El emotivo adiós a Sergio Renán

Del Colón al Panteón de Actores de la Chacarita
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15 de junio de 2015  

Ayer, minutos después de las 10 de la mañana, partió el cortejo fúnebre que trasladó a los restos del director y actor Sergio Renán desde la puerta del Teatro Colón hacia el Panteón de Actores del Cementerio de la Chacarita. La tarde anterior, hasta las 20, gente de la cultura, funcionarios de distintos partidos políticos, familiares y amigos habían pasado por el foyer del coliseo que él -cuando fue director, entre 1989 y 1996- supo llevar a uno de los momentos más destacados de su rica historia.

En ese ámbito fue velado y hasta allí se acercaron, entre tantos otros, Horacio Rodríguez Larreta (los padres de ambos eran muy amigos), Lito Cruz, Gastón Pauls, Marta Bianchi, Jorge Telerman, Mario Mactas, Hernán Lombardi, Esmeralda Mitre, Emilio Disi y Darío Lopérfido, actual director del Colón, para despedirse de esta personalidad de la cultura local, que falleció a los 82 años. Su muerte despertó infinidad de reacciones en concordancia con su vasta trayectoria artística como hombre del cine, del teatro, de la gestión pública cultural y de la ópera.

Ayer por la mañana, en un íntimo cortejo fúnebre que fue desde el centro porteño hasta Chacarita, en el cementerio porteño ya estaban Mario Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, Víctor Laplace, José Miguel Onaindia, Ana María Picchio, René Aure, Luis Puenzo, Emilio Basaldúa y -claro- su familia, su señora esposa, su círculo más cercano. Hubo coronas del Teatro Colón (de la dirección de la sala y de su personal), del Ministerio de Cultura de la Nación, de la DAC (Directores Argentinos de Cine) y de Argentores, pero también de Racing, el club de sus amores. De hecho, casi como en una última humorada, uno de sus amigos pegó un escudo de la Academia en el féretro de este ser apasionado del fútbol que supo conjugar lo popular con el refinamiento en su arte.

"Nunca me sentí parte del mundo del espectáculo. Nunca. Me acuerdo que de joven tenía una actitud vergonzante ante ese universo al que, de alguna manera, me convenía pertenecer. Si hacía una nota con Radiolandia, por ejemplo, era un tema conflictivo. Parte de lo conflictivo era que lo deseaba", reconoció hace cosa de dos años con esa carga irónica y sutileza que manejaba a la perfección. "Igual -continuó aquella oportunidad antes del estreno de su última puesta teatral-, no me puedo quejar de mi relación con la sociedad. Entre esa necesidad de ser prestigioso y ser popular que todos tienen, yo, con los años, soy mucho más prestigioso que popular."

Entre inevitables recuerdos y anécdotas de amigos y conocidos se marchó el prestigioso director de la popular película La tregua, ese dandy porteño que estaba orgulloso de su puesta de la obra Las criadas, que montó hace más de tres décadas, el exquisito régisseur que llevó al Teatro Colón a vivir una de sus páginas más recordadas y el actor que se quedó con ganas de volver a subirse al escenario como en el principio de su larga trayectoria.

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