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El final de María: la agonía contada por Twitter

Martina Rua
Martina Rua PARA LA NACION
En la red social del ego y las chicanas , no buscó agradar
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21 de abril de 2015  • 17:07

Aunque aquí el cielo de otoño es celeste y el sol lo baña todo, ahí, del otro lado de la pantalla, el cuerpo recién muerto de una mujer termina una agonía de más de ocho meses.

En septiembre del año pasado María Vázquez se enteró que padecía un cáncer de ovarios con metástasis. Apenas regresó del médico con la irreversible noticia tomó una decisión. Hacer de su "larga enfermedad", eufemismo que aborrecía, un show. Sí, así lo llamó. Lanzó la noticia a través de cuatro tuits. "En la siguiente media hora me llegó una cantidad de mentions y dm como nunca había recibido en mi vida. Me tuve que ir a llorar al baño. Capaz suena ridículo. Al 90% de la gente que me escribió no la vi jamás en persona pero compartimos muchos momentos inolvidables juntos", relató en una nota detallada en la publicación digital La Agenda que le dio miles de seguidores en su perfil de Twitter @kireinatatemono.

Hubo de todo. Gente armando cadenas de oración, otros insultándola por ser tan cínica (sí, Twitter también es eso) y otros tanto que con una horrenda mezcla de pena, admiración y curiosidad la incluimos en nuestro timeline diario. "Facebook es para perritos perdidos y fotos de bebes. Instragram es para hacer un recorte estético de la vida. Twitter es para exagerar y discutir horas si tampón o toallita, sí, pero también para contar qué me pasa", dijo y no paró de contar hasta que las fuerzas la dejaron el 10 de abril. Tan brutal como adictivo fue entrar a leer su usuario cada día. Con la pregunta íntima que no nos animamos a hacer en voz alta. ¿Sigue viva María?

María Marie, como eligió llamarse en Twitter, no embelleció nada en su relato. Habló de su cuerpo y sus padecimientos, con un humor imposible. Lo tiró en nuestra pantalla como el carnicero que exhibe una carne cruda y obscena. Tan real, tan humano fue su relato que muchas veces me encontré tapándome a medias los ojos para seguir leyéndola. Quizás esa sea una de las razones por las que miles la leímos. No había pose. En la red social del ego y las chicanas , Marie no buscó agradar. Se rió de su desgracia e insultó a cada seguidor que le mandaba fuerzas espirituales u ositos de peluche. "Sin ofender a ninguno, les voy a decir LA frase que detesto escuchar: va a estar todo bien. Todo bien las bolas", dijo en febrero.

Pudimos oler la comida de hospital, la lavandina que desinfectó su habitación. María fue una cronista aguda de su agonía

Muchas veces al leerla recordé el concepto que, aunque es de Lacan, conocí a través del trabajo de la antropóloga Paula Sibilia: extimidad, la intimidad como espectáculo. Y aunque la definición habla de una "narcisismo exacerbado" que deriva en sociedades que privilegian las "apariencias" por sobre las "esencias", María lo resignificó totalmente y se mostró sin agregar brillantina ni filtros cálidos de Instagram. Pudimos oler la comida de hospital, la lavandina que desinfectó su habitación. María fue una cronista aguda de su agonía.

Hubo tardes que cerraba su participación online con frases que nos dejaron perplejos frente al teléfono. "Disculpen que no siga escribiendo, pero quiero terminar este libro no vaya a ser cosa que...". "Esperá que me arranco la morfina y voy..." Respuestas picantes y burlonas a seguidores que reaccionaron entre el enojo y la compasión.

Una mujer irreverente, madre lectora que, durante su enfermedad, le escribió un libro a su pequeño hijo para que pueda conocerla. Una tuitera sagaz y brutal dejó su cuerpo hoy "con el puño apretado y una sonrisa", como contó su marido Sebastián que entendió el puente tremendo que María construyó con nosotros, completos desconocidos que nos sentimos convocados a acompañarla. No, seguir en Twitter no es acompañar, aunque a veces se sienta así. Durante meses su habitación se llenó de regalos de "tuiteros" que, mientras su cuerpo se debilitaba, ella agradecía o se burlaba según le dictaran sus energías.

Nos enseñó mucho sobre el poder de contar con el corazón. Aunque sólo tengas 140 caracteres

No me animé a escribirle en ningún momento. La leí en silencio y hablé de ella a cuanta persona pude. Quienes sentimos el dolor y la agonía de muerte de una persona amada quedamos con el alma renga para siempre. Qué sensación tan extraña y entrañable se siente con algunas de las personas que seguimos en Twitter, suena absurdo lo sé, pero lo estoy sintiendo ahora mismo en el cuerpo. Vidas contadas en pequeños cuadraditos que cambian de lugar a cada segundo y que mezclan la esencia con lo absurdo y lo banal.

Vuelvo a entrar una vez más. @kireinatatemono. Miro su foto de perfil y su presencia digital me estruja la garganta. Hoy, el cinismo, la lucha de egos aparecen como sombras torpes gracias a María que durante ocho meses nos enseñó mucho sobre el poder de contar con el corazón. Aunque sólo tengas 140 caracteres.

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