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La selección argentina venció a Colombia por penales y está en semifinales de la Copa América

Copa America Cuartos de final
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Fue 5-4 en una sufrida definición, en la cual patearon siete penales cada equipo; Tevez terminó sentenciando; en los 90, fue 0 a 0, en un partido en el que el conjunto nacional falló chances de gol increíbles; este sábado, se define el rival para el martes: Brasil o Paraguay
Claudio Mauri
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27 de junio de 2015  • 00:54

VIÑA DEL MAR.- Los penales le dieron a la Argentina lo que mereció largamente en los 90 minutos. Fue tan dramático como una final. Agotador para el cuerpo y la cabeza. Extenuante, demoledor para el sistema nervioso. Un sufrimiento sin fin, que parecía que se iba a extender indefinidamente en los penales. La clasificación a las semifinales estuvo en el pie derecho de Biglia, pero no, el remate se fue desviado. Qué desgracia. El destino parecía burlarse de uno de los jugadores más laboriosos. Romero se calzaba el traje de héroe como en San Pablo ante Holanda y atajaba el remate de Zúñiga. Salvador Romero, que casi no había intervenido en los 90 minutos. Ahora sí, la oportunidad de ser el hombre de la noche es de Rojo, un atrevido, un tractorcito, pero le saca astillas al travesaño. Qué fatalidad. No puede ser, hay un maleficio, que se espanta un poco cuando el remate de Murillo tiene destino de la laguna Sausalito. Y aparece Tevez, el que había desaparecido del seleccionado después de fallar el penal que fue la eliminación ante Uruguay en la Copa América en nuestro país. No había sido tenido en cuenta por Martino en la serie de cinco, pero fue como si los penales lo hubieran ido a buscar a él, lo eligieron a este Carlitos predestinado para tantos momentos culminantes. Y Tevez puso a la Argentina en las semifinales como no pudo hace cuatro años. De fábula.

El fútbol habría sido muy cruel con la Argentina si quedaba eliminada. El equipo sigue apretado en esa morsa que lo muestra siempre superior a los rivales y a la vez condenado a malvivir con resultados cortos, apretados, angustiantes. Anoche jugó el mejor partido de la Copa América y tampoco le alcanzó para establecer diferencias en el marcador con esta Colombia atlética, muy física, dura, agresiva en el cuerpo a cuerpo, alejada del toque y la pausa de la década del 90.

La Argentina fue fiel a sí misma, a su idea y estilo futbolístico, y Colombia planteó el partido desde una contradicción: Pekerman introdujo cambios ofensivos, con Jackson Martínez e Ibarbo de entrada, pero llevó el partido al roce y a la fricción. Con James Rodríguez desentendido de la creación para seguir a Biglia; con Ibarbo atento a Zabaleta; con Teo Gutiérrez tratando de entorpecer la salida de Mascherano. Mejía lo perseguía a Pastore y Arias no le perdía pisada a Messi, que hizo un gran partido, por talento y carácter.

La de Colombia era una propuesta guerrera sin los intérpretes indicados, corregida tempranamente por Pekerman con el ingreso de un volante (Cardona) por Teo (si le molestó el cambio lo disimuló muy bien) para liberar un poco de las labores de fajina a James. Pekerman había sorprendido con una formación que rectificó de manera prematura para hacerla más combativa.

Como siempre, el seleccionado quiso la pelota, y también puso la garra que demandaba el partido. Había que jugar con la cabeza fría y el corazón caliente. Costaba mantener la serenidad mental porque el árbitro rápidamente se reveló como alguien imprevisible, de criterio dispar. Omitió varios foules, dejó pegar demasiado, se preocupó más por castigar las protestas que generaban sus fallos insólitos que por la seguidilla de infracciones. García Orozco no le hizo honor a la tradición de los mexicanos, celosos y estrictos en la aplicación del reglamento.

Fuente: AP

La intensidad del desarrollo no dejaba mucho margen para el manejo pulcro que intenta la Argentina. La pelota estaba viva y se peleaba por cada centímetro. Colombia alternaba la línea de presión; a veces era alta y en otras se replegaba, pero nunca se descompensaba ni dejaba espacios libres cerca de su área. Iban sobre la pelota como fieras.

El encuentro le exigía a la Argentina mucha movilidad, precisión y continuos apoyos para superar la espesa telaraña colombiana. Lo consiguió por momentos con Biglia, Pastore, Di María, Agüero y Messi. Apareció Rojo con un cabezazo, ese recurso aéreo que tanto hace falta como variante. Colombia no remató al arco en el primer tiempo y el porcentaje de posesión de la Argentina se mantenía dentro de su promedio en el torneo: 64 por ciento. Dieciséis remates al arco contra dos de Colombia. Una cancha inclinada. Y Ospina era figura al taparle un cabezazo a Messi en la boca del arco. Increíble. El arquero volaba y tapaba, y si no, lo salvaban los palos. Y si no, aparecía Murillo para despejar sobre la línea una definición de Tevez. La Argentina lo intentó hasta el desmayo, nunca quiso llegar a los penales. Sufrió lo indecible, pero tuvo la recompensa que también fue un acto de justicia.

La deficinión (5-4)

Colombia: James (gol), Falcao (gol), Cuadrado (gol), Muriel (falló), Cardona (gol), Zuñiga (atajó), Murillo (falló)

Argentina: Messi (gol), Garay (gol), Banega (gol), Lavezzi (gol), Biglia (falló), Rojo (travesaño), Tevez (gol)

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