt, en 1989. El frustrado episodio pasó a la historia como "la silla vacía", ya que el riojano faltó a la cita y prefirió concurrir al programa a la semana siguiente, pero ya como presidente electo.

Un completo dossier de www.argentinadebate.org recuerda que tras el primer debate en EE.UU. en 1960 se plegaron al nuevo formato Venezuela (1963), Países Bajos (1967) y Canadá (1968). Desde fines de los 80 se sumaron varias democracias nacientes en América latina (lástima que el Frente Amplio, en Uruguay, le quita el cuerpo desde que está en el poder; ídem, Evo Morales, en Bolivia, y los chavistas, en Venezuela) y a comienzos de este siglo se incorporaron a esta buena costumbre cívica países de América Central como Costa Rica, El Salvador y hasta Haití.

El contraste de la Argentina con Brasil en este tema es directamente humillante: para las últimas elecciones las cuatro grandes cadenas televisivas de ese país (Globo, Bandeirantes, Record y SBT) organizaron cinco debates presidenciales para la primera vuelta (con siete candidatos cada uno) y cuatro para la segunda, limitados a los finalistas, la reelecta Dilma Rousseff y Aécio Neves.

En Chile, es Anatel (Asociación Nacional de Televisión), que agrupa a los canales de aire, la que invita a un periodista por canal de TV. Algo parecido sucede en España, donde los debates se realizan con intermitencias, bajo el comando de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión, con transmisión abierta para todos los canales que deseen sumarse. En Gran Bretaña, han preferido organizar un debate por cada cadena principal (BBC, ITV y Sky), aunque para la actual campaña David Cameron aceptó participar de uno solo.

Las condiciones para que este año el debate presidencial tenga su bautismo de fuego en la Argentina son óptimas porque los tres candidatos con más chances para alcanzar la primera magistratura (Scioli, Macri y Massa) comparten algunas características: son mediáticos, se muestran contemporizadores, tienen afinidades generacionales y comparten cierta visión superadora de no ejercer la política desde un lugar de conflicto permanente como propone el poder actual. Ojalá se haga.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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