Prodigios en la Academia Bach

René Vargas Vera
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3 de julio de 2015  

El arte de la fuga (BwV 1080) Academia Bach: tercer concierto comentado / Por: Cuarteto Petrus, integrado por Pablo Saraví y Hernán Briático en violines, Adrián Felizia en viola y Gloria Pankáeva en violoncello / Invitado: Claudio Barile en flauta. Mario Videla en fortepiano, órgano y comentarios / Academia Bach. Iglesia Metodista Central, Rivadavia 4050.

Nuestra opinión: excelente.

Podríamos comenzar recordando que antes de despedirse de este mundo en la tarde del 30 de julio de 1750, a los 65 años, casi ciego, Juan Sebastián Bach nos había dejado toda su sabiduría en el arte de la imitación. Fueron dos muestras de su genio absoluto, unidas por los rasgos propios de la música del Barroco: La Ofrenda Musical a Federico II, rey de Prusia, en 1747, y en medio de las tribulaciones que rodearon su muerte, aquello que quedó bautizado El arte de la fuga.

Probaríamos de esbozar, como quien ayuda a comprender la terminología musical, una aclaración sobre lo que Bach sí llamó sencillamente "Contrapunctus" a cada una de las quince fugas y "Canon" a otros cuatro, siempre sobre un solo tema. Los estudiosos hablan de "obra intelectual", "trabajo didáctico", "construcción teórica", "enciclopedia de la fuga", "Summa del Barroco", etc.

Si sabemos que toda "fuga" es, en principio, el arte de imitación de voces (humanas o instrumentales), que parte de un primer diseño melódico y que de verdad comienza a ser fuga cuando otra voz o instrumento le responde al repetir aquel primer diseño llamado "tema" o "sujeto"; que es la base mínima de la fuga, a la que se suelen incorporar combinaciones de tres y más voces o instrumentos; que "canon" es la estricta imitación de una voz, por otra, en variadas formas, y que "contrapunto" no es otra cosa que "punto contra punto", es decir, "nota contra nota", cuyo juego nos encamina hacia esa trama melódico-armónica tan apasionante llamada polifonía, y nos vamos acercando al centro de estos portentos insuperables de Juan Sebastián Bach.

Ahora podemos ingresar, como nuevos Ulises, en este fascinante viaje al que invita la Academia Bach a través de las sabias palabras del maestro Mario Videla, no sin antes pronunciar la palabra mágica que forma parte de estas definiciones de la música: "ricercare", que en el sentido más estricto del arte de la imitación, en la música instrumental del contrapunto, significa "buscar".

Buscar y bucear es la tarea que le conviene asumir a todo oyente atento, para internarse en este misterioso, complejo y maravilloso laberinto de El arte de la fuga, cuyo único hilo conductor es el primer "Contrapunctus a 4": apenas cinco compases para una melodía sencillísima. Con admirable erudición y amenidad, el maestro Videla va desentrañando tan fascinante entretejido con variados ejemplos musicales a cargo del magnífico Cuarteto Petrus con Pablo Saraví y Hernán Briático en violines, Adrián Felizia en viola y Gloria Pankáeva en violonchelo, a los que se sumará, en algunos tramos, la impecable flauta de Claudio Barile, y en solos de fortepiano y órgano, el propio maestro Videla. Y como si no fuese suficiente en el quijotesco rescate de esta maravilla que Bach dejó tan abierta como para dictar, a través del tiempo, las más curiosas instrumentaciones, intenta una introspección más profunda en esta travesía, para descubrir sortilegios: ¡cantar en comunión! Una y otra vez entonamos este sencillo tema sobre el que Bach concibió metamorfosis sublimes.

Si sus contemporáneos la ignoraron olímpicamente por "anacrónica"; si resucitó apenas en la iglesia Santo Tomás de Leipzig en 1927, El arte de la fuga hoy ha irradiado su luz imperecedera.

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