Tareas en vacaciones... ¿y el descanso para cuándo?

Los deberes escolares durante el receso invernal ponen a prueba la organización de los chicos (y de los padres)
Lila Bendersky
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25 de julio de 2015  

El timbre que dio inicio a las vacaciones de invierno sonó, en ORT Yatay, hace poco más de una semana, pero Sebastián Cohen, alumno de tercer año, empezó en el minuto uno a organizarse para hacer la tarea que le dieron durante las vacaciones. Una guía de ejercicios para matemática, una novela para lengua y un trabajo de investigación sobre la minería para sociales son algunos de los trabajos que tendrá que realizar durante el receso escolar. A pesar de no tener que ir al colegio, y al igual que otros chicos de secundaria, Sebastián tendrá que equilibrar su tiempo de ocio con las actividades académicas. Le queda una semana y ya empezó a sufrir. En plenas vacaciones de invierno, ¿es necesario que los chicos reciban tanta tarea?, ¿no es un momento oportuno para que los chicos (y los padres) descansen? "En la última semana, tuvieron una maratón de pruebas. Realmente, tienen que tener tiempo para jugar, salir con sus amigos y desenchufarse. Ellos tienen que descansar y nosotros también", afirma Andrea Basile, mamá de Sebastián, que lo envió esta semana a un campamento del club Cissab.

Para Liliana Moneta, psiquiatra y psicoanalista infanto-juvenil, los chicos están últimamente muy sobreexigidos a raíz de la intensa actividad escolar y extraescolar que poseen. "Están muy agotados a estas alturas del año. Tienen necesidades físicas y psíquicas de tomarse un respiro. El ocio también es muy importante para ellos. Los ratos de esparcimiento les van brindando experiencias que, de alguna manera, conforman la personalidad del chico. Las vacaciones son un buen momento para que pasen tiempo con sus padres y socialicen con sus pares", sostiene.

Luciana Vázquez, periodista especializada en educación, disiente en la idea de que el cansancio sea producto de una exigencia académica. "Es importante que los chicos descansen, pero no están cansados por estudiar, sino porque tienen una rutina donde se levantan muy temprano, pasan muchas horas en la escuela y se acuestan tarde porque se quedan conectados a Internet."

Alcira Cababie es administrativa en una empresa de comercio y sólo tiene estas dos semanas en el año para irse de vacaciones con su hija, Carolina. Mientras prepara las valijas para partir a Río de Janeiro, Carolina hace malabares para ver cómo resuelve las diferentes consignas que le dieron. "Para psicología, tengo que hacer una monografía. Para química, hay que filmar una propaganda. También, tengo que hacer un trabajo práctico para historia del arte y leer unos textos para biología. Ya arreglé con mis compañeros que voy a editar el video cuando vuelva. El resto de los trabajos no tengo en claro cómo voy hacer. O hago una parte allá o cuando vuelvo me pongo a terminar todo", dice esta alumna de quinto año del ILSE.

Si bien ninguna tarea equivale al tiempo que un adolescente pasa en el colegio, lo cierto es que algunos trabajos demandan que el alumno esté varias horas resolviéndolos. "Casi todos los días tenés que hacer algo: leer un poco un libro, juntarte para hacer un trabajo. No es que son un descanso porque en ningún momento te terminás de relajar. Hay que estar atento porque son muchas las tareas para hacer", reprocha Carolina.

La organización es una cuestión clave a la hora de resolver estas asignaturas y un obstáculo difícil de superar para algunos estudiantes. Belén Gallo cursa cuarto año en el colegio Cardenal Spínola de San Isidro y este año, al igual que todos, tendrá que cumplir con los diferentes trabajos prácticos que le solicitaron. "Los días que esté en casa y no tenga mucho para hacer voy a estar un rato con cada materia. Hubo años que hice todo a último momento y fue un caos. Esta vez pienso administrarme mejor el tiempo", dice.

¿Por qué los establecimientos educativos mandan tarea durante el receso invernal? Gustavo Zorzoli, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, sostiene que la falta de continuidad de clases, producto de los paros, conlleva a que los docentes utilicen el receso para adelantar algunos contenidos. "En el primer cuatrimestre, buscamos mantener un nivel académico exigente y constante. No hay una directiva que obligue a mandar tarea en estos días. Está sujeto a cada profesor y a su propia estrategia pedagógica", detalla.

Rebeca Anijovich, profesora e investigadora de la Universidad de San Andrés y la UBA, señala que interrumpir el ritmo de aprendizaje en estos 15 días puede dificultar que los estudiantes vuelvan a engancharse al regreso. Enrique Herszkowich, rector de la escuela secundaria Martín Buber, coincide: "Así como el deporte requiere un entrenamiento, el aprendizaje también. Si se interrumpe un tiempo, cuesta retomarlo. Durante esta primera parte del año, se ha ganado una cierta constancia, una regularidad, una ejercitación en los chicos".

Facundo Tisman cursa quinto grado en el St. Luke's College y para estas vacaciones tendrá que leer, como todos sus compañeros, algunos cuentos del libro El negro de París, de Osvaldo Soriano. También deberá hacer tiempo para sumergirse en la lectura de una pequeña novela en inglés. "Nuestra escuela es bilingüe de jornada completa con un ritmo de aprendizaje bastante intenso. Por esta razón, desde algunos años, decidimos no pedir tareas para las vacaciones. Durante estos días, privilegiamos el tiempo de ocio. Creemos que es importante que los chicos puedan encontrarse con su tiempo libre, con la creatividad, la espontaneidad", explica Alejandra Mizrahi, directora de nivel primario del Beth. El Colegio Palermo Chico y el Florida Day School también adhieren con esta política.

Para Grace Horne, directora de la Escuela del Sol, muchas veces las tareas escolares en el receso sirven para que un chico no repita de grado: "Estas consignas evitan un insuficiente en el boletín. Algunos alumnos tienen mayores dificultades de aprendizaje que otros. Durante el receso, a estos chicos les enviamos ejercicios para que practiquen. La idea no es castigar al que no sabe, sino que aprenda".

La cuestión central respecto a la tarea escolar durante estas dos semanas pasa, en gran medida, por el tipo de ejercicio que se le pide al alumnado. Para Anijovich, el problema es pensar la tarea como una suerte de castigo. "La propuesta puede ser creativa, desafiante. Si el trabajo que deben hacer es grupal, es una herramienta para que los chicos socialicen", sostiene.

"Lo interesante es invitar a los chicos a indagar en el mundo educativo, pero no en el sentido escolar. Si les proponés libros, películas, salidas como un entretenimiento es una apertura al mundo, sale de la lógica tradicional y es una invitación que se hace desde el espacio escolar. Hay que guiarlos para que el entretenimiento tenga un valor agregado y que sea algo más rico que sentarse a hacer ejercicio de matemáticas de manera repetitiva", propone Vázquez.

En días donde los chicos tienen ganas de divertirse, la tarea también tiene que ir en línea con este deseo. El reto pasa por brindar al estudiante un tipo de ejercicio que lo interpele y que lo acerque al mundo del conocimiento desde un costado más lúdico.

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