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¿Disfrutan los chicos los viajes de aventura?

Ni la incomodidad, ni el cansancio, ni las dificultades intimidan a los padres que deciden llevar a sus hijos a cuestas hasta los destinos más exóticos del mundo
Laura Reina
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18 de julio de 2015  

Era la última cuesta. Vista desde abajo parecía mucho más empinada de lo que en verdad era. Faltaba poco, muy poco. Inspiró y largó el aire, que siempre parece más escaso a 2500 metros sobre el nivel de mar. Miró al cielo y luego al horizonte. Estaba por amanecer. Siguió su camino hasta que finalmente apareció, imponente, la ciudadela de Machu Picchu, la joya incaica que conocía sólo en imágenes, pero que esta vez se ofrecía inmensa ante sus ojos, con los primeros rayos de sol reflejados en las ruinas. La observó emocionado, en paz y en silencio, hasta que los movimientos y gemidos de Elliot, su bebe que llevaba colgado de la mochila "a lo canguro", lo sacaron de ese estado de ensoñación. Le ofreció agua y algo para comer; el bebe lo agradeció con una sonrisa. El esfuerzo había sido mucho, pero valió la pena.

Con poco más de un año, Elliot ya es un viajero "todoterreno". Antes de que termine 2015, además de Machu Picchu, que conoció en mayo, sumará un destino más: Chile, que recorrerá en noviembre con sus padres, el piloto Luis Yanguas, de 36 años, y la fotógrafa belga Chloé Sepulchre, de 29, durante quince días. "Viajar es parte de nuestra filosofía de vida. Queremos conocer más sitios y que nuestro hijo también tenga esa curiosidad -dice Chloé, que tiene un sitio, www.chloesucree.com, dedicado a la fotografía y a la comida slow y orgánica-. Con mi pareja vemos el viaje y la aventura como parte de la vida. La llegada de Elliot no nos modificó; queremos que se acostumbre a este ritmo de vida, incluirlo en la aventura familiar, sin dramas ni excepciones. Eso sí, a otro ritmo."

Conocer en familia destinos que a priori no parecen ser los más recomendados para ir con niños pequeños es una de los últimas fronteras que los viajeros han logrado traspasar y una de las opciones más codiciadas para las inminentes vacaciones de invierno. Ya nadie se sorprende al ver a padres fanáticos del montañismo cargar en sus espaldas a sus pequeños hasta alcanzar la cumbre. O cruzarse en el Camino del Inca a parejas con uno o dos hijos que soportan, a veces estoicamente y otras a regañadientes, el exigente trayecto ascendente hasta la ciudadela incaica. Pero, ¿son travesías aptas para todo público? La doctora Norma Sanfeliz, especialista en medicina del viajero y medical assistance manager de Assit Card, sostiene que "la constitución de la familia y las necesidades de cada integrante no suelen ser la primera condición para la elección de un destino -asegura-. Y lamentablemente, no siempre se tienen en cuenta las necesidades de los pequeños".

A estos viajeros que buscan emociones fuertes, Francesca Di Pietro, experta en psicología turística y bloguera, los define como "personas empáticas que les gusta viajar para fundirse en la cultura y sentirse «locales». Son abiertos a la diversidad. Tienen una visión positiva de la vida, no les temen a los riesgos y andan libremente por ahí. Uno de sus móviles es la búsqueda de experiencias emocionales intensas. Se trata de viajeros dinámicos, apasionados, prácticos y adeptos a la aventura". La proliferación de este tipo de turista ávido de descubrir lugares no convencionales, muchas veces es fogoneada por las facilidades de pagar la aventura en cuotas. Y también por el hecho de que hasta los dos años el bebe no abona pasaje y no cuesta nada sumarlo a la aventura. Además, hoy existe una mayor aceptación social y muchos destinos alternativos se adaptaron para recibir familias con niños pequeños.

Pero detrás del deseo genuino de compartir momentos inolvidables en familia, para Sanfeliz, muchas veces, se desconocen los riesgos de llevar a los chicos a estos viajes. "Los niños son más sensibles a algunos factores, comparativamente con los adultos -dice la especialista-. Por ejemplo, están más expuestos a la posibilidad de contraer enfermedades respiratorias y diarrea aguda. Además, tienen mayores riesgos de infecciones cutáneas y mordeduras de animales por el nivel de actividad y contacto con el medio que los rodea. También aumenta la exposición a picaduras de insectos. Y son altamente sensibles a la posibilidad de quemaduras solares. Por supuesto que no todo destino alternativo conlleva estos riesgos, pero muchos sí, y son desaconsejables para los más chicos."

