Zorrito von Quintero, el dueño de la fórmula música+gastronomía

Por uno y otro lado, es un referente consagrado de la movida (en sentido real y figurado)
Carmen Güiraldes
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13 de mayo de 2015  • 16:16

"Te juro que la pasé muy mal esa noche. Se me agarrotaron los dedos, la lluvia me rompió todos los teclados…". Se refiere Fabián von Quintiero al inolvidable "Concierto subacuático" de Charly García en Vélez en octubre de 2009. "Bueno, claro, pero quedó la anécdota…". La verdad es que, cuando la cámara enfocaba el rincón de Fabián, el que lo vio por la tele –como yo– sentía pena. Confinado al corralito de los teclados, sin poder moverse para resguardarse como sí lo hacían Hilda Lizarazu o el Negro García López o el mismo Charly, Fabián resistía con una toalla sobre los hombros, sombrero deformado por el agua, bolsas negras de consorcio que el temporal tornaba inútiles.

El Zorro fue testigo de todo, es testigo. Tocó con Suéter, con Soda Stereo, con los Ratones Paranoicos, con Charly García. Fue dueño del Soul Café, el restaurante que inauguró la movida de Las Cañitas, y es dueño de Bruni, el que copó la parada del Bajo Belgrano.

"El Soul fue histórico, para mí y para mi familia. (Su padre y su hermano, que empezaron con él en el Soul, después abrieron Santino, al lado). Soul Café se inauguró en el 95 y cerró en 2013. La ambientación fue del arquitecto Guillermo Lerner, que apenas tomó la obra me propuso pintarlo todo de rojo. Yo no estaba tan convencido, pero fue una pegada. Era una mezcla de eso con objetos usados del Mercado de Pulgas. El Soul era la ubicación, la ambientación, la música fuerte, la pantalla gigante, era el sushi cuando no había sushi, era la milanesa con fideos con manteca, era la gente joven cocinando y atendiendo, era Bobby Flores pasando música o Javier Zuker como DJ, eran los musicales sorpresa que se daban porque yo era amigo de Charly, de Calamaro, de músicos de afuera…".

PELO Y MAÑAS

Le dicen Fabián, Fabi, Zorro, Zorrito, Von. El origen de "Zorrito" lo explica en el libro I’m Zorry, que publicó (y va por la segunda edición) editorial Planeta, un rosario de anécdotas de su vida junto a la crema del rock nacional. "Según Fernando Samalea, en la época de la grabación de Vida cruel, el disco de Andrés Calamaro, íbamos a los Estudios Panda por la avenida Triunvirato y nos vimos, de taxi a taxi, con Daniel Melingo, saxo de Los Abuelos de la Nada. Andrés lo invitó al estudio a grabar. Yo tenía puesta una bufanda de piel artificial, muy típica de los 80. Cuando Melingo entró, me dijo que parecía un Zorrito."

¿Y el Von de dónde sale?

–Fue un invento de Miguel Zavaleta cuando yo tocaba en Suéter. Decía que a mi apellido le faltaba glamour… Un chiste del rock.

El pelo largo no es por el personaje. "Lo llevo así desde adolescente. Sólo me lo corté en la época de Soda Stereo. Me cuesta mucho irme del pelo revuelto." Revuelto pero limpio, como su atuendo rockero pero de marca y su sonrisa inmaculada, que uno no espera, cuando se ríe. "Me gustan los buenos chistes, las imitaciones, me gusta la gente con humor, como Capusotto o Jimmy Fallon, que miro todas las noches."

ALMA Y CORAZÓN

Dice que, sobre todas las cosas, es músico y que prefiere el bajo a todos los otros instrumentos. "Un bajo blando, bien tocado, un bajo negro…". Pero que le encanta alternar el show con la gastronomía. "Tal vez me hubiera gustado vivir algún tiempo en NY, pero soy argentino y me copa. Aunque tengamos una cabeza complicada, quejosa, jodida, envidiosa, trabada, pendenciera. No es una cabeza moderna la nuestra. Pero uno vive acá y tiene su gente acá".

Sos parte del rock argentino

–Amé ser parte de esa cultura, estar cerca de esos artistas, tocar en sus recitales, hacerle pasar a la gente un rato entretenido... Creo que el entretenimiento es muy necesario para compensar algunas ideas muy malas que tuvo el ser humano, como que las clases empiecen a las 8am o que tengas que ir a pagar una boleta al banco. Nosotros tuvimos la suerte de tener a Spinetta, a Pappo y a Charly, que hicieron una cultura musical con muuuucha personalidad. Hoy estamos más flacos, nuestros líderes fueron saliendo de juego y hay como una devastación rockera. Pero algo va a surgir… Yo estoy muy orgulloso de haber formado parte de esa cultura tan querida por los argentinos. Porque si hay algo que es el rock argentino es que es querido por su gente. Es otra de nuestras camisetas.

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