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Rachel Dolezal, la mujer blanca que por decirse afroamericana avivó el debate en los EE.UU.

Convertida en eje de controversia en días de enorme tensión, esta activista por los derechos civiles se define como persona "transracial"
Rafael Mathus Ruiz
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21 de junio de 2015  

Youn Kwak/AFP
Youn Kwak/AFP

NUEVA YORK.- Mentirosa. Estafadora. Narcisista. Hipócrita. Pocos personajes han provocado tanto odio y generado tanta perplejidad como Rachel Dolezal, una mujer que, en apenas unos días, pasó de ser una extraña, una absoluta desconocida para casi todo Estados Unidos, a ser eje de debate y tendencia en Twitter.

Rachel Anne Dolezal tiene 37 años, es divorciada, madre de dos hijos y vive en Spokane, una ciudad en el estado de Washington tan poco conocida como lo era ella hasta hace poco. Allí, Dolezal ganó reconocimiento por su activismo a favor de los derechos civiles, que la llevó a dirigir la filial local de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (Naacp, según sus siglas en inglés), una organización que lucha para desterrar la discriminación racial que caracteriza a Estados Unidos.

Nada en su vida parecía digno de la atención nacional. Nada, excepto una cosa: durante diez años, Dolezal se hizo pasar por negra, cuando, en realidad, es blanca.

Sus padres, Ruthanne y Larry Dolezal, con quien hace años no tiene relación, desataron la polémica con una entrevista televisiva. Rachel Dolezal es una mujer blanca, caucásica. Los padres dijeron que su hija había engañado a todos al afirmar que era afroamericana, y que sus ancestros eran checos, suecos y alemanes, con algunos "rastros" de ascendencia indígena. Mostraron, incluso, una foto de su hija adolescente a las cámaras, que luego recorrería el país de costa a costa. Dolezal, blanca y con pecas en la cara, sonríe. Su cabello rubio, prolijamente peinado, le cae sobre los hombros. Hoy, Dolezal luce una tez mucho más oscura y una electrizante cabellera marrón rizada.

"Rachel ha querido ser alguien que no es. Ella ha elegido no ser ella misma y representarse como una mujer afroamericana o birracial, y eso simplemente no es cierto", dijo su madre.

Desde ese momento, Estados Unidos pareció no hablar de otra cosa más que de ella. Sin quererlo, Dolezal terminó por imprimirle un inesperado giro al histórico debate racial del país, justo en medio de la seguidilla de episodios de brutalidad policial que le costaron la vida a hombres afroamericanos, y en la antesala de la matanza en una iglesia de Charleston, en la que murieron 9 personas, todas afroamericanas, y de la cual el principal sospechoso es un joven supremacista blanco.

No fue un giro cualquiera. La conversación, esta vez, fue más allá de si existe o no "el privilegio blanco" o las desigualdades raciales o el racismo. Como resumió Charles Blow, columnista de The New York Times, el debate fue sobre "cómo se construye y se aplica la raza, hasta qué punto es cultural o experimental, y si es mutable o adoptable".

En el ojo de la tormenta

"¿Es usted afroamericana?", le preguntó días atrás un periodista a Dolezal, visiblemente perpleja ante el imparable escándalo, que en ese momento apenas comenzaba a desplegarse ante sus ojos celestes. "No entiendo la pregunta...", se limitó a responder, antes de huir -literalmente- para esquivar más interrogantes incómodos.

Jon Stewart, el comediante más famoso del país, inventó un segmento nuevo para contar la historia en su programa. El nombre que le dio resume, en cierto modo, la reacción del país: "¡¿Queeeeeeé?!". Stewart, una de las mentes progresistas más agudas en la televisión, defenestró a Dolezal y no dudó en meterse de lleno en el debate racial que generó la fraudulenta decisión que, para algunos comentaristas conservadores, sugiere que no existe el tan comentado "privilegio de ser blanco" o un incipiente racismo, puesto que una persona decidió ser negra. "Uno podría preguntar, quizá de manera más apropiada: si ser negro es tan bueno, ¿por qué hay millones de personas blancas que ignoran esta oportunidad única en la vida?", ironizó Stewart.

Otras voces fueron mucho menos benévolas. La escritora afroamericana Terry McMillan fue una de las comentaristas más activas sobre la historia en Twitter. Intercaló el humor ácido -"¿Funciona ese bronceado de aerosol en gente negra en serio?", fue uno de sus primeros dardos- con reflexiones personales -"Jamás he deseado ser blanca". Uno de sus mensajes fue retuiteado más de mil veces. Era una referencia a las trágicas muertes de hombres afroamericanos a manos de policías blancos que ocurrieron en los últimos meses: "Me pregunto en qué raza se convertiría Rachel si fuera detenida por la policía", atizó.

El escándalo abrió una discusión sobre el significado de la palabra "transracial". El término, en rigor, abarca a las personas que han sido criadas en hogares y culturas diferentes a los de su nacimiento. La actriz Whoopi Goldberg, una de las anfitrionas del programa matutino The View, que ven millones de personas, comparó la decisión de Dolezal con la de Caitlyn Jenner, quien antes fuera Bruce Jenner, decatleta y campeón olímpico en los 70, y hoy por hoy es la mujer transexual más famosa del país. Jenner fue tapa de la última edición de Vanity Fair, a la que brindó una larga entrevista acompañada con fotografías de la famosa fotógrafa Annie Leibovitz.

"Tengo que creer que ella se siente como dice que se siente, así como Caitlyn Jenner siente que ella es una mujer", opinó Goldberg, en medio del coro de voces de sus co-anfitrionas.

En una de las entrevistas que ofreció en los últimos días para intentar explicarse a sí misma, Dolezal dijo que, muchos años atrás, en Idaho, cuando comenzó su carrera como activista por los derechos civiles, fue identificada como "transracial". Cuando era niña, dijo, dibujaba su imagen con el lápiz de grasa color marrón, no con el color durazno.

"Me identifico como negra", afirmó, con seguridad. Su identidad, dijo, era un tema "complejo". Sin inmutarse, negó una y otra vez haber engañado a la gente. Y buscó poner punto final a la controversia con un intento de mensaje superador, al afirmar que esperaba que su situación ayudara a elevar la centenaria conversación racial de Estados Unidos.

"La discusión es realmente sobre qué es ser humano", ensayó. "Espero que eso pueda impulsar el núcleo de las definiciones de raza, etnia, cultura, autodeterminación, agencia, persona y, en última instancia, empoderamiento", cerró.

Su texto de renuncia, publicado en Facebook, tenía, al cierre de este artículo, casi 3300 comentarios. Una mujer afroamericana, Christian Kirk, escribió con visible indignación: "El problema no ha estado en su identidad personal, sino en la manera descarada en que secuestró la mía para su beneficio". Dolezal se graduó en la Universidad Howard, conocida como la "Harvard negra". Obtuvo una beca para estudiar allí, según sus padres.

Nunca se disculpó, y, paradójicamente, fue elogiada por trabajar para mejorar la vida de los afroamericanos en Estados Unidos. Ella vivió esa experiencia, dijo en otra de las entrevistas que brindó.

"Bueno, definitivamente no soy blanca", afirmó Dolezal. "Nada acerca de ser blanca describe lo que soy. Lo más cercano que puedo llegar a ser, entre negro o blanco, es negro. Yo soy más negra de lo que soy blanca. Así que en un plano de los valores, de la experiencia que estoy viviendo actualmente, esa es la respuesta. Ésa es la respuesta exacta de mi verdad."

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