Claro que no sólo hay que tener en cuenta la salud de los menores, también la de los grandes, ya que estos viajes muchas veces son exigentes desde lo físico... "Es muy común que los padres carguen a sus hijos durante largos trayectos. En principio, nadie debería cargar más de la quinta o sexta parte de su peso corporal, lo cual sería un peso no mayor de 15 kilos para un adulto de peso normal -explica Sanfeliz-. Y hay que tener en cuenta que un niño se mueve y el peso no está bien distribuido. Además de los dolores, el riesgo de lesiones y accidentes se multiplica exponencialmente. El cansancio tampoco es bueno, porque impide disfrutar de la travesía."

El fotógrafo Andrés Pérez Moreno tiene 46 años y conoce bien estas sensaciones, pero asegura que ningún dolor le impidió disfrutar de cada uno de sus viajes. Con dos hijos de cinco y nueve años, él sigue encontrando placer cada vez que emprende una travesía. Una de las que más recuerda es la subida al cerro López, en Río Negro. "Durante el ascenso, llevaba a Juana, que en ese momento tenía tres años, en una mochila en la espalda. Por supuesto no llegamos hasta la cumbre, sino hasta lo que dieron mi espalda y mis rodillas. Ahí descubrí que la peor edad para estos viajes con niños son los tres años porque los chicos todavía no están listos para caminar tanto y llevarlos en la mochila es muy sacrificado, se siente mucho el peso -reconoce-. Pero bueno, la mochila ya la puse en venta, así que este año Juana tendrá que caminar", anuncia Andrés.

A pesar de las adversidades y el innegable desgaste físico que estos viajes conllevan, el fotógrafo asegura que este tipo de viajes fortalecen a la familia y valen la pena: "Todavía me maravilla ver a mis hijos sentados en una roca absortos viendo el vuelo de un cóndor. Y también me gusta observar cómo van superando las dificultades que se les presentan -plantea-. Por ejemplo, el camino de 12 kilómetros del bosque de Arrayanes, en Villa la Angostura, lo hicimos un día de mucho frío y llovizna. Estuvo bueno ver cómo iban cambiando los estados de ánimo: cómo pasaron del entusiasmo inicial al cansancio, sumado al frío. Los chicos se adaptan, pero depende de cómo uno maneje la situación". La única regla, resalta, es no ir con ellos a lugares inhóspitos ni aislados. Y asegurarse tener siempre agua y provisiones para todo el día.

Con apenas cuatro meses de vida, Valentina Murillo hizo cumbre en los Pirineos, junto con su papá, Daniel, y su mamá, Ingrid. Metida en el cochecito "todoterreno" y abrigada de pies a cabeza, la beba que hoy está por cumplir dos años acompañó a sus padres durante la travesía de altura, pese a las temperaturas heladas de pleno enero. "Todos nos decían: «¿Temperaturas bajo cero con un bebe? No es la mejor idea». Pero la realidad es que lo llevás bien abrigado y no hay problema. Tener un hijo para muchos es una barrera para viajar, pero no para nosotros. Desde que tuvimos a Valentina, viajamos más, sólo que a otro ritmo -asegura Daniel, director de marketing del sitio Magister.com-. Cuando vas con un bebe, el ritmo te lo marca el niño. Cuando quiere comer, se come; cuando quiere dormir, se duerme, y cuando no está a gusto en el lugar, hay que marcharse."

Peligros naturales y culturales

Pero las inclemencias climáticas o las características topográficas de un terreno no son las únicas cosas por tener en cuenta durante los viajes de aventura con chicos. Daniel cuenta que las últimas Pascuas, mientras estaban de vacaciones en Colombia, país de su mujer, vivió una situación límite y angustiante de la que pudo salir indemne de casualidad.

"Fuimos a La Guajira, una mezcla de selva, desierto y playas donde vive una comunidad indígena que está muy aferrada a sus tradiciones y a la que no le gusta el contacto con la civilización -describe-. Todos nos desaconsejaban ir allí sin guía, pero a pesar de las recomendaciones fuimos por nuestra cuenta. Después de manejar unas cuatro o cinco horas por una ruta de tierra, llegamos a Cabo de Vela, donde hay unas playas desiertas hermosas. Pasamos la tarde ahí y cuando decidimos volver era casi de noche, entonces tomamos por un camino que parecía ser un atajo y sin querer nos metimos en una comunidad indígena. De pronto, empezaron a salir mujeres con machetes que nos gritaban en su dialecto, hasta que una que hablaba español nos indicó cómo salir. Pero al llegar a la salida, vimos que estaba obstruida con troncos. Miraba por el espejo retrovisor y veía a la gente con los machetes y ahí aceleré a fondo y salimos por encima de lo que nos habían puesto. No nos mataron de milagro, pero fue un error nuestro", reconoce Daniel, en lo que fue uno de los momentos más tensos que vivió siendo viajero de aventuras con su niña a cuestas. El otro, cuenta, lo experimentó en el Amazonas, con Ingrid, pero sin Valentina.

