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A revivir la dicha

Juan Garff
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29 de mayo de 2015  

Vivitos y coleando / Autor: Hugo Midón / Director: Manuel González Gil / Música: Carlos Gianni / Arreglos musicales: Sergio Blostein / Coreografía: Doris Petroni / Vestuario: Mónica Toschi / Escenografía: Jorge Ferrari / Iluminación: Manuel González Gil y Juan Manuel Noir / Intérpretes: Roberto Catarineu, Laura Conforte, Carlos March, Julián Pucheta, Flavia Pereda, Rodrigo Cecere y Vicky Barnfather / Sala: El Picadero, Pje. Santos Discépolo 1857 / Funciones: sábados y domingos, a las 16.

Nuestra opinión: excelente.

Las narices rojas perduraron en el imaginario mucho más allá del tiempo pasado desde que no subían al escenario. Los tres clowns protagónicos de Vivitos y coleando habían iniciado a fines de los años 80 su camino coreografiado, su discurso en clave de humor musical, primero en la televisión y luego en el teatro. El ciclo había sido anticipado por la inolvidable Narices y culminó en 1995 con Locos ReCuerdos, una síntesis de las tres ediciones de Vivitos y coleando. Para Hugo Midón, su creador, con eso ya estaba, tenía otros temas a desarrollar sobre los escenarios. Muchos incluso quedaron en el tintero, con su demasiado temprana desaparición física, en 2011.

Pero esas historias de payasos de mirada limpia perduraron en la memoria de los que las vivieron, se alimentaron con la transmisión a través de grabaciones y relatos. Así fue que la nueva puesta en escena de Vivitos y coleando produjo una catarsis de recuerdos y expectativas pocas veces vista sobre los escenarios. Estallan las risas y los aplausos de los que vieron la obra en su infancia y vuelven ahora con sus propios hijos. Pero brillan también los ojos y se ensanchan las sonrisas de quienes sólo habían escuchado de estos payasos. O que no sabían nada de ellos.

Allí están Roberto Catarineu y Carlos March, portadores de la historia, y Laura Conforte, nueva y sutil articuladora de la tríada que completaba Andrea Tenuta en su versión original. Llevan las valijas cargadas de las cosas que nos hacen bien, como dice la canción y se siente desde las butacas. El toma y daca de las breves escenas dialogadas desemboca en las canciones compuestas por Carlos Gianni. El desparpajo de las letras de Midón encuentra allí un contrapunto singular en la libertad que se tomó el músico para establecer ritmos y cadencias de veloces giros, matices de humor musical con eficacia dramatúrgica.

Manuel González Gil, contemporáneo de Midón en más de un sentido, monta la puesta en escena, dirige a los actores con una visión aguda, un fino oído para interpretar el potencial de la partitura teatral midoniana. Cuenta para ello con la solidez del elenco; con el sello inconfundible del vestuario de Mónica Toschi; con la coreografía de Doris Petroni, que otorga vuelo al paso de los actores, al discurrir de las canciones de la dupla Gianni-Midón.

Allí están nuevamente los payasos con sus rojas narices. Y se los ve bien, como también dice la canción, como si Midón hubiese sabido desde siempre que no había otra forma de verlos a través de varias generaciones. Después de tantos años, volverse a encontrar, era muy necesario. No es nostalgia, es (re)vivir la alegría.

Por: Juan Garff

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