Un robo cuyo verdadero riesgo es para la seguridad nacional

Los documentos reúnen datos importantes de cuatro millones de empleados del gobierno
Peter van Buren
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6 de junio de 2015  

WASHINGTON.- ¿La más reciente filtración de fichas de personal del gobierno federal compromete significativamente la seguridad de Estados Unidos? Sí. ¿Podría un gobierno extranjero hacer uso de esa información para espiar a Estados Unidos? También.

Se sospecha que hackers que viven en China ingresaron en la red de computadoras de la Oficina de Administración de Personal de Estados Unidos, el departamento que se ocupa de los recursos humanos de la totalidad del gobierno federal. Al parecer, extrajeron información personal y de los niveles de acceso de por lo menos cuatro millones de empleados del gobierno.

Este ataque no es el primero. El año pasado, la misma oficina reveló una intrusión en la que varios hackers pusieron la mira en las fichas de decenas de miles de empleados que habían presentado la solicitud de acceso a información de máxima seguridad. La Oficina de Administración de Personal lleva adelante más del 90% de todas las investigaciones federales de antecedentes, incluidas las solicitadas por el Departamento de Defensa y otros 100 organismos del gobierno central.

La razón por la cual esa información sobre los empleados federales es una mina de oro a la décima potencia para un servicio de inteligencia extranjera es que en la ficha de cada empleado figura su nivel de acceso de seguridad.

Las agencias de espionaje saben que la gente puede ser manipulada

Casi todos los que se postulan para un aumento de su nivel de acceso empiezan completando un formulario estándar 86, Cuestionario para Cargos de Seguridad Nacional, un extenso cuestionario biográfico y de contactos sociales.

Con esos cuestionarios y todos los datos que se desprendan de los archivos del gobierno, los investigadores luego realizan una entrevista de campo: visitan la ciudad natal del postulante, se entrevistan con su penúltimo jefe, sus vecinos, sus padres y, casi seguramente, también con la policía del lugar, para hacer preguntas cara a cara.

Como parte de ese proceso de autorización, el postulante debe firmar un documento en el que permite que el gobierno se inmiscuya todo lo que quiera para hurgar en su vida. Los agentes federales quieren saberlo todo de un potencial empleado que será depositario de los secretos del gobierno. Es un trabajo de tocar puerta por puerta, identificando a quienes dicen conocer al postulante, y siempre con el nivel de suspicacia al máximo.

Datos como que un antiguo compañero de cuarto de la universidad decidió volverse a su casa en Teherán, o de ese hombre raro que todavía tiene pasaporte extranjero, son siempre de interés. ¿Y alguna historia de juegos, de drogas o de alcohol? ¿Infidelidades? ¿Tendencia a no entenderse con sus jefes? ¿Alguna deuda de envergadura? ¿Algo escondido entre los esqueletos del armario?

Ese sondeo busca puntos vulnerables, lisa y llanamente. Y ésa es la parte atemorizante de "por qué es importante" que desde China pudiera haber hackers que entraron en las fichas del personal del gobierno.

Las agencias de espionaje norteamericanas, como todas las agencias de espionaje, saben que la gente puede ser manipulada y reclutada sobre la base de sus puntos vulnerables. Si alguien que se postula para un cargo federal tiene demasiados puntos vulnerables, o incluso uno solo, pero particularmente sensible, sería demasiado arriesgado exponer esa información clasificada.

Es por eso que, a diferencia de lo que se ve en las películas, el trabajo de inteligencia más importante es el que se sigue haciendo a la antigua, como se hace desde el principio de los tiempos. Identificar a una persona que tiene acceso a la información que uno necesita, investigar todo lo posible sobre esa persona y, luego, acercarse a ella.

¿Estaba en el equipo de tenis de su facultad? Lo más gracioso es que al espía que la está alentando también le gusta el tenis. En las fichas hackeadas de la Oficina de Personal, muy probablemente, había información como ésta.

Si una agencia de inteligencia enemiga buscara específicamente puntos vulnerables de un objetivo, luego usaría esa información para acercarse a la persona en cuestión con un discurso de venta: "Danos lo que queremos a cambio de algo que quieras".

Podrían enterarse, por ejemplo, de que un oficial de inteligencia militar tiene problemas de dinero y una hija a punto de ingresar a la universidad. En ese caso, la propuesta podría ser de dinero a cambio de secretos. ¿Un divorcio reciente? Tal vez necesite entonces compañía femenina o tal vez nada más que un nuevo amigo extranjero dispuesto a escucharlo tomando unas cervezas y así poder desahogarse.

Ése es el tipo de información que contienen las fichas. Cuanto más ajustado al objetivo es el abordaje que hace el espía extranjero, mayores son las posibilidades de éxito.

A diferencia de lo que pasa en las películas, el chantaje es siempre el último recurso. Por supuesto que las mismas vulnerabilidades que sirven para comprar voluntades también son perfectas para el chantaje. ("Díganos la ubicación del salón secreto o enviaremos estas fotos de su nueva amiguita a los medios.")

Pero el riesgo fundamental no tiene nada que ver con robo de identidad, fraude electrónico e información crediticia. El problema real, el verdadero riesgo, es para la seguridad nacional.

Traducción de Jaime Arrambide

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