Sobre el invierno y los espacios planificados: entrevista al diseñador Pablo Chiappori.

“La calidez interior tiene que ver con el frío exterior”, dice el especialista en buen gusto. Locales de reconocidas marcas, casas particulares, hoteles y restaurantes fueron tocados por su mano experta.
Romina Metti
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2 de julio de 2015  • 11:28

Afuera es hora pico: corridas a los bancos, bocinas, almuerzos tardíos. Es el primer día de otoño con frío de verdad, aunque el sol de media tarde lo hace llevadero. El que pasa distraído frente a Gorriti 5877 sólo ve algún auto en la pequeña playa de estacionamiento de lo que podría ser…¿una fábrica chic, un hotel boutique, un restaurante a puertas cerradas? Las persianas americanas no revelan nada del interior, pero el hierro de la puerta y las carpinterías pintadas de negro anticipan su estética. Después del timbre, la espera es muy breve: cero improvisación, acá se llega con cita. En el estudio (acaso refugio) de Pablo Chiappori el único sonido es el de la música: el teléfono casi no molesta, la tele acompaña de lejos sin volumen. Lo que importa es todo lo que se ve (se toca, se siente): texturas, colores, fragancias. Esos primeros (y definitivos) cinco minutos en los que él evalúa el encanto y seducción de un espacio, en su estudio multiplican su valor para hacer de la visita una experiencia; la invitación se repite en PAUL French Gallery, su tienda de diseño y decoración. Entre reunión y entrevista, Pablo cambia de espacio (de una mesa de comedor a un living bajo) y de tema (de algún diseño a sus viajes) con completa naturalidad, como si una cosa tuviera que ver con la otra. Tiene sentido: se nota que ama todo lo que hace.

¿Qué escuchás en invierno?

El invierno es más jazz que cualquier otra cosa, así lo siento. Para mí el invierno es penumbra, tiene una cadencia particular.

¿Te gusta o preferís las temporadas cálidas?

Es una mezcla rara. En realidad como clima elijo el sol por la temperatura, pero casi todos los lugares que armo tienen un concepto de refugio. De alguna manera están vinculados al invierno: por la contención, por las maderas, por la oscuridad…siempre tienen una connotación más invernal.

¿Algún libro? ¿o sos más de películas?

Yo soy muy visual: me nutro todo el tiempo de imágenes. Cuando empecé no existía internet, así que todo para mí salía de las películas y revistas. Tengo colecciones: en esa época había que esperar a que llegaran de afuera. Aunque parezca que todo está en Instagram y Pinterest, sigo coleccionando y comprando revistas.

Te gusta el vínculo con el papel…

Totalmente. Hoy la información está tan fácil que modificó ese código. Antes había que viajar, comprar revistas o mirar películas: es el primer contacto que tenés con lugares que no conocés, con otras estéticas.

Te reveló un mundo que en ese momento no era accesible

Yo me acuerdo que la gente me decía "¡Qué europeo que sos!" y yo nunca había viajado. Conocí Europa de grande, de chico no tuve posibilidades. Pero esas películas eran el contacto con el mundo exterior.

¿Cuál es tu lugar preferido en tu casa?

Mi sillón cerca de la biblioteca. Siempre estoy con alguna biblioteca cerca, no porque sea un gran lector pero tengo muchísimos libros de imágenes. Y ahí también tengo cerca los objetos que me gustan.

¿Tenés algún ritual doméstico vinculado al invierno?

Tengo un piano al lado de la biblioteca. No toco, es como un idilio entre el piano y yo: por ahora gana él.

¿Tomaste clases?

Tengo música incorporada en mi vida y en mi interior. Ahora tomo clases, pero no sé música. Tengo un vínculo con el instrumento, pero es una lucha difícil. Así como bajar al papel el discurso de lo que pienso para mí es inmediato, no puedo soportar que al bajar al piano lo que pienso, sea tan frustrante.

Pero te atrae el piano como objeto

Tengo un Steinway cuarta cola espectacular: es un placer verlo. Es un objeto también.

¿Tu lugar en el mundo para pasar el invierno?

Invierno es difícil. New York es mi lugar en el mundo, pero en invierno no voy. Fui una vez porque alguna vez en la vida hay que pasar Navidad en New York, pero no vuelvo. Para mí el invierno es la montaña, nuestro sur: me gusta el frío con la leña, el bosque, la cabaña. Me seduce más como invierno que la ciudad.

