Suscriptor digital

El ogro que siempre conquista a todos

Verónica Pagés
(0)
11 de julio de 2015  

Shrek, el musical / Libro original y canciones: David Lindsay-Abaire / Adaptación: Marcelo Kotliar, Carla Calabrese / Intérpretes: Pablo Sultani, Melania Lenoir, Talo Silveyra, Roberto Peloni, Andrés Bagg, Mariú Fernández, Maia Contreras, Florencia Anca, Sabrina Artaza, Romina Cecchettini, Martina Haissiner, Juan José Marco, Tomás Martínez, Victoria Montecchiari, Pilar Muerza, Agustín Pérez Costa, Mariel Percossi, Micaela Pierani Méndez, Luis Podestá, Emmanuel Robredo Ortiz, Mía Saguier, Sebastián Prada, Jimena González, Mariano Taccagni, Pedro Velázquez, Manuel Victoria, Mariano Zito / Música: Jeanine Tesori / Vestuario: Tim Hatley / Escenografía: Matías Sasaki / Iluminación: Gonzalo González / Producción: The Stage Company / Coreografía: Alejandra Rappazzini / Dirección vocal: Ana / Nuestra opinión: muy buena.

Tal cual la primera Shrek. La historia desde el comienzo -y antes aún- es la que narra este musical importado de la cantera de Broadway. Así que si alguno de los espectadores no conoce la saga es muy fácil subirse a la enorme espalda de este ogro verde y seguirla con comodidad. Y para los que la conocen es encantador reconocer personajes, diálogos y situaciones ya vividas.

Básicamente este Shrek, el musical es un gran espectáculo. Muy bien realizado a partir de canciones pegadizas y amigables, pero -sobre todo- muy bien actuado. Desde Pablo Sultani en la piel del querible Shrek hasta la Fiona niña que -en la función a la cual nos referimos- interpretó la pequeña Mía Saguier con una frescura y una seguridad envidiable, todo el elenco está para el aplauso de pie.

Pero para hacer justicia y que no quede sólo en una alabanza general hay que destacar el trabajo del cuarteto protagónico: Sultani tiene a favor todo: simpatía, buena presencia y una gran voz. Lo único que podría objetarse, pero no a él en particular, sino a la circunstancia de su personaje, es que tanto maquillaje le quita expresividad, y en la comparación con sus partenaires queda más en evidencia. Es que los trabajos de Talo Silveyra, como Burro, y Roberto Peloni, como Lord Farquaad, son una fiesta de expresividad. Se "comen" la obra. Sus apariciones iluminan las escenas de otro modo. Está claro que hay un libro que seguir y lineamientos generales de una puesta que respetar, pero ellos le agregan un plus que vale oro. Silveyra es un Burro perfecto, se adueña completamente de la simpatía, la testarudez y la inocencia del mejor amigo de Sherk. Y Peloni hace de su pequeñísimo Farquaad un malo que mata de risa. El mecanismo para que trabaje con la altura de su personaje -que mide un metro diez- lo obliga a estar de rodillas todo el tiempo, y si bien uno (como espectador) se empeña en mirar cómo funcionan él y sus "piernitas", a los dos minutos uno se olvida y asume que es un pequeño hombrecito tratando de convertirse en Rey a como dé lugar. Y luego, Melania Lenoir, que construye una Fiona impecable; sabe combinar delicadeza y simpática grosería con tremenda naturalidad, además de contar con una voz exquisita. El juego de enamoramiento entre Sherk y Fiona es absolutamente creíble, uno ve desde la platea cómo van mutando las emociones sobre el escenario hasta que la bella princesa se enamora del horrible ogro.

La directora Carla Calabrese arma una puesta que está a la altura del desafío; puede ser que no tenga el impacto escenográfico de la original, pero no se anda con chiquitas. En especial en el número de la Feria/Kermese de Duloc con los muñecos de madera que salen a recibir a los recién llegados. Desde el vestuario -maquillaje incluido- hasta las coreografías resuelven con maestría una escena difícil de imaginar fuera de la pantalla grande.

En definitiva, un gran musical que pone en primera línea el valor de la amistad y del respeto por las diferencias. Un gran espectáculo familiar. Quizás un poco largo para los más chiquititos, pero ideal para cualquiera que supere el metro diez de altura.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?