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Cristina dio garantías a inversores rusos

Buscó disipar dudas sobre restricciones para girar dividendos; hoy se reúne con Putin
Martín Rodríguez Yebra
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23 de abril de 2015  

MOSCÚ.- A puertas cerradas, los grandes empresarios rusos le plantearon ayer a la presidenta Cristina Kirchner sus dudas sobre las restricciones de la economía argentina y las posibilidades reales de rescatar sus beneficios si finalmente deciden hacer negocios en el país.

La proclamada "alianza estratégica" con Rusia, que el Gobierno vino a escenificar con una catarata de acuerdos político-económicos, no diluye las inquietudes que comparten otros empresarios extranjeros que miran a la Argentina.

En el centro de una gigantesca mesa cuadrangular, en la que se sentaban ejecutivos de 35 grandes compañías del país anfitrión, Cristina Kirchner les prometió garantías para la inversión, según reconstruyó LA NACION del relato de asistentes a la reunión. Todo es negociable, fue el mensaje.

Puso el ejemplo de los acuerdos firmados entre Chevron e YPF para explorar el yacimiento de Vaca Muerta.

En sus cláusulas confidenciales, esos acuerdos establecen mecanismos para enviar dividendos al exterior y permiten a la firma norteamericana establecer la jurisdicción extranjera para resolver litigios. También mencionó el caso de la automotriz Nissan, que acompañó su reciente anuncio de producir en el país su pick-up NP 300 Frontier de una promesa de ampliar la fábrica de Renault en Córdoba.

La clave para moverse en el sistema está en el equilibrio entre el giro de divisas a las casas matrices y la reinversión en proyectos productivos. Y a mayor desembolso, más tolerancia.

Entre los asistentes a la reunión con la Presidenta en el hotel Four Seasons, frente la plaza Roja, se mezclaban directivos de las principales empresas energéticas rusas, como Gazprom (y cinco de sus subsidiarias), Lukoil, Rosatom y Power Machines.

Cristina Kirchner los hizo esperar una hora: "Perdón, pero por la diferencia horaria estaba atada al teléfono; en la Argentina está empezando el día y tenía que atender cuestiones de gestión". Después dio un discurso "introductorio" de 38 minutos en el que intentó convencer a los ejecutivos de las oportunidades de negocio que ofrece la Argentina, potenciadas por la creciente sintonía política entre su gobierno y el de Vladimir Putin, que la recibirá hoy en el Kremlin.

Esas palabras fueron abiertas a la prensa. Apenas terminó, el camporista Carlos Bianco, jefe del área comercial de la Cancillería, anunció que los enviados de los medios debían desalojar el salón.

Los representantes de las empresas -muchas de las cuales están instaladas en la Argentina desde hace años- tenían la ocasión prometida de intercambiar palabras con Cristina Kirchner en la hipotética intimidad de un ambiente con más de 60 personas, pero sin periodistas ni cámaras.

Según contaron a LA NACION asistentes al encuentro, las tres preguntas que hicieron los empresarios rusos giraron en torno a las restricciones que caracterizan a la economía argentina de los últimos años.

Cuatro horas antes, la Presidenta había cerrado una reunión de medianos empresarios de los dos países. Habló después de los discursos de los ministros Axel Kicillof, de Economía; Julio De Vido, Planificación; Débora Giorgi, Industria, y Carlos Casamiquela, de Agricultura.

Cristina Kirchner llegó a la sala cuando Casamiquela terminaba su exposición. "¿Cómo, no estamos listos todavía?", se sorprendió en la antesala. Alguien le avisó al ministro. "Lo más importante que puedo contarles es que tenemos acá a la Presidenta", dijo, y cerró sin más.

El discurso presidencial apuntó a "vender" el modelo económico impulsado por el kirchnerismo desde 2003. "Tuvimos el mayor crecimiento de toda nuestra historia. La Argentina es un país en el que vale la pena invertir", dijo.

Habló de la "complementariedad" de las economías de Rusia y la Argentina, y no se privó de exhibir una pincelada de sus diferencias con Estados Unidos. "Nadie duda de la calidad de las carnes argentinas. Una de las cosas que podemos exhibir es el churrasco o el bife de lomo. Sin embargo, Estados Unidos tiene vedado el ingreso de nuestras carnes", cuestionó.

Se presentó como líder de un movimiento que "desafió las reglas" que los mercados le quisieron imponer: "Yo no acostumbro a dar lecciones, pero las teorías de ajuste son remedios del pasado que no pueden ser vistas como solución".

Durante las 48 horas de visita a Moscú, la Presidenta firmará una veintena de acuerdos comerciales, en su mayoría ligados a posibles inversiones energéticas a gran escala. La entusiasman sobre todo el memorándum de entendimiento entre YPF y el gigante Gazprom, y el convenio para impulsar la construcción de una central atómica con financiación rusa a tasas bajas.

Su cita con Putin será una sucesión de promesas multimillonarias, aunque casi todas condicionadas a futuras negociaciones, que tendrá que cerrar el próximo gobierno. El anuncio más concreto será la firma del contrato comercial para construir con préstamos rusos la represa Chihuidos, en Neuquén, adjudicada hace un año, pero que estaba demorada.

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