Juegos y trajes regionales en la boda de Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo

Crédito: Getty Images
El hijo de Carolina de Mónaco y la aristócrata italiana se casaron en una ceremonia íntima, a la que le ha seguido una multitudinaria celebración
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25 de julio de 2015  • 15:25

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo dieron esta mañana su primer "sí, quiero" en una íntima ceremonia civil, a la que le siguió una celebración multitudinaria aunque también sencilla y poco atada al protocolo, tal y como era el deseo de los novios.

La ceremonia civil fue oficiada por el ministro de Justicia del Principado, Philippe Narmino, el mismo que casó a los príncipes Alberto y Charlene y registró el nacimiento de sus gemelos. Para presenciar ese momento, que duró unos veinte minutos, se han congregado en uno de los salones del Palacio a setenta invitados, mayormente familiares y amigos cercanos a la pareja. La novia había llegado minutos antes en un Bentley blanco clásico; nada se pudo ver de su vestido, pero sí asomaba por la ventanilla del auto un ramo de flores blancas.

Las familias de ambos contrayentes fueron los primeros en llegar. Charlotte Casiraghi, con una impresionante pamela y un vestido estampado en rojo y blanco, llevaba en la mano un bolso grande, seguramente para llevar las cosas de su hijo Raphael. Las hermanas de la novia, en tanto, arribaron casi a la vez que ella; Lavinia llegó con su marido, John Elkann Agnelli, y sus tres hijos, Leone, Oceano y Vita, quisieron hacerse una foto familiar de recuerdo los cinco frente al palacio antes de entrar a la ceremonia. Momentos después hizo su aparición Marta Marzotto, la abuela de Beatrice con una de las vaporosas y coloridas túnicas que suele llevar. La diseñadora Marta Ferri, esposa de Carlo Borromeo -hermano de Beatrice-, quiso mostrar en las redes sociales el estilismo que ha elegido para este día tan especial, con un vestido color coral con estampados en tonos azules y verdosos con cinturón, gafas de sol blancas, abanico y una pamela.

Mientras los novios estaban firmando el acta matrimonial para el Registro Civil de Mónaco, el bullicio en los hoteles de lujo y el ir y venir de vehículos rumbo al Palacio Grimaldi era constante. En pocos minutos, la plaza exterior de la "fortaleza" se ha convertido en un estacionamiento y cerca de quinientos invitados han atravesado los muros para esperar la gran aparición de los recién casados y celebrar junto a ellos un tradicional picnic al estilo monegasco.

En esta ocasión, no se esperaba la presencia de miembros de otras casas reales, solo los que están dentro de la familia como el príncipe Antonius von Fürstenberg -marido de Matilde Borromeo- o los hijos de Ernest de Hannover, los príncipes Ernest y Christian, este último acompañado por su novia, Alessandra de Osma que ha elegido un vestido plisado bordado de cintas multicolores de Dior acompañado de un pequeño clutch Diorama y joyas de la firma española Suárez.

Originales, atípicos, cosmopolitas y, sobre todo, muy orgullosos de sus raíces, los novios han sugerido a sus invitados que podían vestir con trajes regionales o elegir outfits que recordaran a vestimentas tradicionales. Predicando con el ejemplo, Pierre se ha vestido como un caballero de la Camarga francesa, lugar en el que desemboca el río Ródano, zona de ganadería y de cultivos de arroz. Y es que si algo buscaban los novios es que esta celebración les recordara a su infancia, así que el novio ha revivido sus años en La Provenza, lugar en el que la princesa Carolina se refugió con sus tres hijos tras la trágica muerte de Stefano Casiraghi en 1990.

Para el mediodía, las cocinas del palacio funcionaban a pleno, y en los jardines estaba todo preparado para el multitudinario cavagnëtu, palabra monegasca que designa a la tradicional cesta de picnic y se utiliza para referirse a estos informales encuentros en el jardín típicos de Mónaco y de La Provenza. Mesas largas para el buffet y algunas redondas con sillas para que los invitados pudieran tomar asiento de modo informal salpicaban el jardín que rodea a la piscina.

El príncipe Alberto, que siempre ha guardado una excelente relación y ha sido un gran apoyo para sus sobrinos, ha sido quien ha abierto el turno de brindis para dar la bienvenida a los invitados y también para desearle todo lo mejor a la nueva pareja.

Siguiendo ese espíritu tradicional y campestre los invitados han encontrado algunas sorpresas ocultas en los jardines: un espacio destinado al tradicional juego de petanca y otro con un Mât de Cocagne, un juego que consiste en trepar por un mástil para tomar un premio que se encuentra atado al otro extremo.

En el mismo jardín que Raniero y Grace posaron por primera vez juntos dando inicio a un amor de leyenda, Pierre y Beatrice han dado sus primeros pasos de su nueva vida. Un amor que comenzó hace siete años en la Universidad Luigi Bocconi de Milán y que supone para el hijo de la princesa Carolina una vuelta a sus raíces italianas.

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