Ben Molar: un impulsor del tango y la música popular

Mauro Apicella
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27 de abril de 2015  

Primero bolerista, luego tanguero y, durante buena parte de su vida, un compositor, productor y editor musical que ha generado muchas ideas; varias que marcaron o difundieron tendencias de expresiones populares en la Argentina. Aunque puede ser difícil de imaginar, Ben Molar fue el que impulsó la idea de establecer el 11 de diciembre como el Día Nacional del Tango y también quien descubrió a las Trillizas de Oro; el que produjo en 1966 un inusual material discográfico que reunió a grandes poetas, compositores y artistas plásticos argentinos, y el mismo que apoyó y difundió a los artistas de la nueva ola.

Moisés Smolarchick Brenner, tal su verdadero nombre, murió anteayer, a los 99 años. Nació en 1915 y su nombre artístico fue motivado por una mentira más o menos piadosa que daba cuenta de su habilidad para el negocio de la música. "Fue en tiempos del auge del bolero, en los años 40. Veía que todas las canciones románticas venían de México, Cuba y América Central, entonces me pregunté: «si hago una letra para un bolero, ¿quién me va a dar bolilla?» En 1942, cuando estuvo aquí el gran pianista francés Paul Misraki, nos hicimos amigos y él insistía en que yo debía componer boleros. Entonces inventé un personaje que se llamó Ben Molar, quien supuestamente vivía en París, desde donde me enviaba sus temas, a los que Paul Misraki había puesto música. ¿Quién podría resistirse a ellos? Así fue que los boleristas más destacados del momento, como Pedro Vargas, Gregorio Barrios, Elvira Ríos y Juan Arvizu empezaron a incluirlos en sus repertorios", recordó años atrás.

La mentira piadosa funcionó durante un tiempo. Décadas después sería Molar la víctima de una travesura de ese estilo, que salió de Miguel Peralta, por entonces un joven de unos 20 años. La anécdota es conocida. Cuando Molar dirigía la editorial musical Fermata fue visitado por Miguel y por Pipo Lernoud. El editor le pregutó a Peralta si tenía un grupo. El cantante le dijo que sí y lanzó el primer nombre que vino a su cabeza "Los abuelos de la nada", por una frase que recordó del libro de Leopoldo Marechal El Banquete de Severo Arcángelo: "(...) Padre de los piojos, abuelo de la nada". Más allá de ser víctima de la chanza, era evidente el gran olfato del editor cuando estaba en presencia de un artista como éste, que al tiempo se convirtió en Miguel Abuelo. No fueron pocos los datos de este estilo que dieron cuenta de la capacidad de Molar como autor y "descubridor" de talentos, o de aquello que podía convertirse en éxito.

Su currículum reúne una gran cantidad de temas escritos, colaboraciones para cine y dos comedias musicales ( ¡Te casarás... Gaspar! y Dos Virginias para Pablo). Fue ciudadano ilustre de Buenos Aires, miembro de la Academia Nacional del Tango, de la Porteña del Lunfardo, de la Asociación Gardeliana Argentina y de la Asociación Amigos de la Calle Corrientes. Amigo de figuras como Aníbal Troilo, Enrique Cadícamo y Tita Merello, fue un hombre atento a la memoria, de ahí que insistiera con que era necesario instaurar el Día del Tango. Y muchas de las placas en homenaje a las figuras del género que se ven a lo largo de la avenida Corrientes fueron instaladas por su iniciativa.

Es probable que uno de sus trabajos más llamativos fuera "14 con el tango", aunque no alcanzara la difusión merecida. Ahí armó inusuales duplas entre poetas y músicos para darle forma a un repertorio: Sábato-Troilo, Petit de Murat-D'Arienzo, Mujica Lainez-Demare, Marechal-Pontier, Benarós-Mores, Borges-José Basso, y siguen las firmas. Cuando completó catorce títulos convocó a los artistas plásticos para que crearan obras en torno a estos temas.

A Ben Molar las variantes en la producción musical no le produjeron contradicciones. Tampoco los prejuicios que otros tienen. Porque no hay que olvidar que años antes de ese material tanguero se dedicó a las versiones en español de hits en inglés (desde "Noche de Paz" y "Repican las campanas" hasta temas de Bill Halley, Elvis Presley y Los Beatles) y que algunas de sus piezas se hicieron conocidas en las voces de Sandro y Palito Ortega. Hasta una joven Mercedes Sosa recurrió en sus inicios a un par de guaranias de este autor.

Molar también fue uno de los responsables del surgimiento de la nueva ola. Con esto no estuvo exento de algunas críticas, pero supo defender su posición. Sobre el tema da cuenta un informe de la revista Panorama, de febrero de 1967, que arremete contra aquel boom conocido entre finales de los 50 y principios de los 60. Consultado para esa nota Molar fue honesto: "La industria del disco debe apelar a la creación constante de nuevos ritmos para convencer a los adolescentes". En la entrevista también habla de los antecedentes de aquella moda. "Empezó a gestarse en 1952 con Elder Baber, el segundo paso lo dieron Los Cinco Latinos, en 1957 Baby Bell y Billy Cafaro en 1959 lograron el cimbronazo. Se llegó a una forma directa y simple de sentir la música popular". Un par de décadas después Serú Girán colaba varios versos socarrones en "Mientras miro las nuevas olas"; "¿Te acuerdas del Club del Clan y las sonrisas de Jolly Land? La música sigue pero a mí me parece igual".

Lo cierto es que el semillero de potenciales famosos reunidos ayer en el Club del Clan del viejo Canal 9 tiene hoy su continuación en los reality musicales de la TV. Ya lo decía Ben Molar en aquella entrevista: "Es la necesidad del público. Sin mí, sin mis composiciones, sin los 200 millones que gastó (la casa disquera) Víctor en 1959, sin Palito (Ortega) o Violeta (Rivas), el asunto hubiera venido igual, era necesario". Pero ese día también dijo: "Sólo la calidad perdura". Y volvió a acertar. En la música popular del último siglo los ejemplos abundan.

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