A los 94 años, cuatro obras en la cartelera porteña

Carlos Gorostiza, uno de los dramaturgos argentinos más requeridos, acaba de estrenar Distracciones, su nueva pieza
Carlos Pacheco
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22 de mayo de 2015  

A los 95 años, el dramaturgo, director y narrador Carlos Gorostiza mantiene intacta su capacidad creativa. Acaba de estrenar en el Teatro Nacional Cervantes Distracciones y ya está pensando en otra producción de la que, por el momento, no da demasiadas pistas. También tiene previsto escribir un ensayo sobre diversos temas teatrales.

La vitalidad de este hombre que ha atravesado buena parte de la historia contemporánea argentina es muy grande. Y también es muy intensa su lucidez a la hora de analizar cuestiones de la realidad nacional. "Es muy importante tomar conciencia de que uno ha sido un privilegiado: nació y transcurrió por la vida gozando. Es maravilloso. No puedo estar triste. Por ahí estoy frustrado porque anhelaba ver otras cosas, pero qué linda es la vida", dice, con una amable y entrañable sonrisa.

En su diálogo con la nacion, Carlos Gorostiza habla de teatro, recuerda a amigos entrañables y disfruta, con cierto dolor, la reposición de varios de sus textos en los últimos años; no sólo en la Argentina, sino también en diversos países del mundo. "Esto habla de una necesidad de recuperar el texto en el teatro -explica. En mis obras, generalmente, hay mucho texto escondido y parece que se está descubriendo. Hace poco llamé a Argentores y me dijeron que acá se están montando siete obras mías y en el exterior seis. No soy un clásico, no soy tan viejo (se ríe). Los temas que aparecen en piezas como El puente o Los hermanos queridos son permanentes para nosotros. Me alegra la supervivencia formal de las obras, no me alegra que esos problemas continúen vivitos y coleando." En Buenos Aires tiene en cartel cuatro obras: El pan de la locura, dirigida por Antonio Germano; El acompañamiento, dirigida por Ana Franchini, y Los hermanos queridos, dirigida por Lizardo Laphitz. Por su parte, Distracciones, su último material, fue concebido para un grupo de intérpretes jóvenes. Gorostiza había visto una puesta singular de su obra A propósito del tiempo en la sala Becket, dirigida por Mariana Gióvine, y quedó fascinado con el espectáculo, que estaba diseñado con la técnica del clown. Cuando terminó de escribir Distracciones invitó al grupo a su casa y les leyó la obra. Les preguntó si querían hacerla y ellos, muy entusiasmados, dijeron que sí. Gorostiza diseñó parte de la producción. Quería que se montara en la sala Orestes Caviglia (creador con el que mantuvo una entrañable amistad) del Teatro Nacional Cervantes y se la propuso a Rubens Correa, director de la sala de la calle Libertad, y éste también aceptó. La pieza está interpretada por Juan Pablo Galimberti, Franco Moix, Jorge Seleme, Luciana Vieyra y Violeta Zuvialde, y la dirección es de Gióvine.

"La obra habla de las distracciones que muchos de nosotros padecemos sin tener conciencia de las cosas horribles que pasan en el mundo -explica el autor. Aquí aparecen algunos temas, como la corrupción, la delincuencia. Recuerdo que una vez me encontré con Enrique Santos Discépolo y le pregunté por qué su hermano no escribía más, y me dijo: «Escribe difícil hizo una pausa porque no puede escribir fácil hizo otra pausa, porque es difícil». Es una síntesis extraordinaria. Yo admiraba a Armando profundamente y lamenté mucho que dejara el teatro, porque, según decía, ya no tenía nada para decir. Nos queríamos. Éramos amigos con Caviglia, Saulo Benavente. Los extraño. Ayer hablaba con un amigo y le decía que eso de que los años no vienen solos es mentira, en realidad vienen sin los amigos. Recuerdo a Cátulo Castillo. Él era peronista, conversábamos mucho, y cuando estaba en Cultura me pidió una pieza, El último perro, y yo le aclaré que no soy peronista. Me dijo: «A mí no me importa»."

Aeroplanos está, a su vez, en gira por el Gran Buenos Aires, con Rodolfo Ranni y Mario Pasik, dirigidos por Daniel Marcove.

Tenía muchos amigos dentro del peronismo.

Es que no estaba esta brecha que hay ahora entre unos y otros, muy desagradable, muy nociva para el país y para nosotros.

-Me quedo con la frase de Discépolo respecto de lo complejo que puede resultar escribir en tiempos difíciles. ¿Le sucede algo parecido en este momento?

-Los tiempos difíciles se hacen callo dentro de uno. Son difíciles para convertirlos en historias. Se sufre un poco. Recuerdo que en la dictadura seguía escribiendo, y de pronto vino Teatro Abierto. Acá nació ese movimiento (señala el living de su casa). En tiempos de sufrimiento nació una fuerza como ésa, pero ahora todo es muy distinto. Está encallecido. Ya no duele tanto. Hay nostalgia del pasado. Sé que hay cosas que en este país no van a cambiar mientras viva. Cuando Alfonsín ganó la presidencia, soñamos. Me habían nombrado secretario de Cultura y salía a la calle y la gente me reconocía, me saludaba con una sonrisa. Un día me senté en el bar La Biela con otra persona y hasta me aplaudieron. No me aplaudían a mí, sino a lo que representaba. Después, cada vez me fueron aplaudiendo menos hasta me miraban con un gesto hosco. Alfonsín sufrió todo eso mucho más que yo. En ese momento fue la primavera democrática, cuyo aire permanece. Hoy estamos viviendo una democracia explícita, se muestra. Pero entiendo que no es una democracia implícita. Falta recorrer camino todavía. Después de la renuncia de Alfonsín la política se fue ennegreciendo, y por eso hago esta obra, que habla de las distracciones que tenemos para aceptar la corrupción.

-Si aquella época era primaveral, ¿cómo observa ésta?

-Ni siquiera estamos viviendo el verano. Es una época tormentosa donde no aparece la persona, la figura, la representatividad de una democracia. Creo que para esto está empecinadamente la corrupción. No nos permite creer. La gente no cree. Aquella frase "que se vayan todos" permanece en el inconsciente colectivo. Ahora no se dice, pero tengamos cuidado, porque pueden empezar a repetirla otra vez. Afirman que la esperanza es lo último que se pierde. Creo que la esperanza es traidora. Uno tiene esperanza y después nos traiciona. Nos traicionó después del 83. Quedó sembrada, pero ésta no es la democracia que queremos. Esto es muy evidente.

-¿Le produce cierta frustración?

-Hay una obra mía, Aeroplanos, que se está haciendo mucho en distintas partes del mundo. Es la historia de dos hombres mayores. Uno de ellos va al médico por cierta enfermedad y el doctor le pregunta: "¿Cuánto tiempo quiere vivir usted?".Y el personaje tiembla, se da cuenta de que su vida tiene un término. Sale a la calle y ve a un taxista, a una florista, ve a la gente y siente que todos esos son compañeros de un viaje. Dentro de 150 años no vamos a estar. Somos pasajeros de un viaje que hay que saber descubrir para poder gozarlo, aun con frustraciones.

Distracciones

De jueves a sábados, a las 21.30. Domingos, a las 21.

Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815.

Los hermanos queridos

Sábados, a las 20.30.

La Máscara, Piedras 736.

El acompañamiento

Sábados, a las 19.

Orfeo, Luis María Campos 1374, 4.

El pan de la locura

Miércoles, a las 20.

Auditorio Losada, Corrientes 1551.

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