El futuro de Juan Martín del Potro acumula interrogantes

Tiempos mejores con el equipo de Delpo completo
Tiempos mejores con el equipo de Delpo completo Fuente: Archivo
El tandilense anunció que no trabajará más con Davin y Orazi, integrantes del cuerpo técnico que lo acompañaban desde 2008 y con los que consiguió sus mayores victorias
José Luis Domínguez
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25 de julio de 2015  • 17:06

Un comunicado escueto, uno más de los que formalizó desde que adoptó las redes sociales como forma de comunicación, fue el anuncio del final de una larga relación laboral, la que Juan Martín del Potro sostenía desde hace más de siete años con el entrenador Franco Davin y el preparador físico Martiniano Orazi . "Hola a todos. Quiero contarles que Franco y Martiniano han dejado de ser mis entrenadores. Sólo tengo palabras de agradecimiento por los años que hemos trabajado juntos y les deseo lo mejor. También un agradecimiento especial a sus respectivas familias por el cálido apoyo más allá del tenis", expresó Delpo en su cuenta de Facebook. Un corte que, en función del largo paréntesis en la carrera del tandilense, asomaba lógico. Si bien Del Potro no dio a conocer las razones del final del vínculo, se supo que el epílogo se produjo en buenos términos personales.

Sin embargo, es posible que las razones profesionales hayan influido. Desde febrero del año pasado, Del Potro sólo disputó dos torneos: Sydney (en enero de este años) y Miami (marzo). Cuatro partidos, en total. Muy poco para un jugador de primera línea, cuyo futuro está envuelto en la incertidumbre, que actualmente está en el puesto 569° del ranking y que, en principio, no tiene previsto volver a jugar por lo menos hasta principios de 2016.

Durante todo el tiempo que Delpo estuvo parado por sus lesiones, Davin recibió propuestas para ser el coach de Andy Murray y otro jugador ubicados dentro de los 20 mejores del ranking, pero en cada caso desistió y argumentó que iba a acompañar al tandilense en cada uno de los procesos de recuperación. Como también se supo que, por motivos personales, Davin evalúa desde hace tiempo la idea de radicarse en Miami, un lugar en el que suele pasar varias semanas al año y que, por otro lado, es una de las ciudades elegida por varios jugadores como residencia o sede para trabajar. Uno de los jugadores que mostraron su interés por trabajar con Davin es Grigor Dimitrov . El búlgaro anunció hace un par de semanas que había terminado su vínculo con el coach australiano Roger Rasheed, y recientemente también se separó de la rusa Maria Sharapova, con la intención de reimpulsar su carrera; Dimitrov fue número 8 del mundo en 2014, pero este año retrocedió hasta el 16º escalón. Vale recordar que Dimitrov es representado por Team 8, la misma empresa de management que maneja la agenda comercial de Roger Federer ... y Del Potro. Su manager admitió que el búlgaro se entrena en estos días en Miami con Ivan Lendl , "pero todavía está sin entrenador y pronto anunciará su nuevo coach".

La relación entre Del Potro y Davin comenzó en marzo de 2008. Tras finalizar su convenio con Eduardo Infantino, el tandilense encontró en Davin el entrenador que supo explotar su talento. Hasta entonces, el tandilense era un diamante que necesitaba el trabajo de un orfebre. El zurdo de Pehuajó asumió esa misión con la misma paciencia y capacidad con la que llevó a Gastón Gaudio a ganar Roland Garros y a ser el número 5 del mundo. Del Potro era un jugador de características muy distintas a la mayoría de los tenistas argentinos, pero a Davin le gustó el reto. Los resultados llegaron enseguida: cinco meses después, Del Potro ganó cuatro títulos ATP en fila (Stuttgart, Kitzbühel, Los Ángeles y Washington), ingresó en el Top 10, jugó el Masters y protagonizó la volcánica final de Copa Davis en Mar del Plata; en septiembre de 2009 tocó el cielo con las manos: campeón del US Open. Con el tiempo llegó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y otra final de Copa Davis (2011). También, las sucesivas lesiones, primero en la muñeca derecha -que lo dejó casi todo 2010 al margen de las canchas-, y luego en la muñeca izquierda, que hasta estos días lo tiene a maltraer. A pesar de todos estos inconvenientes, Davin y Orazi continuaron a su lado.

Desde su regreso de Minnesota -hace un mes-, Delpo acudió algunas veces al gimnasio, pero sin la participación de quienes integraban su cuerpo técnico. La semana pasada, Del Potro y Davin se acercaron a Tecnópolis para alentar al equipo argentino; el tandilense, incluso, estuvo junto con el cuerpo técnico durante los dos primeros días de acción, mientras que el coach pasó en silencio, fiel a su bajísimo perfil. Davin y Orazi estuvieron junto a Delpo en los momentos más complejos -de hecho, el coach lo acompañó en cada una de las operaciones a las que se sometió-. Esta vez, posiblemente la falta de mayores precisiones sobre el futuro, con una incierta espera de varios meses -al menos hasta principios de 2016-, haya sido crucial para que los caminos se bifurquen.

"Sucedió algo parecido cuando Davin dejó de trabajar con Gaudio, con el que también estuvo muchos años; al poco tiempo, Gastón se retiró", contó una fuente muy cercana a los protagonistas. Hoy, las perspectivas sobre Del Potro hablan de un mediano plazo para intentar una vuelta al circuito. En Tecnópolis contó que en dos o tres semanas se le quitará la férula protectora y comenzará la rehabilitación de la muñeca izquierda. Richard Berger, el médico que lo operó en cuatro ocasiones, insistió en que los trabajos de recuperación deben cumplirse sin apuro, sin que la ansiedad complique los tiempos. A partir de esta decisión, se agrega otra incógnita: ¿quiénes acompañarán al tandilense en lo que será su último intento por volver al circuito? Aunque, claramente, el interrogante mayor es si Del Potro conseguirá regresar a las canchas en plenitud. Cuando anunció su última operación, con un video muy especial y significativo por el momento que atraviesa, con dolor admitió que se trataba del último intento; si los dolores continúan, llegará la hora del retiro. Por lo pronto, y en lo que puede percibirse como una señal inquietante, se ha quedado sin los escuderos con los que saboreó sus mayores éxitos.

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