Argerich y Barenboim, de vuelta en casa

Compartieron bromas y reflexiones en la presentación de sus conciertos
Pablo Gianera
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22 de julio de 2015  

Por un motivo o por otro (y los motivos en cada uno de ellos no son los mismos), Martha Argerich y Daniel Barenboim son dos músicos y dos personas imprevisibles. Así las cosas, la conferencia de prensa del Festival de Música y reflexión en el Salón Dorado del Teatro Colón, protocolo periodístico que suele ser rutinario, tuvo esta vez algunos brillos inesperados. Los conciertos empezaran este veirnes, con una intervención imprevista de Argerich para En blanc et noir, de Debussy. Juntos, tocarán el domingo.

Al principio habló Darío Lopérfido, que dijo que estaba nervioso porque, por un lado, era el director del Teatro Colón y, por el otro, "un fan". "No son solamente los músicos más importantes, son los dos argentinos más importantes del mundo." Después, Argerich recordaría esa frase: "Me parece que se olvidó del papa Francisco", le dijo. "Bueno, entonces son tres", concedió Lopérfido. Pero Barenboim sabe quedarse con la última palabra: "¡Pobre Messi!".

Bromas aparte, Barenboim insistió en el sentido de este Festival, cuya continuidad Lopérfido confirmó para el año que viene: "Es una oportunidad de tener un lugar nuestro. Este proyecto es un triángulo cuyos vértices son Martha, la West-Eastern Divan Orchestra y yo. Espero todo el año para volver a Buenos Aires". El maestro hizo notar el origen argentino del Festival. "Nada habría pasado si yo no hubiera pasado aquí mi infancia, donde hay una aceptación de identidades múltiples. Le estoy devolviendo a la Argentina lo que me dio desde mi infancia." Argerich estuvo de acuerdo: "Me siento feliz. Esto significa una tentativa de paz". Divertido, Barenboim le recordó a la amiga un detalle: "¡No te olvides de que sos miembro honorario de la orquesta!". Además, volvió a repetir su admiración por el Papa y su compromiso con la solución del conflicto árabe-israelí.

Sobre el final, ya sin Argerich, que había ido a un ensayo, Guillermo Scarabino le formuló a Barenboim una pregunta que definió como "pedestre": ¿cuándo descansa? "La música me da energía -explicó el maestro-. No necesito descansar de la música. Traté de explicarle eso a mi cuerpo, pero no siempre entiende." Enseguida contó una anécdota del violinista Mischa Elman, que debutó muy chico y seguía tocando pasados los setenta años y que, durante una entrevista en la vejez, dijo: "Nada cambió. Tanto entonces como ahora la gente dice que toco muy bien para mi edad". Barenboim concluyó: "¡Espero no llegar a ese punto!".

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