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Guardianes de Colón: vecinos que resisten y cuidan la estatua

Historia del grupo que sigue intentando frenar su traslado
Valeria Musse
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26 de junio de 2015  

Marzo de 2013. El teléfono sonó y una voz alertó de la situación: "¡Se llevan la estatua de Colón!" Sonia pensó que era una broma. "Es imposible", contestó. Pero su amiga Graciela Fernández, que estaba allí de visita, sintió un escalofrío. Decidió tomarse el subte hasta el centro. En la Plaza de Mayo, una multitud festejaba que el nuevo papa era argentino. Ella no pudo sentirse totalmente feliz. Detrás de la Casa Rosada, la estatua de Cristóbal Colón había sido rodeada por andamios, con un destino incierto.

Ese día empezó la disputa entre los gobiernos nacional y porteño, vecinos y entidades protectoras del patrimonio por el destino de un monumento que, dos años después, yace en piezas sobre el piso, mientras su pedestal ya fue ocupado por una escultura de Juana Azurduy.

También dos años después, Graciela Fernández -vecina de San Telmo y fundadora de Mirador del Lezama- se ha transformado en la documentadora fotográfica de lo que, muy a su pesar, ocurre día tras día en la plaza. La última vigilia le dejó secuelas en su salud, pero no le importa. Sigue mirando con detenimiento qué pasa con las partes de la estatua y todo va quedando registrado en su cámara.

De niña, la mujer solía visitar la plaza con su familia, cuando estaba sin enrejar, para disfrutar de la impactante obra. Aún se recuerda con su tapado azul y las trenzas.

"Mi papá nos traía desde Quilmes, donde vivíamos entonces, y hacíamos picnic mientras nos contaba la historia del monumento", relató, emocionada. Ésa es la memoria que la motiva a continuar formando parte de esta especie de guardia de honor de Colón, pese a que el destino no parece estar a su favor.

De similar forma piensa Mario Chiesa, que defiende de manera acérrima el monumento, que describió como "sagrado". No sólo porque se trata de algo digno de veneración y respeto, como lo tomó al pie de la letra del diccionario, "sino por su importancia para todos los argentinos más allá de las nacionalidades".

Chiesa integra el grupo Colón en su Lugar, conformado junto a las autoridades del museo histórico de La Boca. Basta que uno de los participantes tenga una novedad, aunque mínima, sobre algún movimiento "extraño" en la plaza detrás de la Casa de Gobierno para que los mensajes y correos electrónicos se dispersen cual virus contagioso dentro del grupo. Incluso, si alguno de ellos puede escaparse unos minutos del trabajo se acerca al lugar a cotejar la información.

El pasado domingo 7 de junio, Fernández escribió, acongojada: "Ha llegado a la plaza el monumento de Juana Azurduy y se está preparando el emplazamiento, de modo que es dable conjeturar el traslado de las piezas restantes del Colón en los próximos días. Creo que la mayoría conservábamos la esperanza de que el día no llegara, pero bien se ve que era fallida". Las respuestas de lamento no se hicieron esperar.

Pero la apasionada defensa de la estatua de Colón no ciega a los manifestantes. Coinciden en que el monumento de Azurduy debería compartir el espacio con el navegante. Consideran que eso sería un real ejemplo de la diversidad cultural que formó a la Argentina.

María Carmen Arias Usandivaras siente una gran admiración por la estatua de Colón. "¡Claro que me pararía frente a una grúa para evitar que se la lleven!", aseguró. Pero su cargo como directora de la ONG Basta de Demoler la obliga a contenerse. Apenas si se asoma por las rejas y les grita a los obreros que trabajan en la plaza: "¡No sé si ya no hay nada que hacer, pero con ese criterio van a ir por más!". Así de aguerrida, la mujer no piensa bajar los brazos hasta llegar a lo más alto del proceso judicial.

Los protectores de Colón prometen que impulsarán hasta la Corte Suprema de Justicia el expediente en el que cuestionan el traslado del grupo escultórico donado por la colectividad italiana.

Cuando la estatua de Colón comenzó a ser desmontada, Alejandro Marrocco apenas podía caminar porque lo habían operado de una pierna. Sin embargo, se acercó hasta el lugar para presenciar el "doloroso" momento.

El honor de la madre

El letrado, que representa a la Asociación Italiana de Socorro Mutuo y Cultura Nazionale, aseguró: "Continuaré luchando en honor a mi mamá, Victoria. En el momento del desguace estaba enferma; así y todo, recortaba los artículos que hablaban sobre el tema porque le dolía mucho".

Apasionado, fervoroso. Así se mueve y habla Horacio Savoia cada vez que suena la palabra "Colón". Como si se tratara de su documento de identidad, lleva consigo una copia de la primera acta del comitato que se constituyó en la sede del Círculo Italiano con el fin de reunir fondos que acompañaran la donación del monumento de Cristóforo Colombo.

"¿Llegó Colón?", le preguntó Savoia al guardia que vigila el predio en el espigón Puerto Argentino, frente al Aeroparque, donde será emplazado el monumento. Eran las 21 de una noche cerrada y estaba fresco, pero tras un día laboral agitado era el único tiempo libre que le había quedado para hacer el seguimiento del monumento. No deja transcurrir más de un día para volver a ocuparse del tema: lo obsesiona.

La mudanza del monumento a Colón es casi un hecho. "Sería bueno que el que pueda vaya a despedirlo. Tal vez debiéramos llevar algo, una bandera, un crespón", sugirió Fernández en la bitácora virtual. De cualquier manera, la lucha no se detiene.

Los integrantes de la celosa guardia del Almirante ahora apuntan a la reconstrucción de la estatua en su sitio histórico. Y aseguraron que no quieren bajar los brazos.

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