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Un cuento para un niño dolido

Daniela Chueke
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22 de mayo de 2015  • 11:00

La mayoría de los cuentos de nuestra infancia narran las historias de niños maltratados. Blancanieves y Cenicienta, incluso la dormilona Aurora y los hermanitos de la casita de chocolate fueron chicos que lograron salir adelante. Lo hicieron pese a los abusos a los que fueron sometidos por los adultos que debían cuidarlos.

Hay muchas críticas a los cuentos de hadas. Dicen que muestran una imagen de la mujer pasiva, que dan miedo, que asustan a los niños. Yo en cambio pienso que esa es una lectura posible, pero no la única. Al menos no la que hice yo. A mí los cuentos de los Hermanos Grimm, las historias de Hans Christian Andersen, las colecciones de leyendas nórdicas y las fábulas de animales me dejaron mensajes muy valiosos. A la distancia, hoy como adulta encuentro que me dejaron varias enseñanzas.

-Que los niños podemos equivocarnos pero no somos los culpables del daño que un adulto pueda hacernos.

-Que siempre habrá un adulto en quien confiar. El personaje que menos imaginamos puede convertirse en un príncipe que será capaz de amarnos como somos, un hada madrina que nos devolverá la belleza, un cazador que nos arrancará de las garras del lobo.

-Que las adversidades pueden hacernos más fuertes.

-Que todo pasa.

Quizá por eso, pasada la reacción inmediata de indignación anta la noticia del reprochable fallo de ese juez que redujo la sentencia a un abusador con un argumento insólito ( que el daño ya lo había provocado otro primero), me di cuenta de que la pregunta era otra.

La pregunta es cómo estos hechos pueden ocurrir. Y sobre todo, ¿cómo se reparan? Porque sí, pese a lo difícil que parezca, finalmente tal vez puedan repararse. Por muy grande que haya sido el daño, la vida siempre se impone y logra resistir. El neuropsiquiatra y psicólogo Boris Cyrulnik descubrió habilidad humana para la resiliencia, la capacidad de superar los traumas de la infancia y salir fortalecidos. "En psicología nos habían enseñado que las personas quedaban formadas a partir de los cinco años. Los niños mayores de esa edad que tenían problemas eran abandonados a su suerte, se les desahuciaba y, efectivamente, estaban perdidos. Ahora las cosas han cambiado: sabemos que un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza y se le presta apoyo", dice en una entrevista publicada en la revista de psicología Perspectivas Sistémicas. La historia explica el presente pero nunca cierra el futuro.

En Argentina, basado en esta línea, el periodista Alejandro Gorenstein acaba de publicar su segundo libro de entrevistas: Historias del corazón, de Editorial Nuevo Extremo, reúne las experiencias de diez niños y adolescentes resilientes. Chicos que le ganaron a la vida.

Confieso que esta vez no puede abstraerme en la ficción. Necesitaba entender, necesitaba un mensaje de esperanza. Y este libro lo es.

Como lo es, también de algún modo, la Carta abierta de Luis Pescetti al niño: "Tenés derecho a vivir libre de miedo y enojo", publicada ayer en su página de Facebook.

"Querido niño: Mirá pichón, después de unos adultos malos, tuviste la mala suerte de que unos jueces, que debieron cuidarte, se equivocaran tanto al tomar una decisión. Pero esto se corregirá.

"El mundo es mucho mucho más grande que ellos y vos tenés derecho a vivir libre de miedo y enojo". Eso no quiere decir que toda la justicia es tan mala o tan bruta. Ni el más enojado querría que vos creas eso. El mundo es mucho mucho más grande que ellos y vos tenés derecho a vivir libre de miedo y enojo. Y crecer sabiendo que la vida es más ancha y buena que esos días.

La gran mayoría de las personas sabemos que si alguien está lastimado o es más débil, hay que cuidarlo más todavía.

Los que quitan cuidado a quienes más lo necesitan están muy equivocados o no son buenas personas... pero no son las únicas ni la mayoría. Y se corrige, con trabajo, pero se arregla.

A veces uno no sabe si es hijo de un cariño que se encontró o de un cariño que se va a encontrar.

Todos tuvimos papá y mamá, pero puede que un día conozcamos a alguien y lo queramos tanto que sintamos "Nací para vos", que es como decir: "Nací por ustedes" pero para adelante. Y entonces es como si uno fuera el hijo de ese amor que se encontró de grande, y que ilumina toda nuestra vida, ¡incluso la que ya vivimos!

No te conozco así que no sé de qué cariño sos hijo, si te cobija un cariño abuela, un cariño escuela, o vas a un amor que, como un explorador, encontrarás de más grande.

"Vas a ser capaz de dar más cuidado, inteligencia y alegría de la que recibiste estos días".

Pero de todo corazón, creo que vas a ser mejor que esas personas. ¿Por qué?, porque los que se superan son más, y porque así lo intuyo (no tengo otra explicación).

Vas a ser capaz de dar más cuidado, inteligencia y alegría de la que recibiste estos días. Y vas a poder abrazar con amor, incluso al chiquitín que sos hoy.

Ya sé que puede sonar raro dicho así; pero te juro que es cierto; y ojalá tengas un adulto de confianza, o una maestra, alguien bueno, que te haga llegar este abrazo y mejore mis palabras.

Con mucho afecto te saludo como el profe de música que fui, el papá que soy y, en fin, como quien supo de vos, y te escribe."

Luis Pescetti

El cuento del samurái Kazai

También a los "malos" podemos ayudarlos contándoles un cuento. Al menos eso es lo que propone José Luis Gallego, narrador oral que coordina un taller de cuentos en una cárcel: "Cuando cuento cuentos la violencia queda afuera y la esperanza queda adentro", dice , entre otras cosas, en esta charla TED donde nos ejemplifica esta teoría contándonos el cuento del samurái Kazai, que quería conocer el camino al cielo.

Piel gruesa y corazón elástico

La música también suele ser un buen antídoto o al menos una compañía que nos ayuda a procesar estos sinsentidos.

Como mantras o plegarias, los invito a cantar en voz alta y sin miedo a desafinar estas dos canciones que también hablan de nuestra fuerza interior: Elastic Heart, la música que Sia Furler compuso e interpreta para la película Los juegos del hambre y que es un alegato de autodefensa frente al daño exterior: "No me vas a romper, tengo la piel gruesa y el corazón elástico".

Y otra canción estilo góspel de Sinead O’Connor, I am enough for myself.

Hoy proponen Ustedes

Me gustaría en estos momentos un buen libro de ficción, o un cuento, que sea una historia de supervivencia. Un cuento para un niño dolido. ¿Qué recomiendan? ¿Qué cuento podríamos dedicarle a ese niño? Tenemos dos semanas por delante, Gauchito dijo que iba a mandar un cuento de Balzac, lo estamos esperando. Y los demás: ¿se animan a sugerir una lectura y vamos con eso?

Recuerden que pueden escribirnos a clubdelecturaohlala@gmail.com

Cariños.

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