Sexo: ¡soltá los ratones!

Las fantasías pertenecen a la riqueza de tu mundo privado
Las fantasías pertenecen a la riqueza de tu mundo privado Crédito: Erivil
Mantené la pava calentita con fantasías que van más allá de las tradicionales.
Denise Tempone
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30 de junio de 2015  • 00:20

Salgamos del combo cliché de las fantasías. Ya sabemos que más o menos a todas se nos cruzó por la cabeza un lugar extraño, otra chica, un número superior a dos y alguna que otra figura de autoridad. Pero las fantasías, en realidad, son mucho más que un repertorio de situaciones porno: son sensaciones hiperpersonales que nos disparan reacciones corporales. No se las llama "ratones" por nada: salen de lugares intrincados y oscuros. Esta oscuridad, sin embargo, no necesariamente tiene que ver con sentimientos hostiles sino más bien con lugares en los que no podemos arrojar luz: son tan profundos que escapan a nuestro control. En rigor, una fantasía pertenece a la riqueza de tu mundo privado y hay que aprender a pensar en ellas como un cofre repleto de joyas a las que podemos apelar para embellecer momentos íntimos, en nuestra cabeza, con nuestro mambo. Dicen que un orgasmo es el encuentro de la fantasía correcta con la fricción indicada. Te ayudamos a detectar tus fantasías para crear tu propio Disney.

Fantasías auditivas

Con guarradas: pará, pará, ¿esa sos vos? ¿La que fue al colegio más caro del barrio? ¿La que les dice a sus hijos que cuiden su vocabulario? Fantasear con decir lo indecible, con dejar de filtrar y volverse obscena, es usual. Este mambo incluye también escuchar todo tipo de groserías dirigidas a nosotras, con el extraño resultado de excitarnos en lugar de enojarnos. No te preocupes, no hace falta asustar a los vecinos. Secretamente, podés decir y escuchar todo lo que se te cante, pero en mute.

Con diálogos imaginarios: esto es parte de algo que se llama "role playing" y que consiste en armar una suculenta historia que te pone en la piel de un personaje o en cierto lugar de poder. Generalmente, cuando pensamos en estos sketches mentales, se nos vienen a la cabeza disfraces y acuerdos, pero al hablar de fantasías privadas, esto no es necesario. Basta con que te autorrelates una situación y te imagines concretándola. A veces, no es lo que hacés sino lo que te contás que estás haciendo.

Fantasías estéticas

Con vos misma: sí, podés estar con otro ¡pensando en vos! y que tu compañero ni se entere. Suena raro, pero las fantasías con nosotras mismas son usuales y funcionan de lo más bien. Tal vez amás tus lolas y te gusta visualizar cómo se mueven cuando estás en acción, o adorás tu cola en cierta posición y el solo hecho de adoptarla te pone on fire. Hay miles de detalles a los que podés apelar para autoerotizarte: tu piel erizada, tus pezones parados, tu boca entreabierta. No hace falta que realmente te estés mirando: videoclipeate mentalmente, embellecete, ponete el filtro que más te guste. Es tu fantasía, podés hacer lo que quieras.

Con flashes de su cuerpo: en ese hermoso lío, en la maraña física y energética que es el sexo, algunas imágenes del cuerpo del otro llegan como destellos. En vos está tomar esas fotografías mentales. El flash aparece cuando lo ves hacer ese gesto con la boca, cuando se toca el pelo de cierta manera. No hace falta que sean relámpagos porno: puede ser la manera en que se acomoda el saco antes de salir o los anteojos para leer. Hay ratones chiquitos, cotidianos, que se asoman cuando menos los esperás.

Con un "feo": por supuesto que todas tenemos gustos distintos, pero esta fantasía se trata de todo lo que es políticamente incorrecto en tu universo estético. Se trata de fantasear con ese tipo asqueroso, desagradable con el que nunca –¡nunca!– tendrías sexo en la vida real. ¿Qué te pasa? Tal vez sean las ganas de jugar a la Bella y la Bestia, pero lo importante es que te permitas descubrir de vos misma que, aunque alguien no te guste, no significa que no te pueda excitar.

Crédito: Corbis

Fantasías olfativas

Olor a él: todo bien con el chat de fotitos eróticas, pero muchas mujeres serían más felices con lograr retener el olor de la pareja, desde el más agradable hasta el más polémico. Las feromonas, las sustancias químicas que nos incitan a aparearnos, nos entran por la nariz. Es así como estamos diseñadas. Así que ahí estás vos, sin saber que secretamente te puede llegar a encantar el olor de sus axilas sudadas o sus bóxers sucios después de un día de trabajo. No es solo la piel, es el pelo, la saliva, su espalda transpirada. El encanto de lo apestoso en el sexo es una constante en las fantasías. Let it be.

Con olores "nada que ver": no es un error de percepción ni una ilusión sensitiva. Puede que efectivamente un olor "nada que ver" con el sexo te excite y mucho. El olor a pasto recién cortado, a cierta comida, a una golosina, a lluvia, ¿quién sabe? No sería nada extraño que descubrieses alguna memoria temprana que asocie ese aroma a algún descubrimiento sexual de tus primeras épocas. Tal vez te dieron tu primer beso tirada en el pasto o tu noche más apasionada fue una de lluvia. Tu cabeza es capaz de estas combinaciones maravillosas.

Fantasías sensoriales

Con la incomodidad: las fantasías se activan con lo inusual y por eso todas las cosas alejadas de la cama y la comodidad nos encienden: que te pinche con la barba, revolcarte sobre el piso, rasparte contra una pared o apretarte contra un rincón. Es llamativo que muchos especialistas mandan a "sentir" a aquellas mujeres a las que les cuesta fantasear: sentir frío, calor, el suelo descalzas o el sol en la piel. El tacto es una gran vía para recuperar la conexión entre el mundo terrenal y tu cuerpo, así que la próxima vez que el viento te congele la cara, pensá que, de alguna forma, esto también es parte de sentir intensamente

¿Qué te parecieron estos consejos? Y vos ¿sos de soltar tus ratones con tu pareja? Más notas acá: Sexo: ¿para qué el autoerotismo?, Ideas para terminar con tus relaciones anteriores, ¿Querés aprender el Dirty dancing? y Sexo: ¡Montalo, vaquera!

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