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De peras, manzanas y choripanes. La comparación internacional de la pobreza

Medida con conceptos y técnicas distintos, la cantidad de pobres es difícilmente comparable entre países, y por sí sola dice poco sobre el bienestar de una sociedad
Walter Sosa Escudero
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14 de junio de 2015  

De acuerdo con las recientes declaraciones de Aníbal Fernández, la Argentina tiene una tasa de pobreza inferior a la de Alemania, sobre la base de comparar el aproximadamente 5% que surge de los datos oficiales con el 8,7% del país europeo, proveniente de la base de datos de la OECD. Implícita en esta comparación está la idea de que estamos mejor que Alemania. Claramente, es relevante cuestionar si no estamos comparando peras con manzanas.

Un informe del observatorio Inequality Watch dice que la tasa de pobreza en Alemania es del 15%, lo que mejora sustancialmente la performance de nuestro país: la pobreza es ahora tres veces más pequeña en la Argentina; estamos ganando. Y si la comparación se hace con respecto al 27% reportado por la Universidad Católica Argentina (UCA), automáticamente pasamos a estar tres veces peor que el país germano. Ahora estamos perdiendo.

¿Por qué tanta discrepancia? La tasa de pobreza es una de las múltiples formas en las que se cuantifica la salud de una sociedad, focalizando en los que menos tienen. Y aún concentrando el análisis en este grupo, las discrepancias conceptuales son abismales. Hace unos años los economistas Miguel Szekely y Nora Lustig contabilizaron unas 6000 (sí, seis mil) formas alternativas de medir la pobreza, y como hubiese hecho el Funes del cuento de Borges (ese que no podía olvidar ningún detalle), procedieron a computarlas todas. Y encontraron que la tasa de pobreza para América latina oscila entre un 12,7% y un 65,8%, para un año dado.

Es decir, aun munidos de exactamente los mismos datos, distintos analistas podrían discrepar considerablemente en sus apreciaciones de la pobreza sólo por haber elegido distintas formas de medirla. Imagínese el lector en cuánto aumentaría este margen de discrepancia si además cada analista usara datos distintos, tal como sucede en la práctica.

La comparación del 5% de la Argentina y el 8,7% de Alemania implica primero pensar si estas cifras son relevantes aún tomadas por separado. Ambas son sustancialmente menores a las reportadas por fuentes alternativas (la UCA, en el caso argentino e Inequality Watch para Alemania). Las discrepancias entre la medición oficial y la de la UCA se deben a la forma en la que ambas fuentes miden la inflación, y las correspondientes al caso alemán al concepto de pobreza usado (Inequality Watch usa una línea de pobreza mayor que la reportada a la OECD).

Cuando estas cifras son comparadas entre países la situación es todavía más confusa, ya que la Argentina mide la pobreza de una forma y Alemania de otra (en términos técnicos, la Argentina usa una línea absoluta y Alemania una relativa). Entonces, a la luz de las prácticamente infinitas discrepancias posibles, la comparación de cifras internacionales de pobreza ya no es de peras con manzanas, sino de choripanes con naranjas.

¿Es posible resumir la salud de una sociedad en la cifra de pobreza? No, en el mismo sentido en que el colesterol no es suficiente para medir la salud de un individuo. ¿Es relevante medir la pobreza? Sí, tanto como el colesterol o el peso. El monitoreo del bienestar de una nación requiere una observación completa de todas sus dimensiones. La tendencia creciente (como señala el propio Fernández) consiste en construir indicadores multidimensionales como el Indice de Desarrollo Humano, elaborado por las Naciones Unidas. Así y todo resulta peligroso agregar dimensiones de bienestar en una sola cifra, tanto como que a una persona le es relevante medir su presión arterial, su colesterol o capacidad aeróbica sin necesidad de resumirlas en ningún índice, además de consultar periódicamente a un buen médico.

Cuando el análisis de la pobreza surge de haber logrado un mínimo acuerdo conceptual y es estudiado en forma conjunta con otros indicadores sociales (como la desigualdad, la calidad de la educación y la salud, entre muchos otros), es una herramienta crucial. En cualquier otra circunstancia es una mera manipulación numérica que naufraga en un mar de desacuerdos y mediciones alternativas.

La desopilante película This is Spinal Tap se mofa de los excesos del rock pesado, y en una de sus más memorables escenas, el guitarrista de los Spinal Tap se jacta del volumen de su amplificador de guitarra, diciendo que suena fuerte porque "en nuestros equipos el volumen va hasta 11". La pobreza no cae porque elijamos un número bajo del amplio menú de alternativas posibles, tanto como que el volumen de ningún amplificador sube porque la perilla ahora vaya de cero a once, toda vez que una vieja Spika en diez suena infinitamente más baja que los equipos de Metallica en dos.

El autor es profesor de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet

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