Kevin Johansen: "el músico es el vago más engañoso que existe"

Mientras prepara su primera gira por Israel arma su próximo disco. En alianza con el dibujante Liniers logró un buen maridaje de música e ilustración
Franco Spinetta
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24 de mayo de 2015  

Kevin Johansen está siempre de buen humor? Como todos, tendrá sus días malos. Pero su estado natural, su equilibrio, es una suerte de buena onda irradiante, un entusiasmo que contagia. "No confío en la gente solemne, que se la da de seria todo el tiempo", dice mientras se apoltrona en el sillón de su casa de Belgrano y ceba unos mates. "Pero que nadie se confunda, lo que hacemos no tiene nada que ver con el humor", advierte. Sabe que su historia no es convencional. Hijo de madre argentina y padre norteamericano, nació en Alaska en 1964. Antes de llegar a Buenos Aires vivió en San Francisco hasta los 11. Y cuando pisaba los 25 se fue a vivir a Nueva York durante diez años. "Alguien me dijo: ¿por qué no escribís tu autobiografía? Bueno, es que me siento demasiado joven (tiene 50 años)." Y concede: "Objetivamente, la mía, es una historia rara".

Antes de vivir de la música, ¿trabajaste de otra cosa?

Mi primer laburo fue por decantación. Mi vieja era docente, licenciada en Filosofía y Letras, especializada en literatura. Yo era totalmente bilingüe y me dijo: "Dale, ¿por qué no das clases y te juntás una platita tuya?" Tenía 17. La docencia fue mi primer laburo: fui profesor de inglés en el Avellaneda de Palermo. Cada tanto, algunos señores cuarentones me lo recuerdan. Se ve que dejé alguna huella porque enseñaba con canciones de los Beatles, Pink Floyd.

No fue el único trabajo del joven y ya aporteñado Kevin. "Cuando la música todavía no resultaba, mi vieja me mandó a laburar con mi tío, que había heredado el negocio de mi abuelo: vendían medias. La marca era Reinier y el eslogan era (pone voz de locutor): Sinónimo de medias. Me mandaron a trabajar al depósito y no funcionó."

Entonces te fuiste a Nueva York.

Fue mi otra ciudad. Viví desde el 90 hasta 2000. Me perdí la fiesta de la pizza y champagne. En NY hice varias cosas. Preparaba desayunos en un hotel en pleno centro de Manhattan, fui mozo, barman. Trabajé en las Naciones Unidas. Era guía turístico. El laburo de los sueños para un pibe de 28 años.

¿Y qué te sucedía a nivel musical en aquella época?

Tuve mucha suerte. A los dos meses de llegar a Nueva York llevé un casete con demos de mis canciones, en inglés y castellano, al CBGB's. Luego me enteré de que era el antro punk de donde habían salido los Ramones, Talking Heads y Blondie. Dejé un casete en diciembre del 90 y me llamaron para decirme que les había gustado, si podía tocar un martes a la noche.

"Fue todo medio de película", dice antes de contar una de esas historias que, para un músico, es realmente de película. El día en que debutó en el CBGB's tuvo un encontronazo fuerte con la suerte: "Entre el público había un señor de barba, panza, muy alto, que se me acercó y me dijo: Me gusta lo que hacés, soy Hilly Kristal, el dueño. Fue un gran mentor para mí. Me permitió tocar ahí cada dos semanas. Si bien no ganaba plata, era un aliciente".

¿En qué etapa estás?

Es una linda etapa. Se cruzan viajes, giras. Por primera vez vamos a tocar en Tel-Aviv (Israel). En una etapa de mucho brainstorming porque estamos armando el disco de estudio nuevo.

¿Componés todo el tiempo?

El compositor es el vago más engañoso que existe. La madre te ve tirado en el sillón..., mi vieja me reconoció eso cuando aún vivía (falleció hace 13 años). Me decía: "Ahora yo me doy cuenta de que estabas elucubrando ideas, que no estabas al pedo". Para ordenar las ideas soy muy amigo del caos. Está bueno perderse en el bosque. Hace poco escuché una frase que me gustó mucho: "Se perdió en el bosque y encontró el claro que sólo podía encontrarse si se perdía en el bosque".

Con Kevin sucede algo singular: en la mayoría de los países que visita (España, Francia, Alemania) tiene público propio. Pero no sólo de argentinos que viven allá, también lugareños curiosos amantes de su música. "Siempre me acuerdo de la frase de Youssou N'Dour, el artista senegalés: La música es el primer idioma. Es el motor emotivo, no importa el idioma –dice–. Hoy por hoy se puede ser masivo de culto o masivo global. Empezó a pasar eso con Internet y a mí me agarró por sorpresa."

La era dibujada de la música de Johansen comenzó con el acercamiento con el dibujante Ricardo Siri, conocido como Liniers. "Es raro porque no salió de nosotros, sino de alguien de nuestro entorno que nos dijo: Che, se están cagando de risa en los asados, ¿por qué no hacen algo juntos? Y cuando intercalábamos canciones y dibujos nos dimos cuenta de que funcionaba."

¿Liniers es un miembro estable de la banda?

Algunos dicen que es la Yoko Ono de The Nada (risas). Me encantó sumarlo, complementa con la música. Liniers hace algo que no se escucha y yo algo que no se ve. Quien piensa que con él hacemos humor no entendió nada. Es un poeta que dibuja, no un humorista. Es aparentemente naïf, pero por abajo es muy oscuro.

Picasso decía que el arte es una mentira que nos acerca a la verdad.

Claro, Liniers dice que la diferencia entre Quino y un político es que Quino miente para decir una verdad y los políticos dicen una verdad para mentir. Algo de eso hay. Los personajes son una fantasía, pero dicen un montón de verdades. Hay que intentar por este lado.

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