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El arte de maquillar a la muerte

Daniel Carunchio se dedica a la preservación de los cuerpos
Ricardo Larrondo
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8 de julio de 2015  

Cuando tenía 17 años, quiso trabajar en la empresa de la familia. Su tío, que manejaba con firmeza el timón de la compañía, lo puso de cadete, pero al poco tiempo advirtió tanto sus inquietudes como su picardía. Para que conociera el negocio, comenzó a rotarlo: cada seis meses cumplía distintas funciones. El rubro comercial no era de los tradicionales: trabajaba en una cochería y su tío era Alfredo Péculo, un empresario revolucionario, un innovador de los ritos funerarios en el país, en las últimas décadas.

"Con el paso de los años, me di cuenta de que todos se fijaban y les daban importancia a las distintas facetas del negocio, pero la más interesante me pareció, justamente, el fallecido en toda su dimensión." Así, Daniel Carunchio, de 51 años, describe los comienzos de su pasión. Afirma que su gran maestro fue el colombiano Luis Fernando Arango Madrid, un medellinense a quien él considera el Nº 1 en la materia y con quien convivió casi un año. También aprendió esta especialidad de su otro gran maestro, que es su profesor y amigo: el doctor guatemalteco Mario Lacape, egresado de la Universidad de Cincinnati, en Ohio.

Desde aquel entonces, pasaron 35 años y hoy es el gerente general de la cochería Carunchio-Péculo servicios funerarios, ex subdirector de la morgue de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y especialista en tanatopraxia, que es la aplicación de métodos para la higiene, la conservación y el cuidado estético del cadáver. Dicta cursos mensuales para decenas de personas que no sólo llegan del interior, sino también de distintos países de la región.

"Con nuestra técnica, preparamos el cuerpo para que pueda presentarse a sus seres queridos sin ningún riesgo microbiológico y que lo puedan despedir casi como era en vida. Hay casos de abuelitos o personas que han sufrido enfermedades muy crueles y sus cuerpos se han consumido por la deshidratación, por ejemplo, por lo que se les aplica la técnica de tanatopraxia y se los dota de todas las facciones para que puedan ser velados dignamente y con la seguridad higiénica correspondiente, pues cuando una persona fallece, muchos microorganismos mueren, pero otros continúan viables por un tiempo y pueden transmitirse al familiar al tocar el cuerpo", dijo Carunchio.

Por este motivo, Daniel Carunchio ha dado batalla desde hace años para que se practique la tanatopraxia en forma obligatoria en el país, por lo que debe convertirse en una ley nacional: justamente desde 2006 hay un proyecto (Nº 7070) presentado en comisión en la Cámara de Diputados de la Nación. "Por suerte, esta práctica va creciendo en la Argentina, pues no sólo es una forma de acondicionar, embellecer y conservar un cuerpo, sino de proporcionar las debidas garantías sanitarias, tanto para los trabajadores del rubro como para los familiares y allegados que participen de un velatorio. En decenas de países por los que he viajado es obligatoria la tanatopraxia y, es más, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) -que regula el transporte de las personas y los bienes por las aerolíneas afiliadas en forma fácil, segura y confiable- ordena que toda persona fallecida que deba ser trasladada en un avión comercial debe ser sometida a una tanatopraxia."

Con tono docente, Daniel Carunchio quiere despejar toda duda del sistema que practican tanto él como otros 250 profesionales en todo el país: "La gente cree que realizar una tanatopraxia, o lo que a veces vulgarmente llaman embalsamar un cadáver, implica abrirlo y retirarle los órganos, pero no es así. Básicamente se trabaja mediante el reemplazo de sangre por fluidos conservadores a través de pequeñas incisiones de no más de dos centímetros. Es más, los especialistas de las distintas policías científicas de nuestro país debieran aplicar la tanatopraxia en todos los cadáveres en los que se hayan efectuado autopsias, a fin de asegurar posibles reautopsias, que, de otro modo, muchas veces fracasan y, de esa manera, suelen perderse pruebas decisivas en una causa penal".

¿Cuántas tanatopraxias tiene en su haber? Se lleva el índice y el pulgar derechos al mentón y lanza el número: "Unas 24.000". ¿Entre ellos hay personalidades o famosos? "Sí, claro: el presidente Arturo Frondizi, Amalia Lacroze de Fortabat, José María Muñoz, Lorenzo Miguel, María Elena Walsh, Jorge Ibáñez, Leonardo Favio, la doctora Carmen Argibay Molina y Gerardo Sofovich, entre otros. También participó de los cuidados del cuerpo del ex presidente Juan Domingo Perón, cuando fue el traslado del cementerio de la Chacarita hasta la quinta de San Vicente, donde ahora descansan sus restos.

¿Atravesó por alguna práctica que le costó realizar por una cuestión afectiva? El hombre miró su grandes manos curtidas que se entrelazaron fuerte. Levantó la cabeza y, con su ojos húmedos, dijo: "Sí, hubo dos casos. Primero fue mi abuelo y segundo fue Alfredo: él era mi guía, mi compañero, era como mi segundo viejo".

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