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"Sí, soy extremista"

¿Qué tal si cambiamos nuestra visión de #TodoONada? Foto: Corbis
¿Qué tal si cambiamos nuestra visión de #TodoONada? Foto: Corbis
María Gabriela Palleros
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2 de julio de 2015  • 00:32

Cuando llevar todo al límite se convierte en una forma de vida, y la ausencia de grises reina en nuestras decisiones, el mundo se transforma en blanco o negro. ¿Cómo evitar la tendencia de irnos siempre al extremo?

No se trata de no tener decisiones sólidas y opiniones consolidadas, hablamos de no poder registrar el resto de las posturas, de no lograr ampliar nuestra visión aceptando la existencia de otras posibilidades. Cuando creemos que somos dueños de la verdad no damos chance a que nadie nos demuestre lo contrario, por ende todo lo hacemos sin considerar margen de error alguno.

Vamos hasta el fondo, porque los grises nos parecen livianos, sin peso, y aunque muchos aspectos de nuestra vida requieren ir hasta el extremo, el error principal es considerar que absolutamente en todo necesitamos hacer lo mismo. La tendencia de arrastrar las cosas a su punto máximo, muchas veces se nos vuelve contraproducente porque nos posiciona en un lugar donde la idea de cambio es nula y no nos permite una reflexión gradual. Automáticamente colocamos nuestra lectura de la vida en términos de "todo o nada", excluyendo cualquier aspecto que no encuadre en esos parámetros.

Vivir al extremo. Una de las características principales para resaltar de esta forma de vida es que es muy difícil de sostener en el tiempo, no sólo para quien decide llevarla adelante, sino también para los que lo rodean. Las personas que viven llevando todo al límite, siempre necesitan colocar a quien no piensa igual en un opuesto, se manejan por contrastes, o "se está con ellos o se está en contra", haciendo complicado el hecho de poder aceptar y convivir con la diferencia.

Cuando creemos que tenemos la verdad. Foto: Corbis.
Cuando creemos que tenemos la verdad. Foto: Corbis.

También es importante hacer hincapié en que no siempre pasa por una elección consciente, muchas veces nos manejamos con esa tendencia automática que condiciona nuestra visón de las cosas, porque nos acostumbramos a esa forma de leer la realidad. Por lo tanto es fundamental lograr hacerlo consciente para habilitarnos la oportunidad de crear nuevos parámetros y evitar caer siempre en esa misma tendencia. Esto lo logramos llevar a cabo registrando la necesidad ampliar nuestra visión #TodoONada

Cómo cambiar la visión #TodoONada

•El mundo no se reduce a una sola opinión. Limitarnos siempre a tomar posturas determinantes sobre todos los temas, nos invalida la capacidad de desplegar el abanico de opciones que nos rodea. Cuando logramos registrar la diversidad que existe entre los extremos y manejar la necesidad de tener que ir, sí o sí, hasta ellos, enriquecemos nuestro nivel de análisis.

•Nos cuesta aceptar el cambio. Cuando no podemos apreciar la totalidad, y nos quedamos solamente con una parte de la misma, el pensamiento se vuelve cada vez más rígido, nuestra lectura se transforma en la única realidad posible, y aquello que se presente como distinto, se vuelve inaceptable. Por lo tanto, es importante trabajar este concepto, porque nuestra evolución personal está sujeta al cambio y si no tenemos la suficiente flexibilidad para transitarlo, nos quedamos estancados siempre en el mismo lugar.

• Llevamos el estrés a cuestas. Conducir todo a su punto máximo, siempre conlleva una tensión implícita. Cuando pensamos en forma de ¨blanco o negro¨, aparece inmediatamente la idea de un opuesto, lo cual termina gestando una actitud defensiva, muchas veces innecesaria, que demanda un gasto de energía permanente.

•Nuestro extremismo impacta en los demás. No existe una única visión de las cosas, existe un millón de miradas, por lo tanto, tenemos que aprender a convivir con ellas. Si yo sostengo que tengo la verdad y el que no se ajusta a mis criterios está equivocado, cierro todo tipo de diálogo, porque la comunicación se va a centrar en querer lograr que el otro piense como yo. Esto produce el desgaste de nuestros vínculos porque los expone a la confrontación continua.

Cuando nuestra forma de percibir el mundo son los extremos y todo pasa a ser determinante, sin dejar espacio a ninguna duda, corremos el riesgo de no poder ver más allá de nuestras creencias, de estancarnos en nuestros propios pensamientos. De esta manera, nos quedamos sin descubrir que existen distintos criterios, privándonos de toda apertura hacia aquello que no conocemos y como bien lo expresa una famosa frase: el problema nunca es la falta de conocimientos, sino negarnos a la posibilidad de adquirirlos.

¿Y vos? ¿Qué tan extremista sos? Leé también " De todo me ocupo yo " y ¡ Para vos, todo es poco !

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