"No somos de planificar, en general, las familias que viajan con niños sí lo hacen. La realidad es que vamos viendo sobre la marcha porque si planeás mucho, te podés perder cosas muy chulas. Nos gusta ser autónomos e independientes, por eso nos compramos una furgoneta con cocina, cama y ducha para viajar por Europa y Marruecos. Valentina es una «todoterreno»; viajar con niños es fácil, sólo hay que asegurarse de que estén hidratados, llevar provisiones y ver dónde vas a dormir", recomienda Daniel, que tiene un blog, thebacktraveller.com, en el que escribe sobre estas experiencias en familia.

Sin duda, los blogs y las redes sociales donde las familias comparten información son grandes aliados para los padres viajeros. Entre las que dan consejos para viajar por la Argentina se destaca www.rumbofamiliar.com, creada por Gabriel Bokler, un viajero fanático del Sur a ambos lados de la Cordillera. "A partir de estos portales buscamos animar a la gente a que haga este tipo de viajes -cuenta Gabriel-. Los padres a veces dudan por cuestiones de salud, preguntan qué hacer si al chico le pica algo o si hay un centro pediátrico en tal destino. Uno no debe hacer locuras con los chicos. Nosotros recomendamos que, al lugar que vayan, haya una mínima infraestructura para atender los imprevistos, que son muchos. Pero estamos convencidos de que las vacaciones menos tradicionales son las que más se recuerdan. Y los chicos lo pasan genial."

Mucho más adepta a la planificación que cuando era soltera, la argentina Julia Vasile, que vive en el Nordeste brasileño, asegura que desde que se convirtió en mamá de Matilda, de tres años, no ha menguado la cantidad de viajes, aunque sí la intensidad. "Tuvimos que modificar la forma de viajar. Antes éramos bastante improvisados, ahora intentamos averiguar lo máximo posible del destino, y vamos con un cronograma definido y reservas previas", cuenta la publicista, embarazada de siete meses. En sus travesías por el mundo, Julia asegura que les ha pasado de todo: desde encontrar un escorpión, cambiar un pañal en la Sagrada Familia y tener que salir corriendo por las escaleras de servicio con la bebe en brazos en el Museo de Ciencias Naturales en Londres por una amenaza de bomba, hasta estar nadando en Pipa y que les pase un delfín por al lado. "Matilda disfruta de cada viaje, más que nosotros", afirma Julia.

Ante la pregunta del millón, si los chicos disfrutan o no este tipo de viajes, la doctora Sanfeliz, opina: "Si el ambiente es afectivo y contenedor, y se han tomado las precauciones adecuadas, los niños mayores, de más de tres o cuatro años, tienen posibilidad de disfrutar. Pero los niños más pequeños requieren muchas actividades vinculadas al mantenimiento de su confort, las cuales no son fáciles de mantener en contextos de viajes alternativos. Cuando la necesidad de contacto con la naturaleza o conocimiento cultural o de "novedad" prima sobre las necesidades del niño, probablemente, se dará que los padres lo pasen bien mientras el chico sólo acompaña cansado, malhumorado y con riesgo de enfermarse porque en esas condiciones su estado inmunitario se afecta y se enferman más fácilmente".

Sugerencias para la travesía

Informarse

Consultar con el pediatra si hace falta darle al niño alguna vacuna o averiguar qué medidas preventivas conviene tener en cuenta para el destino elegido

Agua y comida

Es fundamental tener a mano siempre agua potable y segura, lo mismo que un snack saludable como fruta o barras de cereal

Muda de ropa

Llevar siempre una muda de ropa (también interior y pañales). Tener encima protector solar y repelente

Peso justo

Los especialistas recomiendan no cargar más de la quinta o sexta parte del peso corporal propio, que puede ser entre 15 y 20 kilos. Descansar cada dos horas y en lo posible hacer ejercicios de estiramiento antes y después del esfuerzo físico

Producción de Natalí Ini

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