Nueva York es tu ciudad en el mundo. ¿Te gusta más que Buenos Aires?

Me gusta más que cualquier otra cosa. Me sorprendió siempre: he ido muchísimas veces. Me siento como en casa, cuando estoy ahí siento que podría ser un newyorker. Cuando uno viaja seguido pierde un poco la capacidad de sorprenderse, pero en New York siempre abren lugares nuevos, la ciudad cambia todo el tiempo.

¿Alguna historia, recuerdo o experiencia de invierno de cuando eras chico?

La Navidad en Nueva York. Me fui un 23 de diciembre, iba a pasar las fiestas solo. Tenía veintipico. Había quedado con una amiga pero nos desencontramos. Aproveché para caminar todo el día, la ciudad estallaba con toda su parafernalia, sus rojos y blancos a tope. Cuando empezó a hacerse de noche me agarró un bajón terrible por quedarme en la ciudad solo, ni siquiera tenía reserva de hotel. Me empecé a arrepentir. Por suerte a último minuto apareció mi amiga. Al día siguiente fuimos al almuerzo de Navidad en el Plaza, tengo la imagen grabada: estaban las familias vestidas impecablemente, recuerdo la orquesta, los sombreros, los smokings. Me quedó esa foto de lo que era la Navidad, es un buen recuerdo de invierno.

¿Estás trabajando en alguna casa de invierno?

Estoy terminando una casa en Kumelén, un barrio de Villa La Angostura. Es lo más vincular que tengo con el lago y la montaña. La casa está toda forrada en madera autóctonas (lenga y caldén) por dentro y por fuera. Sin embargo se usa más como propuesta de verano.

Lo tuyo es la composición a partir de la mezcla. ¿Qué buscás en los materiales?

La búsqueda está en el mix de texturas: ahí es donde más me gusta jugar. Acá lo ves en la aspereza del piso, el brillo del vidrio, el punto de la tela, el tratamiento del metal. Lo que yo genero es el finishing (el acabado), lo que hace la diferencia: genero una estética a través de la mezcla de texturas. Este es el punto más personal de mi propio mix. Siempre hay algo que tiene que ver con cómo me gusta vivir a mí pero también busco entender de qué manera vive la otra persona.

Tus proyectos siempre deben empezar con una charla de café…

Me tomo el trabajo de conocer a la persona, de saber cómo vive y cómo quiere vivir. Me tiene que seducir algo. Mi alimento es la seducción: puedo hacer un trabajo si me seduce; si no conecto, no lo hago. Por ejemplo: diseñé una panadería en Campana, se llama Sol de Mayo. Nunca pensé que haría una panadería, pero me vinieron a buscar: eran chicos jóvenes, hijos de una familia de panaderos. Me dijeron: "Pablo, te venimos siguiendo. Fuimos a Pâtisserie (el local de ropa para niños que diseñé) y nos encantó". Me entusiasmé. Hoy llegás a Campana y te dicen: tenés que ir a Sol de Mayo.

Fue una nota de color en tus obras

Sí, fue algo que me sacó de contexto pero me devolvió mucho, en especial en la alegría de hacerlo.

¿Tuviste algún otro proyecto inédito para lo que estás acostumbrado?

Cuando hice el hotel La Alondra en Corrientes me pasó algo parecido. Vinieron a contratarme al estudio: me contaron que era una casa histórica y que querían armar un hotel pequeño. La casa era colonial, venida a menos, pero linda. Cuando la fui a conocer vi que quedaba al pie de la ruta, aislado. Entonces dije: vamos a olvidar lo que pasa afuera, vamos a trabajar para dentro. Se convirtió en un ícono de Corrientes, es un punto de referencia.

¿Qué espacios no pueden faltar en una casa?

Para mí hay tres cosas importantes. Yo vivo más en el living que en el comedor, me gusta pasar tiempo ahí. También me gusta mucho hacer galerías: la relación entre el adentro y el afuera, generar esos espacios intermedios. Siempre que puedo trato de que haya una biblioteca: las armo como si fueran inglesas, parece que tuvieran 50 años de antigüedad. Los espacios que más disfruto son el escritorio, la biblioteca y la chimenea: siento mucha atracción por los lugares de fuego.

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