Rosario: en el crimen, los menores son tanto víctimas como victimarios

Representan el 20% de los detenidos y más del 10% de los asesinados en lo que va del año; la edad de iniciación en el delito bajó a 11 años
Germán de los Santos
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14 de julio de 2015  

ROSARIO.- Adrián Mansilla llegó desde Chaco; tenía 12 años y fue asesinado el 11 de junio pasado de tres tiros, uno de ellos, en el ojo. Era "soldadito" en Magallanes al 300 bis, en pleno barrio Ludueña, en el oeste rosarino. La muerte lo encontró arriba del techo de un búnker donde iba a pasar la noche, con un brasero para calentarse y un revólver calibre 38 para defenderse de los ataques de grupos rivales. El único disparo que hizo no dio en el blanco y quedó incrustado en un auto abandonado. Sus atacantes, que se movían en motos, huyeron. Él quedó en el techo del quiosco de drogas que había sido allanado en abril de 2013, cuando arribaron los 2000 gendarmes.

Unos minutos antes que él, otro pibe cayó a las pocas cuadras, en el mismo barrio. Mauro Riquelme, de 18 años, recibió un balazo en medio de un tiroteo entre bandas; murió tres días después en el hospital Eva Perón. Era hijo de Héctor Riquelme, que irá a juicio como autor material del asesinato de Mercedes Delgado, una militante social que trabajaba en un centro comunitario y murió al quedar en medio de un enfrentamiento entre bandas, el 9 de enero de 2013.

Lo que pasó en el barrio Ludueña es una muestra del mecanismo de la violencia, donde los menores tienen un rol esencial en el modelo delictivo que convive con el narcomenudeo. Menores que aquí son tanto víctimas como victimarios; chicos que, en algunos casos, ya a los 11 años toman armas y matan, o mueren.

Los menores y jóvenes de 25 años pueblan las estadísticas vinculadas al delito en Santa Fe. Figuran en las frías planillas de Excel en ese doble rol, una tendencia que parece haberse agudizado en los últimos cinco años, con la proliferación de las bandas narco que utilizan a los chicos como engranajes de un negocio que se transfigura en otros ámbitos, como las concesionarias de autos que están siendo investigadas por supuesto lavado de dinero, por haber vendido más de 120 autos de alta gama a las bandas de los Monos, Luis Medina y Delfín Zacarías.

Según datos del Ministerio de Seguridad, un 20% de los detenidos este año son menores. Incluso, bajó a 11 años la edad en que los pibes empiezan hacer sus primeras armas en el delito. Sobre un total de 8261 personas detenidas por distintas situaciones delictivas, 1583 eran menores.

Ese doble estándar se empezó a traslucir en 2013, cuando la Municipalidad de Rosario hizo un relevamiento sobre los heridos que ingresan en los hospitales públicos. Ese trabajo de seguimiento permitió realizar algunos recortes en el análisis. El 40% de los heridos con armas de fuego eran jóvenes de entre 15 y 24 años, en su mayoría sin estudios secundarios.

En lo que va del año hubo 114 homicidios en Rosario, un 15% menos que en 2014, pero aún alta (un 38% más) con respecto a 2012, cuando comenzó a dispararse el número de asesinatos. Ese año se contaron 182 crímenes. En 2013 se llegó a 264.

Del total asesinatos de este año, 49 tuvieron como víctimas a menores de 25 años; de ellos, 12 son menores de edad, según analizó la Central de Análisis de Procesos de Santa Fe. El estudio de la información rodea el problema desde otro costado. Los que mueren son en su mayoría varones, jóvenes, pobres y sin secundario completo. Son, en su mayoría, quienes habitan las cárceles.

Oscar Lupori, docente de la Universidad de Rosario y responsable del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, está al frente de La Casita, una institución que trabaja con unos 120 chicos de 9 a 16 años en tareas recreativas y talleres. En su mayoría son del barrio 7 de Setiembre, o el Fisherton pobre, en el oeste rosarino.

El ex sacerdote pone nombres a las víctimas. "El caso de Nico encierra esta idea cruel de víctimas y victimarios. Lo mató un sicario de nueve tiros unos días después de que arribó la Gendarmería. El pibe alardeaba con armas en el barrio y estaba metido en la droga", contó. Franco Nicolás Burgos fue asesinado por un grupo de matones del Tuerto F, un narco del barrio que maneja los quioscos y búnkeres.

"Este pibe creció junto a un basural donde después instalaron un búnker, al lado de su casa. Vivía así, matoneando y consumiendo. En su vida no tuvo un solo estímulo suficiente para salir de esto", dijo Lupori, que agregó: "La pobreza tuvo siempre un correlato con la violencia, pero ahora se ha ido acelerando porque las instituciones no tienen con qué ni cómo contenerla. La crisis que vivimos trasciende la familia y abarca a las instituciones".

"El narcotráfico tiene un engranaje muy aceitado en los barrios más pobres. Mucha gente vive de la droga. Los pasadores, los que hacen delivery, los soldaditos y los que venden a los grandes", explicó Lupori, que concluyó: "No es sólo el dinero; hay una narcocultura que se impuso y que nadie quiere ver. Aquellos que representan la legalidad, como la policía o los jueces, son lo contrario, han pervertido aún más el territorio", apuntó.

Hábeas corpus por Tognoli

El abogado del ex jefe de la policía de Santa Fe Hugo Tognoli presentó un hábeas corpus en favor del comisario, detenido desde hace dos años por su presunto encubrimiento de narcos. Andrés Rabinovich sostuvo que el "estado de encierro" en la cárcel produjo en Tognoli el "agravamiento progresivo y muy manifiesto en sus condiciones de salud físicas, psíquicas y metabólicas, que podrían desencadenar la muerte" de su cliente.

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