El concierto de homenaje que Manolo Juárez merecía

Artistas de gran nivel y distintas vertientes musicales rindieron tributo al genial pianista, arreglador y compositor
Mauro Apicella
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5 de julio de 2015  

Todo llega, Manolo. Todo llega.

Es una fría noche de viernes y a este pianista a quien tantas veces se lo vio en espectáculos de tributo a sus colegas -a Waldo de los Ríos, a Eduardo Lagos- le llegó el turno de este tipo de reconocimientos. Sobre el escenario no está su piano eléctrico (emblema de un "sonido" Juárez) porque a Manolo esta vez le toca sentarse en alguna de las primeras filas de la platea para dejarse mimar por músicos de su generación y de varias que vinieron después, esos que lo tienen como referente de la música a secas. Porque si bien su labor más conocida es en el terreno popular, también dieron que hablar sus trabajos en la composición académica y, sobre todo, su tarea como docente.

Por el flamante escenario del auditorio principal del Centro Cultural Kirchner pasan músicos de gran nivel -buen ojo y oído tuvo Lito Vitale al momento de convocar artistas para este homenaje-. Y se trata, especialmente, de gente que lo admira desde la amistad, desde el lugar de colega (por haber compartido algún trabajo juntos) y desde el rol de discípulo. Porque hay allí músicos como Lilián Saba o Adrián Iaies que encuentran en Manolo un referente más allá del folklore. Tuvieron en él -con toda su sana locura, su irreverencia, sus comentarios sin filtro que siempre cayeron como bombas y su humor eternamente ácido- a un maestro "desgenerado" (léase, más allá de los géneros musicales) que los guió por los caminos menos convencionales del arte.

Manolo apareció en la escena musical cuando el folklore de proyección ya había sido inventado por Eduardo Lagos, pero tuvo un rol muy importante en ese terreno. Le ofreció su ingenio, le agregó su impronta. Al mismo tiempo, incursionó en otros territorios. De ahí que a este homenaje se sumen músicos contemporáneos, como la pianista Haydeé Schvartz y el violinista Elías Gurevich, para interpretar "Mutaciones" y "Sagitario", para instrumentos solistas, o más tarde Silvina Garré y Juan Carlos Baglietto, que desempolvan un tema que el pianista compuso con Víctor Heredia y que los cantantes grabaron en la década del ochenta.

El tributo se llama Tiempo Reflejado, en referencia a uno de sus primeros discos, y representa muy bien el concepto de esta producción. Es difícil "leer" un espectáculo de homenaje como un concierto homogéneo, dado el desfile incesante de artistas por el escenario. Pero en este caso quedan subrayados los matices de un repertorio magníficamente interpretado.

Hay un grupo estable integrado por instrumentistas del grupo más reciente de Juárez -Roberto Calvo (guitarra), Mono Hurtado (contrabajo) y Colo Belmonte (batería)- más Facundo Guevara (percusión).

Hay amigos queridos del folklore, como Daniel Homer, Galo García y Marián Farías Gómez; hay otros de allá lejos y hace tiempo, como Jorge Navarro, bien dispuesto a la aventura pianística del arreglo que Manolo hizo de la "Zamba de mi esperanza". Y también están esos músicos de generación intermedia que se arriman a este homenaje y hacen que las músicas de Juárez o algunos de sus arreglos queden en muy buenas manos. Desde flautistas como Víctor Carrión y Rubén Izarrualde o la cantante Verónica Condomí, hasta los pianistas que, por supuesto, son mayoría: los mencionados Iaies y Saba, Diego Schissi, Lito Vitale, Pablo Fraguela, Leo Sujatovich y Carlos Aguirre, entre otros.

El cierre de la noche queda para que Manolo, con sus 78 abriles, se siente al piano y termine ese recorrido por su vida artística, bien nutrida de colegas-amigos-admiradores.

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