En el espionaje no hay amigos ni enemigos

Michel Moutot
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25 de junio de 2015  

PARÍS.- Más allá de las protestas habituales, la revelación de que Estados Unidos espió a Francia ilustra el conocido proverbio de los servicios de inteligencia: en materia de espionaje, los países no tienen amigos ni enemigos, sólo intereses.

Para defenderlos se recurre a todos los medios, y Francia, que levanta hoy la voz para protestar por actos que considera "inaceptables" por parte de un país aliado, no se priva de hacer lo propio cada vez que puede, señalan los expertos.

No hay nada nuevo, "todo el mundo sabe desde 2003 que la agencia norteamericana NSA ha desarrollado un sistema de adquisición de datos en el mundo entero", declara Alain Chouet, ex jefe de los servicios de inteligencia franceses.

"A priori, era para luchar contra el terrorismo. No sirvió para gran cosa contra el terrorismo, pero sí para un montón de otras cosas. La herramienta funciona, y funciona tanto mejor cuando tiene por objetivo personas tecnológicamente avanzadas que no tienen cuidado con sus teléfonos", agrega Chouet.

Los millones de documentos norteamericanos secretos hechos públicos en 2013 por el especialista de informática Edward Snowden, cuya explotación aún no ha terminado, demostraron la amplitud de las capacidades de Estados Unidos para interceptar comunicaciones en el mundo entero.

Esos documentos revelaron que las más altas autoridades alemanas y la Unión Europea eran blancos privilegiados del espionaje de la NSA.

"Sería un tanto arrogante por parte de Francia pensar que está al amparo de ese tipo de acciones", estima Alain Chouet.

"En materia de espionaje no hay amigos, no hay aliados, sólo hay intereses", y "en la deriva de los norteamericanos, que tienden a considerar que el mundo se divide en enemigos y sirvientes, ambos merecen ser vigilados".

La primera medida para contrarrestar el espionaje sería utilizar teléfonos codificados, lo que a menudo no se hace por descuido.

Falta

En el caso de las escuchas norteamericanas, "la falta la comete Francia", estima una fuente bien informada, que lamenta que los altos dirigentes franceses prefieran utilizar sus teléfonos privados en vez de esas líneas codificadas, "de uso un poco más complicado".

"El uso de teléfonos codificados es una disciplina" y quien no se atiene a ella "debe asumir los riesgos", agrega la fuente.

No fue necesario esperar las revelaciones de Edward Snowden para saber que Francia estaba en la mira del espionaje norteamericano, señala Eric Dénécé, director del Centro Francés de Investigación sobre Inteligencia (CF2R).

"Los norteamericanos espiaron a De Gaulle... ¡Imaginen las escuchas que organizaron cuando Mitterrand llegó al poder con cuatro ministros comunistas en el gobierno!", acota Dénécé.

"Lo hacen para tratar de anticipar cuáles serán las próximas alianzas, y también para saber quién cometió faltas, para estar en condiciones de chantajear a los políticos en las negociaciones" internacionales.

Además "están las informaciones económicas", sector en el que abundan los golpes bajos.

Aunque con medios muy inferiores a los de la NSA, Francia trata de mantener su nivel, como lo hacen todas las potencias occidentales, en este tablero en el que rige una sola regla: no dejarse descubrir, consideran al unísono Chouet y Dénécé.

Ni Gran Bretaña ni Alemania ni Francia se privan de hacerlo, pero cada país "está limitado por sus capacidades respectivas", afirma Chouet. Cuando no se tienen los medios de la NSA, cada cual "se concentra sobre lo que considera importante en el momento".

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